Su plan era jubilarse tranquila, pero hoy recibe visitas en su chacra y les prepara la merienda

Dejó la ciudad para vivir tranquila y terminó abriendo las puertas de su chacra a desconocidos. Hoy los recibe con animales, monte y una merienda que prepara con sus propias manos. Lo que no imaginó es que esa decisión la iba a volver a conectar con su infancia.

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Su plan era jubilarse tranquila, pero hoy recibe visitas en su chacra y les prepara la merienda
Su plan era jubilarse tranquila, pero hoy recibe visitas en su chacra y les prepara la merienda

Nilda Josefina García era docente y soñaba con una jubilación tranquila en Posadas. Hoy vive en su chacra en Cerro Corá, donde recibe visitantes que quieren conocer la vida en el campo. Entre animales, hornos y bandejas de masas, esta mujer encontró una nueva forma de sostener su proyecto rural.

Cuando decidió instalarse en la chacra que había comprado con su marido, no imaginaba que se convertiría en anfitriona de turistas. Buscaba “una vida tranquila, más sana, diferente al ajetreo citadino”, contó a Primera Edición, que viajó hasta allí para conocer su historia.

La llegada definitiva al campo se produjo después de quedar viuda, cuando sus hijos ya habían hecho su vida. Nilda siempre disfrutó de la naturaleza y de los espacios tranquilos de la chacrita en Cerro Corá, pero la idea de vivir allí no estaba en sus planes. “No era mi proyecto de vida, yo pensé que iba a permanecer en Posadas, en la ciudad, jamás me imaginé que terminaría en una chacra o en una granja”, reconoció entre risas.

La Josefina, un nombre que se transformó

Al recorrer los 300 metros desde la tranquera hasta la casa principal, el paisaje de sierra y monte se vuelve un escenario de calma. Allí, un cartel anuncia “La Josefina”, un nombre que Nilda confesó haber detestado en su infancia. “Yo lo detestaba”, admitió, pero con el tiempo lo aceptó y hoy bautiza a su chacra con orgullo.

Su historia con el campo viene de lejos. Sus abuelos maternos tenían una chacra en Colonia Almafuerte y los paternos, un campo en Cerro Corá, cerca del límite con Santa Ana. “Los mejores recuerdos que tengo de mi vida fueron en la chacra, con mis abuelos”, contó.

El turismo rural como salvación

El proyecto turístico no fue planeado: apareció como una necesidad económica. “El proyecto turístico apareció después que me mudé, casi como una consecuencia de esa nueva vida y de la necesidad de encontrar recursos que me permitieran sostener la hacienda”, explicó. Mantener una chacra con animales requiere tiempo y dinero, y Nilda no se dedica a la producción ovina como sus vecinos.

Con el acompañamiento del INTA, organizaciones de la Cuenca Ovino Caprina y la Dirección de Turismo de Cerro Corá, comenzó a ofrecer propuestas de turismo rural. “Porque yo amo estos animalitos; algo más tenía que hacer para garantizar su salud y alimentación”, dijo.

La respuesta superó sus expectativas. “La gente quiere ver cómo es vivir en el campo”, afirmó con una sonrisa. Y cuando llegan, ella se encarga de que así sea: los visitantes ayudan a dar de comer a conejos, gallinas, patos, cerdos y chivos, y al caer la tarde llegan las bandejas con mate cocido quemado, chipitas y masas finas.

Una propuesta que se fue moldeando

Al principio, “La Josefina” ofrecía almuerzos completos con entrada, plato principal, postre y merienda. Pero sostener esa modalidad era demasiado para una sola persona. Por eso, decidió concentrarse en las meriendas rurales.

Las visitas se realizan con reserva previa a través de las redes sociales de la chacra (ig chacra_lajosefina) o al teléfono 3764 57-3507. En invierno, las actividades arrancan alrededor de las 14 o 14.30. El recorrido empieza por los animales: primero los conejos, que atraen especialmente a los más chicos; luego las aves, como gansos y gallinas de distintas razas; y también las cabras. En esta época, las ovejas son una atracción particular porque es temporada de nacimientos y los visitantes pueden tener contacto con los ejemplares más pequeños.

Para Nilda, la propuesta va más allá de mirar animales. “Una parte del atractivo está en conocer la vida cotidiana en Cerro Corá. A los visitantes les llamaba la atención verme en esta casita, y quieren conocer cómo había armado mi espacio y escuchar las historias detrás de esta elección. Ese intercambio terminó convirtiéndose en una parte central de la propuesta”, aseguró.

 

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