Tenía 29 años, le diagnosticaron cáncer y se compró un colectivo: dónde terminó viviendo

Tenía 29 años y una vida armada en su pueblo: docencia, taller de arte, rutina. El diagnóstico de cáncer lo dio vuelta todo, y la decisión que tomó después la llevó a un colectivo en las Sierras de Córdoba.

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Tenía 29 años, le diagnosticaron cáncer y se compró un colectivo: dónde terminó viviendo
Tenía 29 años, le diagnosticaron cáncer y se compró un colectivo: dónde terminó viviendo

Ina de la Serna nació en Saladillo, en la provincia de Buenos Aires, y durante años llevó una vida que, vista desde afuera, parecía ordenada. Sin embargo, un diagnóstico de cáncer a los 29 años, mientras acompañaba a su madre en la misma enfermedad, la empujó a replantearse todo. Hoy tiene 37 y vive en un colectivo convertido en casa, en las Sierras de Córdoba.

En diálogo con el canal de YouTube Crónicas del Cambio - De Música Rutera, la mujer repasó cómo pasó de ser docente de artes plásticas en su pueblo a compartir talleres de alimentación viva y fisiológica. "Hoy me dedico a compartir talleres de alimentación viva y fisiológica; y también acompaño procesos de personas que quieren cambiar de alimentación y no saben bien por dónde empezar", contó.

De las aulas rurales al otro lado del mundo

Antes de aquel giro, Ina había estudiado Bellas Artes. Vivió siete años en La Plata, donde cursó el profesorado en Artes Plásticas y después la licenciatura. Se recibió alrededor de los 24 y se fue a Nueva Zelanda. Pasó un año y medio entre el sudeste asiático y la India, y cuando volvió ya no era la misma.

"Volví a mi pueblo natal y me absorbió la docencia, me puse el guardapolvo y fui docente de hasta siete escuelas, dando artes plásticas. Me compré un autito e iba a las escuelitas rurales. Tenía un taller de arte también", recordó. Le gustaban los chicos y el compartir, pero sentía que algo adentro se apagaba: las ganas de seguir viajando seguían intactas.

Con esa frustración acumulada llegó el primer golpe: su madre, de 54 años, fue diagnosticada con un cáncer agresivo. Mientras la acompañaba, Ina empezó a interesarse por la relación entre la alimentación y el bienestar físico. Pocos meses después recibió la noticia que no esperaba: ella también tenía cáncer.

Cambiar el plato para empezar a sanar

Lejos de quedarse de brazos cruzados, decidió aplicar lo que ya estaba investigando. "Ahí me dije a mí misma que ya tenía las herramientas para mejorar mi alimentación y poder empezar a sanar. Dejé las harinas, los lácteos, los refinados, para empezar a pasarme a lo integral. Y después también busqué carnes que procedieran de pasturas", relató.

Según su testimonio, el cuerpo le respondió bien incluso durante la quimioterapia. "No me descomponía, pero sí bajé mucho de peso porque me estaba desinflamando y hubo una desintoxicación en mi cuerpo", explicó sobre esos meses.

Tras perder a su madre y terminar el tratamiento, sintió que necesitaba alejarse de su rutina. Su primera decisión fue viajar sola a Australia, donde permaneció un año. Al regresar a la Argentina se mudó a Córdoba para seguir formándose en alimentación. "Me había ido a Australia con la sensación de que iban a estar mucho más avanzados que nosotros en todo esto de la alimentación y me di cuenta de que no", analizó.

El bondi que encontró en Mercado Libre

La idea de comprarse un colectivo para convertirlo en casa rodante apareció apenas volvió al país. "Con plata que tenía, le dije a mi papá si quería ir conmigo al norte y, cuando estábamos viajando, pongo en Mercado Libre: 'Motorhome Mercedes-Benz'. Y el primero que me sale fue el que tengo hoy", contó.

Lo probó en un barrio de La Plata conocido como "El peligro" y se lo llevó. Después llegó la pandemia y el vehículo quedó guardado. Cuando terminó el aislamiento, una amiga francesa que vivía en Villa Las Rosas la invitó a instalarse con ella en el motorhome. Ina, que buscaba un rumbo, no lo dudó.

Antes de partir lo transformó por completo: cambió los asientos de colectivo por un sector de descanso, sumó un área para practicar yoga, una cocina con heladera y un cuarto con cama de dos plazas y aire acondicionado. "Tengo todo lo que necesito para vivir y más", remarcó.

Hoy, desde las Sierras de Córdoba, comparte su experiencia con quienes buscan cambiar su alimentación y, de paso, su manera de vivir.

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