Té misionero: el primer producto agroecológico certificado del país nació en Oberá
Un productor misionero revoluciona la industria del té con un enfoque agroecológico. ¿Cómo logró la primera certificación del país y qué significa para el futuro de las chacras?
En Colonia Guaraní, departamento de Oberá, un ingeniero agrónomo encontró en la elaboración artesanal y la agroecología una alternativa frente a las dificultades que desde hace años atraviesan los productores primarios de té en Misiones. Iván Sand, al frente de Alma Annette, logró que su té se convierta en el primero del país con certificación agroecológica.
Sand, hijo del dirigente agrario Hugo Sand, decidió abandonar el circuito tradicional tras la pérdida de rentabilidad que enfrenta el productor que entrega su materia prima a la industria. “Claramente porque los valores que paga la industria están por debajo de los costos, no hay un margen de rentabilidad y esto se traduce en una descapitalización progresiva de las chacras”, explicó.
¿Qué es Alma Annette?
El emprendimiento funciona sobre una chacra diversificada de 25 hectáreas. “Estamos ubicados en Colonia Guaraní, en el departamento de Oberá. Y nosotros acá tenemos 5 hectáreas de yerba, 3 hectáreas de té, apicultura, ganadería menor como ovejas y otros animales de corral, y monte. También, algunos cultivos anuales para consumo propio y para la nutrición animal”, contó Sand en diálogo con Bichos de Campo.
Alma Annette dejó de entregar té a las industrias y recuperó métodos tradicionales. “El té se exporta prácticamente en su totalidad a valor dólar, mientras que a nosotros nos pagan en pesos y por debajo de los costos productivos. Ya no tenemos nada que ver con la industria y empezamos a volver hacia atrás cuando el té se cosechaba a mano y se elaboraba de forma artesanal”, dijo.
¿Por qué la agroecología?
“Elegimos la agroecología porque creo que es el sistema que mejor se adapta a nuestras condiciones de trabajo”, afirmó. Sand sostiene que el modelo debe integrar además aspectos económicos, sociales y ambientales. “La agroecología lo que busca es un precio justo para el productor, también para el consumidor. Es una sustentabilidad social generar mano de obra, no expulsar a los obreros de las chacras, incorporarlos, y una sustentabilidad ambiental, que es el cuidado del medio ambiente”.
En sus plantaciones buscan evitar el monocultivo mediante la incorporación de árboles, frutales y maní forrajero entre las plantas de té. “Tratamos de que la chacra misionera sea una extensión inteligente del monte. Es decir, volver al monte”, resumió.
¿Cómo se obtuvo la certificación?
El reconocimiento se obtuvo mediante el Sistema Único de Certificación Participativa (SUCP) establecido por la legislación provincial. Alma Annette integra el grupo Oberá Agroecológica junto con otras cinco chacras. “Una vez por mes nos reunimos y, una vez por año, nos vienen a certificar”, explicó. Las auditorías incluyen informes sobre las tareas desarrolladas y la presentación del plan de manejo para el período siguiente.
El establecimiento trabaja principalmente con té blanco y negro mediante cosecha manual. “Todo lo que nosotros hacemos es cosecha manual, con un protocolo de cosecha de brote y una hoja, y brote de 2 hojas”, detalló. También experimentan con té verde, azul (oolong), amarillo y variedades postfermentadas. Sus productos, comercializados en hebras y distintas presentaciones de té prensado, ya llegan a varias provincias argentinas.
El trabajo obtuvo además reconocimientos en la Competencia de Té Artesanal de Sudamérica y, en 2025, Sand fue distinguido por la CAME y la Confederación Económica de Misiones (CEM) en la categoría Impacto Social o Ambiental del concurso Joven Empresario Misionero.
¿Oportunidad para pequeños productores?
Sand considera que el té artesanal puede representar una salida para chacras de menor escala, aunque advierte sobre las dificultades de asumir todo el proceso. “Puede ser una alternativa, una oportunidad. No es fácil cosechar, elaborar, buscar clientes y lograr un té que sea destacado en el mercado”.
De todos modos, entiende que el problema estructural de la actividad continúa siendo el valor de la materia prima. “El productor tiene que cobrar por su producción, el industrial, el secadero le tiene que pagar un precio justo, y ese precio justo tiene que contemplar los costos de producción, más los costos laborales y previsionales de la mano de obra más un margen de rentabilidad”.
Mientras tanto, Alma Annette sigue apostando a la relación directa con los consumidores y recibe en su chacra a integrantes de escuelas de té que participan de experiencias de cosecha, elaboración y degustación. “Más allá del vínculo entre productores y consumidores se generan, en algunos casos, lazos de amistad que se van manteniendo y se van consolidando a través de los años”, concluyó.