Tenía 10 chicos uniformados y una misión: la alfombra que pisó Juan Pablo II en Paraná
Lita tiene 82 años, casi seis décadas de scout y una historia que todavía la emociona: fue una de las que tendió la alfombra roja que pisó Juan Pablo II en Paraná. Pero hay un detalle de esa jornada que casi nadie conoce.
Lita Randisi de Pellarini tiene 82 años y casi seis décadas dentro del movimiento scout. Cuando recuerda lo que vivió en 1987, se le eriza la piel: fue una de las responsables de colocar la alfombra roja por la que caminó Juan Pablo II al bajar del avión en Paraná.
Lo contó en diálogo con Nunca Es Tarde, el programa de Elonce, en medio de la expectativa por la visita del papa León XIV a la Argentina. Se presentó con su uniforme scout, un gesto que dedicó a su esposo, Ubaldo Pellarini, y a una actividad que sigue marcando su vida.
Dos días antes, con carpas y a disposición de la seguridad
Según relató, los scouts de San Benito comenzaron a colaborar con la organización dos días antes de la llegada del pontífice. Se instalaron cerca del aeropuerto con grandes carpas y quedaron a disposición del personal de seguridad.
“Nosotros participamos de lleno. Fuimos dos días antes con unos carpones grandes y estuvimos enfrente. Cuando necesitaban cosas, nos llamaban. Venían personas de seguridad porque, claro, venía el Papa”, recordó.
En medio de los preparativos llegó una convocatoria especial: hacían falta jóvenes scouts uniformados para una tarea dentro del aeropuerto. La consigna era tender la alfombra roja desde el lugar donde se detendría el avión hasta el sector por el que se desplazaría el Papa.
“Nos habían dicho que el Papa llegaba en el segundo de tres aviones. Necesitaban chicos grandes, uniformados, para trabajar adentro del aeropuerto. Teníamos que poner la alfombra roja desde donde paraba el avión y por todo el trayecto donde el Papa iba a pisar”, detalló.
La convocatoria se organizó junto a Ubaldo y participaron alrededor de diez jóvenes. Para el grupo, la tarea tuvo un peso enorme por la magnitud de la visita.
“Eso fue para nosotros un desafío inmenso. Hemos llorado muchísimo, todos, hasta monseñor Karlic, porque nos acompañaba en todo eso”, expresó.
El momento en que el Papa bajó y caminó sobre lo que habían preparado
Uno de los recuerdos más nítidos es el descenso de Juan Pablo II y sus primeros pasos sobre la alfombra. “Cuando bajó el Papa, empezó a caminar en la alfombra que habíamos acomodado nosotros. Después bendijo la campana y subió al papamóvil”, contó.
Lita pudo verlo de cerca, aunque los scouts tenían sectores asignados y debían respetar las indicaciones de seguridad. “Yo lo vi así, a una distancia como la que estamos nosotros ahora. En aquel tiempo las niñas scouts usaban pollera y yo estaba de pollera”, relató entre risas.
El operativo incluía un sistema de comunicación con pequeñas banderas rojas. Los voluntarios debían levantarlas ante cualquier situación que requiriera la intervención de los responsables del dispositivo.
“Nos dieron unas banderillas rojas por si había algún problema o amontonamiento de gente. Teníamos que levantar la bandera y ellos venían disimuladamente a mirar. Gracias a Dios, no pasó nada”, explicó.
Según su recuerdo, el acompañamiento de monseñor Karlic y del padre Bottegal fue clave para coordinar a los servidores y voluntarios de la jornada.
El libro forrado y bordado a mano que terminó en manos del pontífice
Además de su rol como scout, Lita participó de la preparación de un obsequio para Juan Pablo II. Trabajaba entonces en una escuela vinculada a la enseñanza de manualidades y una bibliotecaria le pidió que se ocupara de la presentación de un libro destinado al Papa.
“Me dijeron que tenían que regalarle un libro al Papa y que había que forrarlo. Lo forré entero, lo bordé y preparé también la caja”, recordó.
El trabajo artesanal tuvo un significado especial porque sabía quién lo iba a recibir. Cuando lo terminó, lo llevó a la escuela y lo compartió con sus compañeras.
“Les dije: ‘Chicas, esto lo va a tocar el Papa, así que tóquenlo’. Estaba emocionada porque era el trabajo de toda esa gente y también el mío”, expresó.
Para Lita, aquella visita movilizó a numerosas instituciones y vecinos de San Benito, que se sumaron a los preparativos y a las actividades por la presencia del pontífice.
Las fotos de Ubaldo, expuestas en la Municipalidad de San Benito
La jornada también quedó registrada en las imágenes de Ubaldo Pellarini, esposo de Lita, que documentó distintos momentos de la visita. Una selección de esas fotografías se exhibe durante todo noviembre en la Municipalidad de San Benito y recupera escenas de un acontecimiento que reunió a una multitud en el aeropuerto de Paraná.
En su casa, Lita conserva un archivo de aproximadamente 18.000 fotografías de distintos acontecimientos y actividades de la comunidad. Según indicó, desde el municipio manifestaron su intención de digitalizar las imágenes históricas de la muestra, que hoy se conservan en soportes físicos.
La entrevistada recordó que en 1987 la fotografía exigía un proceso muy distinto al actual: había que revelar para saber qué había salido. Eso, dijo, le da un valor particular a los registros que guardó su esposo.
“Se fue al campamento eterno”
Durante la charla, Lita repasó su historia con Ubaldo, con quien compartió la militancia scout. Se casaron tres meses después de la visita de Juan Pablo II y antes habían sido amigos antes que novios. “Primero fuimos amigos y después novios. Éramos inseparables”, contó.
Su esposo murió hace casi cinco años, pero ella mantiene una forma propia de nombrar su partida, ligada al lenguaje scout. “Yo nunca digo que falleció. Digo que se fue al campamento eterno para preparar las carpas cuando nosotros vayamos”, manifestó.
Hoy Lita sigue participando de actividades comunitarias. Los sábados colabora en la cocina de un grupo scout, donde prepara alimentos junto a otros integrantes. “Los chicos me dicen abuela. Yo sigo siendo la abuela”, comentó.
La despedida en la pista, entre lágrimas
Cuando Juan Pablo II se preparaba para dejar Paraná, los voluntarios fueron convocados otra vez al sector de la pista del aeropuerto. Según relató, monseñor Karlic les pidió que se reunieran allí para despedir al pontífice y cerrar una jornada que había demandado varios días de organización.
“Nos reunimos todos y llorábamos porque el Papa se iba en el avión. Gracias a Dios, todo salió bien”, recordó.
Al volver sobre las fotografías de su esposo, Lita reconoció que la emoción sigue intacta pese al paso del tiempo. “Ahora hablo de esto y se me eriza toda la piel”, expresó.