Tenía 4 años y los médicos le dijeron a su mamá que nunca sería deportista: hoy es el N° 1 del mundo
Cuatro años, una advertencia médica que parecía cerrarle el futuro y una frase de su mamá en el consultorio. Años después, Alexander Zverev alcanzó la cima del tenis mundial y reveló cómo lo logró.
Alexander Zverev acaba de convertirse en el nuevo número 1 del ranking ATP, pero el camino hasta la cima empezó mucho antes de que agarrara una raqueta de forma profesional: a los cuatro años, en Hamburgo, un diagnóstico le cambió la vida a toda su familia.
El tenista alemán padece diabetes tipo 1 desde esa edad. Sus padres, Irina y Alexander Sr., ambos con pasado en el alto rendimiento en la antigua Unión Soviética, escucharon de los médicos una advertencia que parecía cerrarle todas las puertas: la exigencia física del tenis podía ser incompatible con su enfermedad y probablemente nunca llegaría a ser un atleta de elite.
Un shock en el consultorio
Irina recordó años después ese momento. Cuando Sascha terminó internado, la primera pregunta que se hicieron fue cuándo se iba a curar. La respuesta los golpeó: nunca, la enfermedad sería para siempre.
“Para toda la familia fue un shock, sí. Cuando Sascha terminó en el hospital, la primera pregunta de los padres, lógicamente, es: ‘¿Cuándo se va a curar nuestro hijo?’. Y cuando escuchamos: ‘Nunca en la vida, va a tener la enfermedad para siempre’, fue un shock enorme, por supuesto”, confesó Irina Zvereva, madre también de otro tenista profesional, Mischa.
El día del diagnóstico, los médicos enumeraron frente a los padres todas las cosas que su hijo no podría hacer, entre ellas el deporte. Irina tomó una decisión: mandó a Sascha afuera del consultorio para que no escuchara esa conversación.
La adaptación fue dura. “Tanto mi esposo como yo tuvimos que hacer una capacitación de dos semanas cada uno y recién ahí el nene pudo volver a casa. Es que en ese entonces era algo muy complicado. Teníamos que medirle el azúcar y darle inyecciones cada dos o tres horas, y además enseñarle a Sascha a extraer la cantidad correcta de insulina de las ampollas. Les aseguro que no fue nada fácil, pero como se puede ver, logramos salir adelante y superarlo juntos, sí”, amplió su madre.
“Yo quiero jugar al tenis, es lo único que me importa”
Mientras la familia se informaba sobre la enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas deja de producir insulina o el organismo no puede utilizarla eficazmente, el chico tenía una sola idea fija. Cada vez que sus padres le advertían sobre los obstáculos, insistía con la misma frase.
Con determinación, información y cuidados precisos, Zverev fue desafiando la lógica. El escepticismo ajeno, lejos de desmotivarlo, se convirtió en combustible: “Me decían que no iba a poder ser un atleta de elite y cuando me dicen que no puedo hacer algo, me empeño el doble en demostrar que sí”.
Para jugar al tenis profesional tuvo que desarrollar una madurez poco común desde chico. Se mide los niveles de azúcar en sangre varias veces al día y se coloca inyecciones de insulina. “Aún recuerdo ir al colegio a los seis años, cuando tenía que controlar mi diabetes yo mismo durante horas cada día. Te empezás a dar cuenta de que tenés que ponerte inyecciones vos mismo, medir tus niveles de azúcar cuando comés y estar pendiente de cosas así. Ese fue el primer momento en el que te das cuenta de que tenía que responsabilizarme de mi salud, algo que la mayoría de los niños, no”, expresó en atptour.com.
Su madre fue clave en ese proceso y también en lo deportivo: fue su primera entrenadora. “Mi padre y mi hermano han desempeñado un papel muy importante en mi carrera. Pero la persona más importante de mi vida y de mi carrera tenística siempre ha sido mi madre”, reconoció.
La insulina en la cancha y una respuesta tajante
En los partidos tiene una suerte de ritual: durante los descansos recurre a su bolsito, donde guarda un dispositivo de monitoreo de glucosa y sus dosis de insulina. Interpretar las señales del cuerpo en medio de la adrenalina de un partido exige una disciplina mental enorme.
