Stellantis puso en duda el futuro de sus dos fábricas argentinas: la advertencia que golpea a Córdoba
Stellantis acaba de invertir US$ 385 millones en su planta de Córdoba y ahora su máximo jefe para Sudamérica admitió que evalúa cerrar una o las dos fábricas argentinas. La frase exacta que encendió todas las alarmas.
El máximo responsable de Stellantis para Sudamérica reconoció que la compañía evalúa todos los escenarios posibles para sus plantas en Argentina, incluida la posibilidad de cerrar una o las dos. La definición encendió las alarmas en Córdoba, donde la automotriz acaba de invertir millones para reconvertir la fábrica de Ferreyra.
Herlander Zola, presidente de Stellantis para la región, fue quien puso el tema sobre la mesa en declaraciones a medios brasileños. Consultado sobre el futuro de las operaciones argentinas, el ejecutivo no esquivó ninguna alternativa.
“Dependiendo del mercado, de las reglas y de la competitividad de los productos, podemos trasladar la producción de una a otra, mantener las dos, cerrar una y mantener la otra o cerrar ambas. Todo puede pasar”, afirmó Zola.
La frase no equivale a un anuncio de cierre. Pero sí instala un manto de incertidumbre sobre los dos complejos industriales que la compañía tiene en el país, y muy especialmente sobre el de Ferreyra, en Córdoba, que atraviesa una etapa de transformación tras una inversión millonaria.
Una inversión de US$ 385 millones que quedó en suspenso
La preocupación en Córdoba tiene fundamento. Stellantis había anunciado una inversión de US$ 385 millones para convertir la planta de Ferreyra en un polo de producción de pickups.
Ese proyecto incluyó la fabricación de la Fiat Titano y la RAM Dakota, y contempla además la producción local del motor turbodiésel Multijet 2.2, cuyo inicio está previsto para enero de 2027. Según lo que la empresa comunicó en su momento, el plan también apuntaba a generar 1.800 puestos de trabajo y a orientar buena parte de la producción hacia la exportación.
Con ese antecedente, las declaraciones de Zola caen como un balde de agua fría sobre una planta que hace pocos meses fue presentada como una pieza clave de la estrategia regional de Stellantis.
Dos plantas, 5.000 trabajadores y un escenario abierto
Stellantis opera en Argentina dos establecimientos: Ferreyra, en Córdoba, y El Palomar, en la provincia de Buenos Aires. Entre ambos complejos trabajan alrededor de 5.000 personas.
El Palomar ya había sufrido un recorte: la compañía redujo su nivel de producción y pasó de dos turnos a uno, en un contexto de menor participación de Peugeot en el mercado argentino. En Córdoba, en tanto, Stellantis había bajado el ritmo de fabricación de las pickups para adecuarlo a la demanda del mercado brasileño.
Zola atribuyó parte de las dificultades a la pérdida de competitividad de la producción argentina frente a los vehículos importados. Según su diagnóstico, el costo laboral en Argentina duplica al de Brasil y también existen problemas vinculados con el entramado local de proveedores.
El avance de los autos de origen chino también aparece entre los factores que mencionó el ejecutivo, aunque aclaró que la presión competitiva no viene solo de China: según su análisis, los vehículos fabricados en Brasil comenzaron a ingresar al mercado argentino con una estructura de costos más favorable.
Brasil, la variable que puede definir todo
La eventual decisión sobre las plantas argentinas no dependerá únicamente de lo que ocurra en el país. Zola explicó que Stellantis toma sus decisiones industriales con una mirada regional y que Brasil concentra el 65% del volumen automotor de Sudamérica, según sus propias declaraciones.
Por eso, la evolución de ese mercado será otro de los elementos que la empresa deberá sopesar antes de adoptar cualquier definición de largo plazo.
Por ahora, no hay ningún anuncio de cierre de la planta de Ferreyra. Lo que existe es una advertencia pública de la conducción regional de Stellantis sobre las alternativas que evalúa para sus operaciones argentinas.
Para Córdoba, donde la automotriz acaba de atravesar una fuerte etapa de inversión y ampliación de su capacidad industrial, la declaración instala una preocupación que excede al sector automotor y deja abierto el interrogante sobre el futuro productivo y laboral de la planta.