Tenía 60 años, las rodillas le dijeron basta y tomó una decisión que hoy la lleva por caminos impensados

A los 60 años, cuando el trekking que amaba se volvió imposible, Alicia Burnowicz tomó una decisión que nadie esperaba. Lo que descubrió en el camino la llevó más lejos de lo que imaginaba.

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Tenía 60 años, las rodillas le dijeron basta y tomó una decisión que hoy la lleva por caminos impensados
Tenía 60 años, las rodillas le dijeron basta y tomó una decisión que hoy la lleva por caminos impensados

Alicia Burnowicz nació en Tigre, pero hace casi cuatro décadas eligió Bariloche como su lugar en el mundo. A los 60 años, cuando el trekking que practicó durante 16 temporadas empezó a pasarle factura en las rodillas, lejos de quedarse quieta tomó una decisión que lo cambió todo.

“Yo practicé trekking durante 16 años por la zona de Bariloche y alrededores hasta que mis rodillas empezaron a tener problemas, esto coincide con mi edad para jubilarme (60 años)… era una pasión… y entonces… ¿qué?”, recuerda Alicia sobre ese momento bisagra.

La respuesta llegó en forma de moto. Nunca había tenido una ni la había manejado, pero la idea de seguir sintiendo el sol, la lluvia y los aromas del camino la empujó a animarse.

Una pasión que no se apaga

“Ahí nace la inquietud de tener una moto, nunca había tenido una ni manejado. Pero pensé que con una moto chica podía andar por lugares donde siga sintiendo el placer de disfrutar en primera persona del sol, lluvia, aromas, etc. todo aquello que sabemos se siente al caminar o andar en moto. La vida pasa muy rápido y se transformó en un sueño. Tuve miedos y dudas… pero nada perdía con probar y sobre todo probarme. Ese fue el verdadero cambio entender que nunca es tarde para empezar de nuevo”, cuenta.

El comienzo no fue sencillo. A los miedos propios se sumaron las dudas de la familia y los comentarios ajenos, que lejos de frenarla la impulsaron aún más.

“También escuché comentarios como ‘¿a tu edad?’, ‘¿no te da miedo viajar sola?’. Pero aprendí que los límites muchas veces están en la cabeza. Cada kilómetro recorrido fue una forma de demostrarme que la edad no define lo que somos capaces de hacer. Hoy siento que inspirar a otros a animarse es uno de los regalos más lindos de este camino”.

El viaje que lo cambió todo

Los viajes, dice, no son solo paisajes: son aprendizajes constantes. Hubo cansancio, incertidumbre y momentos en los que tuvo que resolver problemas sola. Pero hubo uno que le confirmó que sí podía.

“El viaje que me animó a que sí podía fue hacer la Carretera Austral en Chile”, revela.

Hoy comparte su experiencia sin filtros, mostrando lo bueno y lo difícil. “Comparto mi vida tal como es. No muestro solo los paisajes lindos; tengo muchísimas fotos, pero veo que muchos motoviajeros compartimos lugares, y la gente y muchas mujeres buscan en mí un consejo. Un cómo te animaste, cómo empiezo, qué moto me recomendás, cómo me financio, o sea ‘cómo dar ese primer paso’. También cuento los desafíos, los errores y los aprendizajes”.

Bariloche, el hogar elegido

Aunque nació en Tigre, Buenos Aires, llegó a Bariloche en 1988 por una elección de vida. “He conocido lugares maravillosos, cada uno con su magia, pero Bariloche siempre ocupa un lugar especial en mi corazón. No es solo por sus montañas, sus lagos o sus bosques; es el lugar donde están mis raíces maternas y donde aprendí a amar la naturaleza. Cada vez que vuelvo siento la misma emoción”.

Y sintetiza: “Uno puede enamorarse de muchos lugares, pero siempre hay uno que se siente como hogar, como dije fue una elección de buscar mi lugar en el mundo y aún lo es”.

“Los sueños no tienen fecha de vencimiento”

Su mensaje es directo: no importa la edad ni el momento de la vida, siempre se puede empezar una nueva aventura. “Ya tengo 67 años y aún no me ha atrapado el sillón, mientras pueda lo seguiré haciendo. También trabajo para poder viajar y eso está bueno. Hay que animarse, disfrutar el camino de la vida y demostrarse que los sueños no tienen fecha de vencimiento”.

A quienes dudan en empezar algo nuevo les dice: “Que no espere el momento perfecto, porque ese momento casi nunca llega. Que no deje que el miedo, la edad o la opinión de los demás decidan por ella. También le diría que confíe más en sí misma, porque es mucho más fuerte de lo que cree. Y, sobre todo, que no postergue los sueños. El tiempo pasa igual; la diferencia es decidir si lo vivimos con arrepentimientos o con historias para contar”.

Y cierra con una frase que resume su filosofía: “Nunca es tarde para cambiar de rumbo. Siempre estamos a tiempo de empezar a escribir un nuevo capítulo de nuestra historia”.

Alicia Burnowicz, de 67 años, en su moto

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