Tenía 40, dejó todo y arrancó sola en su depto: hoy factura US$600.000 y tiene 25 empleados
Dejó la imprenta familiar, firmó un acuerdo que la dejó sin clientes y arrancó sola en su departamento con US$10.000. Hoy su editorial publica 20 títulos por mes, pero hay un número que explica el salto y casi nadie lo tiene en cuenta.
Alejandra Alterman vendió su parte de la imprenta familiar, firmó un acuerdo de no competencia que la dejó sin clientes y empezó de cero con US$10.000. Cinco años después, su sello editorial publica unos 20 títulos por mes y ya suma 700 libros.
La historia arranca en un cumpleaños incómodo. Al llegar a los 40, Alterman empezó a hacer cuentas con la edad que tenía su papá cuando murió: 44. Él falleció a su lado, durante una fiesta de egresados de su promoción, cuando ella tenía 17 años y ya trabajaba con él en la imprenta familiar.
En plena pandemia, la decisión cayó casi de golpe: divorciarse y dejar la empresa donde había hecho toda su carrera. “Cumplí 40 años y necesitaba un cambio; ya no era mi espacio”, le dijo a TN.
El negocio lo compartía con su madre y sus tres hermanos menores. Había llegado a presidirlo. En 2020 anunció que vendería su participación y, tras una transición de algunos meses, el 30 de abril de 2021 se despidió formalmente del cargo.
Qué es Libella, el proyecto que nació en un departamento
Con los US$10.000 que obtuvo por la venta de su parte del fondo de comercio, Alterman montó Libella: un sello editorial boutique que acompaña a los autores en todo el proceso, desde la escritura hasta la publicación. El modelo combina trabajo personalizado con algo poco habitual en la industria: cada escritor conserva el 100% de los derechos sobre su obra.
Al principio no había empleados ni infraestructura. Trabajaba desde su departamento y se ocupaba personalmente de las redes sociales, la atención a los clientes y las entregas. Conocía el mercado desde la adolescencia, pero ahora tenía que abrirse camino por su cuenta.
Había, además, un obstáculo comercial. El acuerdo de no competencia que firmó al salir le impedía contactar a los clientes de la empresa familiar. Cuando creó Libella, en mayo de 2021, tuvo que conseguir sus primeros trabajos sin echar mano de los contactos que había construido durante años.
De la imprenta de su papá al sello propio
El vínculo de Alterman con la industria gráfica viene de lejos. Sus padres arrancaron con un negocio que desgrababa clases teóricas de la Universidad de La Plata y las convertía en apuntes. Con el tiempo sumaron trabajos comerciales: tarjetas personales, talonarios, folletos.
A los 15 años, Alejandra hizo un curso de PageMaker y empezó a trabajar en un diario de marcas junto a su papá. Tras la muerte de él siguió en la empresa, se especializó en el sector editorial y el negocio familiar fue incorporando nuevas actividades. También se capacitó en la Fundación Gutenberg y con profesionales de la industria.
Llegó a presidir la compañía, pero sentía que ahí no podía desarrollar una propuesta propia. “Mi misión clara, que no podía desarrollar en la empresa anterior, era acompañar a las personas en todo el proceso de escritura y publicación de sus libros. Veía que había mucha desinformación y que se necesitaba una guía”, explicó.
Por qué la editorial se llama Libella
El nombre surgió de una experiencia personal ligada al recuerdo de su padre. Cuando empezó a emprender se estaba acercando a la edad que él tenía al morir, y comenzó a cruzarse con libélulas. “Al buscar su significado, descubrí que tiene un sentido espiritual importante de volver a empezar, renacer y transformarse. Sentí que me representaba y que mi papá me acompañaba en este nuevo camino”, relató.
De dos libros por mes a una empresa con 25 personas
En los primeros meses publicaba uno o dos títulos mensuales y hacía prácticamente todas las tareas. A medida que creció la actividad incorporó profesionales y cerró acuerdos con imprentas para la producción, mientras concentraba el negocio en el acompañamiento editorial.
Hoy Libella publica un promedio de 20 títulos por mes: novelas, cuentos, libros infantiles, obras de cocina y publicaciones de profesionales y emprendedores. Los autores conservan el 100% de sus derechos y pueden vender sus ejemplares por su cuenta o a través de los canales de distribución de la editorial.
La empresa tiene una oficina, una tienda online con alrededor de 400 títulos y presencia comercial en Cúspide, Mercado Libre y Amazon para las versiones digitales. También participa en ferias del libro de distintas ciudades argentinas.
Con una facturación anual cercana a los US$600.000, Alterman proyecta subir sus ingresos entre un 15% y un 20% el año próximo, aunque admite las dificultades del contexto económico y trabaja en contener los costos.
Su próximo desafío es desembarcar en otros países de Latinoamérica, con la posibilidad de desarrollar franquicias. En paralelo, escribe un libro propio donde quiere reconstruir su recorrido personal y profesional, desde la pérdida de su papá hasta la decisión de volver a empezar a los 40.