Subió 5.500 metros del Kilimanjaro y a 300 de la cima tomó una decisión que lo cambió todo

Mara Barrionuevo entrenó meses para llegar a la cumbre del Kilimanjaro. A 300 metros de la cima, su cuerpo le mandó una señal y ella tomó una decisión que muy pocos se animan a tomar.

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Subió 5.500 metros del Kilimanjaro y a 300 de la cima tomó una decisión que lo cambió todo
Subió 5.500 metros del Kilimanjaro y a 300 de la cima tomó una decisión que lo cambió todo

La catamarqueña Mara Barrionuevo, psicóloga de 57 años, volvió a Catamarca después de enfrentar uno de los desafíos más duros que existen: la ruta Machame del Kilimanjaro, la montaña más alta de África, en el noreste de Tanzania. Fueron siete jornadas, más de 60 kilómetros y meses de preparación para un objetivo que finalmente no completó, pero que le dejó una lección que, asegura, vale más que cualquier cumbre.

La expedición no fue un paseo. El recorrido incluyó tramos de hasta 45 grados de pendiente, jornadas de aproximadamente 12 horas de esfuerzo físico, temperaturas bajo cero y un ambiente donde el oxígeno es muy distinto al de Catamarca. Nada de eso se improvisa: Barrionuevo entrenó y planificó durante meses antes de subirse al avión.

El momento en que el cuerpo dijo basta

El tramo decisivo llegó durante el intento de cumbre, a 5.895 metros sobre el nivel del mar. Cuando estaba a unos 300 o 400 metros de la cima, su organismo empezó a mostrar signos compatibles con mal agudo de montaña. Lejos de forzar el paso, tomó una determinación que muchos no habrían tomado: frenar el ascenso.

"Muchos creen que el valor es seguir siempre adelante. Pero en la montaña aprendí que también es valentía poner la vida por delante del logro. Lo hice con la conciencia de todo lo que había invertido en este sueño, y también con la claridad de que ningún objetivo vale más que mi seguridad", contó.

La dimensión de esa decisión se agrandó cuando supo que ese mismo día un montañista falleció durante un intento de cumbre. El dato terminó de confirmarle que respetar los límites del propio cuerpo y las condiciones de la montaña no es rendirse: es la única forma de volver.

La cima también puede ser saber cuándo detenerse

En los deportes de altura, la respuesta del organismo a la falta de oxígeno y a los cambios de presión varía de una persona a otra. Por eso, reconocer los propios límites es una parte central de la seguridad durante cualquier expedición.

"No siempre llegar sí o sí es el éxito", sostiene la psicóloga, que trasladó lo aprendido en la montaña a su profesión y a su vida cotidiana.

"En la montaña, como en la profesión como psicóloga y en la vida, nos enfrentamos a metas que nos exigen mucho. Pero el verdadero éxito es saber distinguir entre lo que nos hace crecer y lo que nos pone en riesgo", reflexionó.

A pesar de no haber alcanzado la cumbre, Barrionuevo completó todo el recorrido por sus propios medios, sin asistencia externa, y regresó con una enseñanza que considera más valiosa que los 5.895 metros.

"Volví entera, con todo el camino recorrido por mis propios medios, con 57 años, y con una lección que llevaré siempre: la cima se puede buscar otra vez, pero la oportunidad de estar con quienes amamos no tiene reemplazo".

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