Tenía 84 años, se jubiló y su taller se llenó de chatarra: lo que construye hoy sorprende a Roca
¿Qué hace un jubilado de 84 años con las computadoras y videocaseteras que ya nadie usa? Carlos Carosanti encontró una respuesta en su taller de Roca, y el resultado no se parece a nada que se pueda comprar.
Carlos "Gringo" Carosanti llegó a General Roca siendo un chico, después de nacer en Roma y atravesar con su familia distintos puntos de la Patagonia. Hoy, a los 84 años, es conocido en la ciudad por transformar objetos que ya nadie usa en esculturas que no se repiten.
Su taller funciona dentro de su casa y está repleto de piezas rescatadas de computadoras, reproductores de video, aspiradoras, impresoras, juguetes, motores y ventiladores. Todo lo que dejó de funcionar tiene un lugar: cajones, cajas y botellas separadas por material, esperando el momento de convertirse en parte de una obra.
Del fútbol a la chatarra
Antes de dedicarse al arte, Carosanti tuvo una vida intensa. Durante 25 años trabajó en el Banco Río Negro y Neuquén, y también pasó por el fútbol: jugó en Italia Unida y en Tiro Federal, y hasta tuvo la chance de probarse en Independiente de Buenos Aires cuando todavía iba a la escuela secundaria.
Fue después de jubilarse cuando apareció la actividad que hoy ocupa buena parte de sus días. "Bueno, tengo que hacer algo para pasar el tiempo", recordó sobre aquellos primeros momentos. Primero armó algunas piezas de madera y después empezó a desarmar todo lo que ya no servía.
"Lo principal acá es ver para qué te sirve lo que desarmás", explicó a ANR sobre su método. En sus obras combinó un mouse en la parte delantera de un auto de carrera, ruedas de videocasetera y ventiladores de computadora como terminación.
Esculturas irrepetibles
El proceso no es rápido: una pieza puede llevar semanas o meses, según el tiempo que le dedique y la dificultad para conseguir los componentes adecuados. Si trabaja cuatro o cinco horas por día, calcula que completa una obra en aproximadamente un mes.
En unos 15 años de trabajo estima que realizó alrededor de 80 piezas. Conserva unas 50 entre su casa y su taller, a las que se suman las que tienen sus hijos, las que regaló y las que vendió. Las primeras fueron motos pequeñas, ligadas a su afición por el motociclismo y el enduro, y con el tiempo se volvieron más complejas. "Son irrepetibles", aseguró.
La inspiración también llega cuando camina por las bardas de la ciudad. "Yo veo paisajes que digo: mirá, eso se parece a un castillo", contó. A partir de esas imágenes imagina cómo reproducirlas con los materiales que tiene a mano.
Parte de la materia prima llega gracias a familiares, amigos y conocidos. "Che, Gringo, tengo una aspiradora o tengo una videocasetera que no sirve más, vení a buscarla", son las frases con las que lo llaman cuando aparece algún descarte con potencial.
Vender, la parte difícil
A Carosanti le cuesta desprenderse de sus obras. Aunque regaló piezas a familiares y amigos, reconocer que ponerles un precio no le resulta sencillo. En algunos casos, los valores estimados superaron los 500 mil pesos, aunque todavía trabaja en definir un sistema para establecerlos.
Con 84 años, mantiene algunas actividades laborales y dedica buena parte de su tiempo libre al taller. Consultado sobre qué representa Roca para él, respondió: "Roca es parte de mi vida". Y agregó: "No la cambiaría por ningún lugar".
Hoy conserva parte de sus trabajos en su vivienda y otros están en distintos espacios, incluidos algunos que tiene su hijo en Bariloche. A futuro, junto a sus hijos espera desarrollar una página web para reunir las piezas y facilitar su venta.