No siempre fue sencillo. En Roland Garros 2023, la organización le cuestionó que se inyectara insulina en los descansos por la imagen que daba en la televisión. Su respuesta fue tajante: “En un partido a cinco sets a lo mejor me tengo que inyectar cuatro o cinco veces. Les he dicho que esto no puede ser porque no me están permitiendo hacer algo que es necesario para mi bienestar. Mi vida puede correr peligro”.
El silencio y la fundación
Durante su infancia y sus primeros años como profesional, Zverev ocultó públicamente su enfermedad. La familia no quería que sus rivales usaran esa información en su contra, por ejemplo desgastándolo en partidos largos a la espera de que su nivel de azúcar cayera. Tampoco buscaba compasión de los espectadores, la prensa ni los organizadores.
Fue recién en 2022, después de lesionarse gravemente en París, cuando decidió romper el silencio y fundar la Alexander Zverev Foundation, dedicada a ayudar a personas con diabetes. “De niño no le di muchas vueltas al asunto, pero con el tiempo empecé a pensar más en ello. La enfermedad me ha acompañado toda la vida. Ahora, muchos años después y tras haber cosechado éxitos, me siento cómodo dando a conocer esta iniciativa”, contó.
“Aspiro a ser un modelo a seguir para los niños que ya padecen la enfermedad, pero también un apoyo para aquellas personas que, llevando una vida activa y tomando las medidas preventivas adecuadas, aún pueden evitar desarrollar diabetes tipo 2. Poca gente sabía que tengo diabetes; nunca lo había hecho público. Ante todo, quería demostrarme a mí mismo que el único límite existente es el que uno mismo se impone. Quiero demostrar que, a pesar de esta enfermedad, es posible llegar muy lejos”, agregó.
La Federación Internacional de Diabetes, con sede en Bruselas, estima que en el mundo hay entre 1,8 y 1,9 millones de chicos y adolescentes menores de 20 años que viven con diabetes tipo 1.
La temporada que lo cambió todo
Pocos creían que Zverev llegaría a la cima. Durante años descreyó él mismo, entre virtudes rivales, falencias propias y cimbronazos fuera de la cancha. Esta temporada se destapó: ganó sus dos primeros Grand Slams, en Roland Garros y el US Open, y alcanzó el número 1.
“Sentir que estás en la cima del mundo es increíble”, reconoció la semana pasada en Viena, al asegurarse el cambio de mando con el italiano Jannik Sinner, que ocupaba la primera posición desde abril y está inactivo desde julio por una lesión de rodilla.
A los 29 años y seis meses, desde este lunes es el segundo tenista más longevo en ser número 1 por primera vez. Sólo el australiano John Newcombe lo logró con más edad, a los 30 años en 1974. Nacido en Hamburgo, es el trigésimo número 1 de la historia de la ATP y el segundo alemán después de Boris Becker, en 1991. Además, tiene asegurado el reconocimiento como 1° del ranking al cierre de la temporada, pase lo que pase en el Masters 1000 de París y en el ATP Finals de Turín: será el primer alemán en lograrlo.
El recorrido no fue sencillo. Perdió la final del US Open 2020 cuando la tenía prácticamente ganada (dos sets a cero y quiebre en el tercero ante Dominic Thiem antes de derrumbarse). Sufrió una grave lesión de tobillo cuando estaba llevando al límite a Rafael Nadal en las semifinales del Abierto francés en 2022. Y jugó durante años bajo la sombra de acusaciones de violencia doméstica formuladas por dos exparejas, que él siempre negó; la ATP investigó una de las denuncias y concluyó que no había pruebas suficientes para sancionarlo.
Aun así, acumula casi todos los trofeos prestigiosos del tenis: Grand Slams, el torneo de Maestros (2018 y 2021), el oro olímpico en singles en Tokio 2021 y siete Masters 1000. Hoy suma 26 títulos y más de US$ 74 millones obtenidos sólo por torneos.
Todo eso parecía una utopía cuando, a los cuatro años, los médicos les dijeron a sus padres que su hijo nunca podría ser deportista. Zverev les demostró lo contrario, y este lunes amaneció en la cima del mundo.