Temblaba Panamá, su novio bajaba 60 pisos y ella pensó en su papá operado del corazón
¿Qué fue lo primero que hizo una misionera en Panamá cuando la tierra empezó a moverse y su novio quedó atrapado en una de las torres más altas del país?
Un terremoto de magnitud 7,7 en la escala de Richter sacudió este viernes a Panamá y activó las alertas por posibles olas de tsunami en las costas del país centroamericano y de naciones vecinas. No se reportaron víctimas fatales, pero sí daños en viviendas, cortes de energía y vuelos suspendidos, en medio de una docena de réplicas.
Entre los miles de personas que vivieron el sismo en primera persona hay una misionera: Gisselle Keller, oriunda de Montecarlo, que reside en Panamá desde hace dos años junto a su pareja, Francesco Magri. La joven relató cómo el temblor la sorprendió mientras trabajaba en la zona de Costa del Este.
"La sensación es literalmente como estar en el samba"
Keller estaba dentro de un departamento explicando materiales a un grupo de inversionistas cuando sintió que la mesada se movía. "Sentía como que mi compañera me movía la mesada. Nos miramos feo porque ninguna entendía. Al principio tuve esa sensación de mareo, pero cuando me di cuenta de que no era ella, miré al cliente y la sensación es literalmente como estar en el samba", contó.
Con el sacudón ya en marcha, ella y sus compañeros reaccionaron rápido para poner a salvo al grupo. Pero su primera preocupación fue otra: su pareja trabaja en uno de los edificios más altos de Panamá.
"Lo primero que hice fue llamarle a Fran porque trabaja en uno de los edificios más altos de Panamá. Tenía mucho miedo. Me dijo que estaba intentando bajar por el ascensor, pero justo empezó a temblar todo y salió corriendo por las escaleras", narró.
El mensaje a la familia antes de que se cortaran las comunicaciones
En medio del operativo de seguridad, la montermontelense pensó en su gente en Argentina. Quería avisarles antes de que las noticias encendieran una falsa alarma. "Escribí al grupo que tengo con mi hermana, mi mamá y mi papá: 'Estoy bien, no nos pasó nada. Si ven las noticias acaba de temblar Panamá, pero estamos todos bien'", relató.
La urgencia tenía un motivo de peso: "Mi papá está operado del corazón y no quería que se entere por los medios sin que yo le avise primero para evitarle estrés".
Una ciudad desbordada y un viaje que se multiplicó
Cuando salió a la calle, Keller se encontró con una postal de caos. "Vi a toda la gente afuera. Los bancos y edificios grandes tienen alerta de evacuación inmediata. Estaba lleno de gente por todas partes, personas corriendo, gente llorando, papás desesperados buscando a sus hijos en los colegios. El tráfico era caótico, sirenas, ambulancias y bomberos por todos lados", describió.
El trayecto que normalmente le lleva 20 minutos se estiró más de una hora. Y las réplicas no dieron tregua: las autoridades locales informaron decenas de eventos sísmicos derivados del sacudón principal. "Sigue temblando. A cada rato hay réplicas: hay registradas decenas y ya se habla de más de noventa. Estábamos almorzando y volvió a temblar fuertísimo. Cuando llegué a mi departamento con Fran y subimos, volvió a temblar de vuelta. Uno se queda con esa incertidumbre y el miedo constante", dijo.
La resistencia de los edificios, el otro dato de la jornada
Pese a la angustia, la misionera rescató la respuesta de la infraestructura en la zona metropolitana, donde las edificaciones principales no sufrieron colapsos estructurales graves, a diferencia de los poblados cercanos al epicentro.
"Es para destacar la labor de los ingenieros y arquitectos de Panamá. En la ciudad la mayoría de los edificios están intactos. Donde hubo varios daños y la situación fue desastrosa es en las provincias centrales. En nuestra zona tenemos luz y agua, pero hay varias regiones sin servicios, mientras el presidente recorre las zonas afectadas", señaló.
Keller recordó que años atrás vivió un sismo en Jujuy durante un viaje familiar, pero nada comparable con lo que le tocó atravesar este viernes. También apuntó a la falta de preparación: no hubo alertas previas que indicaran cómo actuar, y en el edificio donde vive nunca se hicieron simulacros. La alerta de tsunami que se había activado después fue desactivada, lo que les permitió resguardarse en un espacio al aire libre.
"Cuando hubo una réplica y estábamos en el departamento bajamos con una mochila, documentos, agua y billetera, sin saber qué hacer y esperando novedades y saber cómo sigue esto. Nunca vivimos algo así. Por el momento estamos en nuestro departamento", cerró.