Sus alumnos le guardaban un secreto y lo soltaron justo cuando salía de la iglesia
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Sus alumnos le guardaban un secreto y lo soltaron justo cuando salía de la iglesia

Salía de la iglesia con su marido cuando se topó con sus alumnos de segundo grado sosteniendo flores. Nadie del colegio le había contado nada y la escena la descolocó por completo.

Micaela Seguezzo tiene 27 años y es maestra de segundo grado en la Escuela El Buen Samaritano, en Rosario. El día de su casamiento, cuando salió de la iglesia junto a Ignacio Sartori, su marido, se encontró con un pasillo de flores que sus alumnos habían armado sin que ella sospechara nada.

La sorpresa no fue casualidad. La organizaron en secreto Ignacio, Ayelén —compañera y mejor amiga de la docente— y Victoria, la directora de la escuela. Las familias de los chicos también se sumaron y sostuvieron la confidencia, incluso delante de los más pequeños.

En diálogo con TN, Micaela repasó cómo vivió ese instante y por qué lo tomó como algo más que un regalo: lo sintió como una muestra de afecto que la hizo sentir acompañada y valorada en su trabajo.

Un amor que nació entre aulas

La pareja se conoció mientras ambos trabajaban como docentes en Ibarlucea, un pueblo de Santa Fe. La relación fue creciendo con el tiempo y la propuesta de casamiento llegó en uno de los cumpleaños de ella, durante una reunión íntima con familiares.

Cuando habla de su marido, Micaela resalta su compañerismo y su sensibilidad. “Lo que más me gusta de Ignacio es su manera de ser, es muy empático y dulce, muy compañero”, cuenta. Él, por su lado, destaca de ella la sencillez, el sentido del humor y la dedicación que pone todos los días en su trabajo con los chicos.

Hoy Ignacio es coordinador del área de Deportes de la comuna de Ibarlucea, y Micaela sigue como maestra de primaria en la Escuela El Buen Samaritano, la misma institución donde estudió Di María.

La docente acompaña a ese grupo desde primer grado y este año continúa con ellos en segundo. “Actualmente, mis alumnos están en segundo grado conmigo, pero también los tuve en primero. Se generó un vínculo muy cercano con los chicos, más que nada porque son muy pequeños”, explica.

El sí en un lugar cargado de recuerdos

Micaela e Ignacio se casaron en la iglesia San Ramón Nonato, en Rosario, un sitio que para ella tiene un valor especial: allí cursó jardín, primaria y secundaria. Al salir de la ceremonia, la esperaba algo que no había imaginado. Sus alumnos la aguardaban con flores en la mano y le armaban un pasillo para felicitarla. “Fue toda una sorpresa, no me lo esperaba para nada”, admite.

El momento también los tomó por sorpresa a los chicos, que hasta entonces no sabían nada del casamiento. Algunos se emocionaron hasta las lágrimas y otros se quedaron quietos, asombrados al ver a su seño vestida de novia. Micaela intentaba acercarse y saludarlos, pero ninguno se animaba a abrazarla como hacen habitualmente en la escuela. Con el correr de las horas, ella supone que las familias les habían pedido que no la tocaran para no ensuciarle el vestido.

“Cuando salí los vi y se me llenó el corazón de felicidad. Fue como un mimo que me dieron las familias, diciéndome, de alguna manera, gracias por todo lo que hago día a día por sus pequeños”, recuerda.

Enseñar es también sostener

Para Micaela, la docencia excede la tarea de enseñar a leer, a escribir o a resolver una cuenta. También implica estar atenta a cómo llega cada chico a la escuela, acompañarlo y darle un espacio de contención cuando lo necesita. Por eso interpretó el gesto de las familias como un reconocimiento a ese trabajo de todos los días.

“Yo siempre digo que la docencia se trata de eso, de muchas veces sostenerlos y acompañarlos, además de enseñar. No queda simplemente en la enseñanza de un contenido, sino en sostener emocionalmente todos los días a ese niño con el que te encontrás”, reflexiona.

En esa línea, se refirió también al presente de la profesión en la Argentina y a la necesidad de que los docentes tengan más reconocimiento y protección. “Detrás de una docente que lo da todo por una escuela, siempre hay una familia, hay una mujer que es mamá, que es hija y que necesita que también la cuiden a ella”, expresa.

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