Taiwán superó los 500.000 trabajadores mayores de 65 años: la señal que Argentina no puede ignorar

Taiwán duplicó en una década la cantidad de trabajadores mayores de 65 años. ¿Qué nos dice esto sobre el futuro del trabajo en Argentina?

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Taiwán superó los 500.000 trabajadores mayores de 65 años: la señal que Argentina no puede ignorar
Taiwán superó los 500.000 trabajadores mayores de 65 años: la señal que Argentina no puede ignorar

Mientras la Argentina ve caer su tasa de natalidad casi un 47% desde 2014, Taiwán ya vive una realidad que muchos prefieren no mirar: más de 500.000 personas de 65 años o más están trabajando activamente, una cifra que se duplicó en apenas una década.

El dato, confirmado en marzo por la Dirección General de Presupuesto, Contabilidad y Estadística de Taiwán, no es una simple curiosidad estadística. Es la fotografía más clara de lo que ocurre cuando la baja natalidad y el aumento de la esperanza de vida se cruzan en el mercado laboral.

¿Qué pasó en Taiwán?

En 2015, había 250.000 trabajadores mayores de 65 años en Taiwán. Diez años después, esa cifra se duplicó hasta superar el medio millón. No es casualidad: el país asiático tiene la tasa de fertilidad más baja del mundo, con 0,72 hijos por mujer en 2025, y ya es considerada una “sociedad superenvejecida”, con más del 20% de su población por encima de los 65 años.

La transición de sociedad envejecida a superenvejecida le tomó a Taiwán apenas siete años. Para ponerlo en perspectiva, a Italia le llevó 19 años y a Alemania, 36.

El fenómeno no es un caso aislado. Es una versión avanzada de lo que la Argentina ya empezó a atravesar, con una caída del 47% en la natalidad desde 2014 y cada vez menos jóvenes ingresando al mercado laboral.

El dilema de los trabajadores mayores

La cuestión no es que los mayores de 65 años trabajen. La verdadera pregunta es si las organizaciones, las políticas públicas y los sistemas están preparados para una realidad donde cada vez más personas querrán —o necesitarán— seguir trabajando más tiempo.

En Taiwán, más del 80% de los trabajadores de mediana y avanzada edad manifiestan su intención de continuar trabajando después de los 60 años, tanto por razones económicas como por propósito personal. Sin embargo, muchas empresas siguen mostrando resistencia a contratarlos.

Las plataformas de empleo reportan un crecimiento significativo en las postulaciones de trabajadores mayores, mientras que la demanda empresarial no acompaña ese ritmo. El resultado es paradójico: economías con escasez de talento que desaprovechan experiencia, conocimiento y capacidad productiva.

¿Qué deberíamos hacer ahora?

La lección más importante de Taiwán no tiene que ver con los mayores de 65 años, sino con el largo plazo. El cambio demográfico es una transformación que ocurre durante décadas, pero la mayoría de nuestras decisiones siguen atrapadas en horizontes cada vez más cortos. Las personas viven absorbidas por las urgencias cotidianas, las empresas gestionan por índices trimestrales y los gobiernos operan condicionados por ciclos electorales.

Mientras tanto, la estructura demográfica sigue cambiando. Y no espera.

Para las empresas, es urgente eliminar sesgos etarios en los procesos de selección, diseñar roles más flexibles y multietapa, impulsar programas de mentoría intergeneracional y adaptar beneficios a carreras más largas.

Los gobiernos deberían actualizar marcos regulatorios que desincentivan la contratación de trabajadores mayores, incentivar la recapacitación laboral a lo largo de toda la vida, rediseñar sistemas previsionales pensados para realidades demográficas que ya no existen e invertir en infraestructura de cuidados.

Las personas, por su parte, deberían planificar trayectorias laborales de cincuenta o más años, actualizar habilidades de manera continua, diversificar fuentes de ingresos, construir un portafolio social sólido y entender la jubilación como una transición, no como un punto final.

El verdadero objetivo no debería ser que las personas trabajen más años por necesidad, sino que puedan elegir hacerlo desde la autonomía, la salud y el propósito. La pregunta es si vamos a aprovechar el tiempo que todavía tenemos para prepararnos o si esperaremos a que la realidad nos obligue a reaccionar.

(*) Andrea Falcone es fundadora y directora ejecutiva de The Shift, una plataforma dedicada a ayudar a organizaciones, gobiernos y líderes a prepararse para el cambio demográfico. Impulsa iniciativas sobre longevidad, futuro del trabajo y adaptación demográfica en América Latina, incluyendo The Shift Forum y programas ejecutivos desarrollados junto a universidades de la región.

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