Su mente no para: el mecanismo oculto que activa la ansiedad sin que te des cuenta
La psicóloga Marina Mammoliti explica cómo la ansiedad, un mecanismo de alerta natural, puede desregularse y afectar la vida cotidiana, y propone hábitos para convivir con ella.
La ansiedad no es un problema en sí, sino un dispositivo de alarma natural que puede desregularse. La psicóloga Marina Mammoliti explica en su libro Frená tu cabeza cómo este sistema ancestral, que ayudó a sobrevivir, hoy se activa ante amenazas psicológicas y simbólicas.
¿Cómo se manifiesta la ansiedad?
La ansiedad es un mecanismo de alerta que, según Mammoliti, “en algún momento se desreguló y no se detuvo”. La especialista compara el proceso con una “alarma rota” que suena sin que haya fuego. “El cerebro está haciendo lo que aprendió a hacer: detectar peligro”, afirma.
Los síntomas incluyen ataques de pánico, enfermedades cardiovasculares y alteraciones del sueño. Pero la ansiedad no siempre se manifiesta con ataques: “Hay días en los que no podemos ‘apagar la cabeza’, no paramos de pensar escenarios negativos, estamos apurados todo el tiempo, no descansamos y recordamos mentalmente conversaciones o situaciones una y otra vez”, ejemplifica Mammoliti.

Cuando la ansiedad deja de ser útil
Mammoliti señala que la ansiedad en dosis equilibrada puede ser funcional. “Pensar mucho no siempre es patológico; hay personas reflexivas, creativas o hasta analíticas. El asunto es cuando pensar no te ayuda a vivir mejor”, explica. Si la alarma se activa con demasiada intensidad y frecuencia, “deja de proteger la mente y pasa a desgastarla”.
La especialista determina que si una vez al año se experimenta un monto elevado de ansiedad ante una situación que lo amerita, no es grave. El problema aparece cuando la intensidad se repite constantemente frente a situaciones intrascendentes.

Pensar, preocuparse y rumiar
Mammoliti detalla los mecanismos mentales: pensar (funcional), preocuparse (anticiparse a un problema) y rumiar (quedar atrapado en un mismo pensamiento sin conclusión). “La mayoría de las personas que dicen ‘pienso demasiado’ en realidad no están pensando, sino rumiando. No necesitan más análisis, sino salir de ese ciclo repetitivo”, afirma.
“La rumia es lo que más alimenta la ansiedad porque no produce paz ni decisión, sino cansancio mental”, agrega. Ejemplos cotidianos incluyen releer un mail diez veces o repasar conversaciones viejas imaginando qué se debería haber dicho.
¿Se cura o se aprende a convivir?
“La ansiedad no se elimina, es parte del sistema de protección humano. La clave es cambiar cómo nos relacionamos con ella”, plantea Mammoliti. La evitación es el principal factor que mantiene la ansiedad: cada vez que se evita algo, el cerebro confirma que es peligroso. “Intentar suprimir un pensamiento lo mantiene activo”, explica.
Como solución, la especialista propone entrenar hábitos: buen descanso, movimiento y exposición gradual a lo que genera ansiedad. “No es una cura instantánea, sino una práctica diaria”. Comprender que la ansiedad es una señal del sistema nervioso, y no una amenaza, es el primer paso para regularla.
