Soltaron 28 burros en el desierto y 40 años después el paisaje ya no es el mismo: el hallazgo que sorprendió a los científicos
Un grupo de burros salvajes fue liberado en el desierto del Néguev hace más de cuatro décadas y el resultado cambió el paisaje para siempre. Lo que descubrieron los científicos sobre su impacto en el ecosistema no tiene precedentes.
En 1982 liberaron 28 burros salvajes asiáticos en el cráter Ramón, en el desierto del Néguev, y cuatro décadas más tarde no solo sobrevivieron: transformaron el ecosistema y se convirtieron en pieza clave para otras especies. El proyecto buscaba recuperar un animal que había desaparecido de la zona, pero el resultado fue mucho más profundo de lo que se esperaba.
La historia de estos asnos (Equus hemionus) muestra cómo ciertos animales pueden funcionar como verdaderos ingenieros del ambiente. Al buscar comida y agua, remueven el suelo, dispersan semillas y generan recursos que después aprovechan otros habitantes del desierto.
El regreso de una especie que se había perdido
Durante el siglo XX, el asno salvaje asiático desapareció de varias regiones de Oriente Próximo, incluido el Néguev, sobre todo por la caza y la transformación de su hábitat. En 1982, después de años de trabajo en programas de conservación, se inició la reintroducción en el área de Makhtesh Ramón.
El proyecto funcionó: los animales empezaron a reproducirse y la población creció de manera sostenida, expandiéndose hacia otras zonas áridas del Néguev. Pero el cambio más importante se dio en el funcionamiento del ecosistema, donde estos herbívoros comenzaron a cumplir un rol central.
Cómo los burros cambiaron el ambiente y ayudaron a otras especies
Una de las capacidades más llamativas de los asnos salvajes es su habilidad para encontrar agua en terrenos extremadamente secos. Cuando las fuentes superficiales escasean, usan sus cascos para excavar en los cauces arenosos y llegar a reservas subterráneas. Esos pozos improvisados se convierten en puntos de agua que aprovechan gacelas, zorros, aves y pequeños mamíferos, especialmente en épocas de sequía.
Además, al remover el suelo, los burros ayudan a que la humedad se conserve por más tiempo después de las lluvias. En un ambiente tan árido, cada pequeña reserva de agua puede ser la diferencia entre sobrevivir o no para muchas especies.
Por eso los científicos los consideran ingenieros del ecosistema: animales capaces de modificar físicamente su entorno y crear recursos que luego otros organismos aprovechan.
Semillas que viajan y vegetación que cambia
La dieta de los asnos también influye en la vegetación del desierto. Entre las plantas más importantes del Néguev están las acacias, cuyos frutos y vainas alimentan a varios herbívoros. Cuando los burros comen esos frutos y se desplazan, transportan semillas a grandes distancias, que después expulsan junto con las heces, aportando materia orgánica y facilitando su germinación si hay humedad suficiente.
Este proceso no convierte el desierto en un bosque, pero sí ayuda a modificar la distribución de ciertas plantas y a mantener procesos ecológicos clave. Investigaciones en el cráter Ramón demostraron que el impacto de los asnos sobre la vegetación depende de las condiciones del ecosistema y no puede resumirse simplemente como una “reforestación”.
Un paisaje distinto después de cuatro décadas
Hoy, más de 40 años después de la reintroducción, la población de asnos salvajes en el Néguev supera los 300 ejemplares según estimaciones recientes, aunque las cifras varían según el área y el método de seguimiento. Los animales se expandieron desde las zonas iniciales hacia otras áreas y dejaron una huella visible: excavan para conseguir agua, consumen vegetación, transportan semillas y generan recursos para otras especies.
El caso del cráter Ramón demuestra que recuperar una especie puede restaurar funciones ecológicas perdidas, más allá de aumentar su número. Los asnos salvajes del Néguev son hoy un ejemplo de cómo un animal puede convertirse, casi sin proponérselo, en protagonista de la recuperación de su propio ecosistema.