Un sueño que tardó un siglo, y se le hizo realidad a una Abuela Tucumana de Abrazar a Di María

Elsa Guzmán lo dijo una y otra vez: “Siempre supe que te iba a conocer”. Ayer, en un instante que se guardará para siempre, esa fe inquebrantable se hizo realidad. A sus 100 años, esta abuela tucumana se encontró cara a cara con uno de sus grandes ídolos: Ángel Di María. Según consigna La Gaceta, […]

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Un sueño que tardó un siglo, y se le hizo realidad a una Abuela Tucumana de Abrazar a Di María

Elsa Guzmán lo dijo una y otra vez: “Siempre supe que te iba a conocer”. Ayer, en un instante que se guardará para siempre, esa fe inquebrantable se hizo realidad. A sus 100 años, esta abuela tucumana se encontró cara a cara con uno de sus grandes ídolos: Ángel Di María.

Según consigna La Gaceta, el Fideo se acercó a ella con la calidez de siempre. Elsa, vestida como una reina para la ocasión, lo esperaba emocionada. Con los ojos llenos de lágrimas, lo abrazó fuerte y le confesó: “Te quiero con toda el alma”.

La escena fue tan emotiva que hasta Fatura Broun, el capitán de Rosario Central, se emocionó. “Eh, no me hagan presenciar estas cosas, porque me emociono”, soltó el arquero, conmovido por el momento.

Di María, con su sonrisa sincera, no paraba de escucharla y de agradecerle. Elsa, la misma que hace unos meses se hizo viral con su video, selló el encuentro con una bendición: “Que Dios te acompañe toda la vida”.

Fue un instante cortito, pero gigante. Una prueba más de que el fútbol no es solo un juego, es una pasión que cruza generaciones y que regala momentos inolvidables.

La historia de una pasión sin edad

Elsa, nacida en Concepción, Tucumán, se enamoró de Di María gracias a la Selección. Durante años, vio en él a ese ladero incondicional de Messi que nunca bajó los brazos.

“¡Miralo, ahí está! Ese es Di María”, decía entusiasmada cada vez que lo veía por la tele. Y si no jugaba, protestaba. Su fanatismo, genuino y puro, se transformó en un objetivo: conocerlo.

Cuando supo que Rosario Central se alojaría en un hotel de Tucumán por el partido contra Atlético, Elsa no dudó. Con sus 100 años, su andador y una fe inquebrantable, se plantó en la puerta del hotel junto a su hija y su nieta. La misión era casi imposible, pero la esperanza de la abuela pudo más que cualquier protocolo.

Cuando los sueños no tienen edad

Para Di María, acostumbrado a ovaciones y títulos, no fue un saludo más. Para Elsa, fue la prueba de que los deseos pueden tardar un siglo en cumplirse, pero si son de corazón, siempre llegan.

Su historia nos recuerda que el fútbol, en su esencia más pura, sigue siendo un vehículo de emociones. Que existen hinchas que no piden un autógrafo para venderlo, sino un abrazo para guardarlo en el alma.

Elsa volvió a su casa con una sonrisa que la hizo rejuvenecer. Tal vez ya no pueda correr, pero lo que sí puede, es seguir soñando. Porque como demostró, incluso después de soplar 100 velitas, todavía hay deseos que esperan cumplirse.

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