Su pierna se pudría en la calle y nadie lo asistía: la desesperación de un salteño que conmovió a Tartagal
¿Qué llevó a un hombre a agonizar en una esquina de Tartagal con una herida en descomposición mientras los vecinos miraban? La historia de Lázaro Isaías Méndez, que conmovió a toda una ciudad, tiene un final que no te esperás.
Lázaro Isaías Méndez pasó días a la intemperie en el centro de Tartagal con una herida en descomposición que le impedía caminar. Vecinos alarmados lograron que una ambulancia lo trasladara de urgencia al Hospital Juan Domingo Perón, donde comenzó a recibir las primeras curaciones para salvar su pierna y su vida.
La historia de Lázaro, un hombre en situación de calle consumido por el alcoholismo y el abandono, sacudió al norte salteño. Según publicó Ciudad Online, sobrevivía a metros de la Municipalidad de Tartagal, en la intersección de Belgrano y San Martín, una esquina que ya fue testigo de la muerte de otras personas en su misma condición.
Una herida que se pudrió sin asistencia
En los últimos días, su cuadro se volvió insostenible. A las dificultades crónicas para moverse se le sumó una lesión en una de sus piernas que, maltratada y desatendida, entró en un avanzado proceso de descomposición. El olor nauseabundo y la presencia de gusanos y moscas hacían casi imposible acercarse sin notar la gravedad de la situación.
Cuando los vecinos lograron dialogar con él antes de la llegada de la asistencia, el relato fue desgarrador. Lázaro contó que está completamente solo, que su familia le dio la espalda y que compartía sus días con aquellos amigos que ya murieron en el pavimento. Entre lágrimas de dolor físico y angustia emocional, invocó a Dios y dejó una frase que estremece: "No quiero terminar así".
El operativo de rescate y una luz de esperanza
Ante la viralización del caso y la desesperación de quienes transitaban por la zona, la reacción ciudadana rompió el cerco de la indiferencia. Vecinos autoconvocados realizaron llamados de urgencia al sistema de salud y, con el apoyo preventivo de la Policía local, una ambulancia se hizo presente en el lugar.
Con asistencia médica y siempre aferrado a la fe, Lázaro accedió a subir de manera voluntaria al vehículo sanitario para ser trasladado de urgencia al Hospital Juan Domingo Perón, donde comenzó a recibir las primeras curaciones indispensables para salvar su pierna y su vida.
En paralelo, referentes de un centro de rehabilitación de una iglesia evangélica —un espacio que él ya conocía pero que había abandonado— se acercaron para ofrecerle contención y un lugar donde intentar salir adelante de este oscuro capítulo marcado por el abandono y la desolación.