Tenía US$50.000 para comprarse un departamento, pero eligió algo muy distinto con ese dinero
¿Qué trauma de su adolescencia la llevó a gastar US$50.000 en sacarse las costillas en lugar de comprarse un departamento? La historia que hay detrás de su decisión.
Nikkita Slayer tenía US$50.000 disponibles y una decisión por delante: comprarse un departamento o invertir esa cifra en su propio cuerpo. Eligió lo segundo y se sometió a una cirugía para sacarse las costillas. “Decidí sacarme las costillas porque me hacían bullying en el secundario por ser gorda”, contó a TN.
La joven, que nació en Recoleta y hoy tiene 25 años, ya acumula 15 cirugías estéticas. Detrás de cada intervención hay una historia que empezó mucho antes de que pudiera pagarlas.
Una infancia marcada por el trauma
Nikkita nació en Recoleta y tenía cinco años cuando sus padres se separaron. Se mudó con su mamá y sus dos hermanas a Moreno, donde pasó parte de su infancia. En ese período sufrió un abuso sexual intrafamiliar que tardó años en comprender: “Al principio me costó mucho darme cuenta de la situación, porque yo creía que era algo consensuado de ambas partes”, relató.
Con el tiempo, y a partir de lo que aprendió en la escuela, pudo dimensionar lo vivido: “A medida que fui creciendo, y con la ESI en el colegio, me fui dando cuenta de que en realidad no era algo que yo quería experimentar”.
Durante su adolescencia volvió a vivir con su papá y atravesó un largo proceso para entender su sexualidad. “El abuso repercutió mucho en eso”, explicó. A los 19 años llegó otro quiebre: le contó a su padre que quería transicionar y la respuesta fue que debía abandonar la casa. “Me dijo que respetaba mi decisión, pero que lo mejor para ambos era que me fuera. En otros términos, me echó de su casa”, expresó.
Sin ahorros y con apenas un auto que su papá le había regalado, pasó un mes en la casa de un amigo. Después vendió el vehículo, alquiló un monoambiente y empezó de cero. “Más allá de estar perdiendo a mi familia, estaba en un proceso de transición. Me sentía muy sola”, recordó. Hoy lo mira de otra manera: “Hoy lo veo como una oportunidad para ser respetada, trabajar, independizarme y lograr todo lo que logré”.
A las dificultades del entorno se sumó el acoso escolar durante su etapa secundaria. “Me hacían bullying respecto a mi peso, a mi figura y a mis modismos. Esto generó traumas, que, con el tiempo fui solucionando con intervenciones quirúrgicas”, detalló.
“Quería ser respetada como mujer”
La transformación de su cuerpo llegó después. Primero fue una cirugía de feminización facial, cuando tenía 20 años. Después vinieron otras intervenciones: frentoplastia, mentoplastia, bichectomía, dos rinoplastias, un injerto capilar, implantes mamarios y glúteos, lifting de labios y aplicaciones de ácido hialurónico. En total, eran diez cirugías cuando contó su historia por primera vez.
Con el paso del tiempo, el recuento de procedimientos estéticos continuó en aumento. “Siempre hay algún retoque que una puede llegar a hacer, tengo 25 años y me realicé 15 cirugías estéticas y relleno de ácido hialurónico”, afirmó.
La razón no era solamente verse diferente frente al espejo. Nikkita sufría el acoso en la calle y sentía que su identidad era constantemente cuestionada. “No respetaban mis pronombres, me hacían sentir muy insegura. Hasta el día de hoy tengo ansiedad social por la discriminación”, explicó. Y resumió lo que buscaba: “Yo quería ser respetada como mujer”.
En ese momento ya había gastado una suma que, según reconocía, podía haberle permitido comprar un monoambiente. “No te podría decir exactamente cuánto gasté, pero tranquilamente podría haber comprado un monoambiente. Decidí invertir en mi cuerpo porque es mi mayor obra de arte”, decía. Ahora esa historia vuelve a repetirse, pero con una cifra concreta: US$50.000 para sacarse las costillas.
US$50.000 para cerrar una etapa
Esta vez Nikkita no habla solamente de querer cambiar una parte de su cuerpo. La intervención tiene para ella un significado personal: busca superar un trauma que arrastra desde su adolescencia y que, de distintas maneras, atravesó buena parte de su vida.
Al abordar los motivos específicos detrás de su última operación, fue contundente: “Decidí sacarme las costillas porque me hacían bullying en el secundario por ser gorda, además como soy una chica trans no tenía la cintura tan definida y siempre fue una de mis mayores inseguridades”.
La intervención demandó una inversión económica sustancial y una búsqueda exhaustiva del equipo profesional. “La cirugía constó de una remoción costal, una lipotransferencia y un cambio de prótesis mamarias, también conocida como mommy make over. Solicité citas con varios cirujanos y encontré al mejor de todo Buenos Aires y fue con él con quien decidí realizarme la cirugía”, precisó.
El proceso previo a ingresar al quirófano estuvo marcado por la aprensión de someterse a una técnica tan compleja. “Tenía mucho miedo, inclusive me despedí de mis seres queridos ya que mi cirujano me hizo firmar un consentimiento el cual decía que en caso de fallecimiento no se responsabilizaba ya que era una cirugía muy riesgosa”, confesó.
Nikkita sabe que las cirugías no resuelven todo, pero también advierte: “La cirugía genera adicción. Siempre veo algo que podría mejorar”. Y llegó a una conclusión todavía más dura después de todo lo que había vivido: “Me di cuenta de que no importa cuántas cirugías me haga, la sociedad sigue siendo una mierda”.
Frente a los cuestionamientos de su entorno sobre el monto invertido en la operación, se mostró firme en sus convicciones: “No me importa para nada la opinión de mi entorno ya que siempre fui partidaria de que al ser mi vida yo soy la única responsable de tomar las decisiones. Además, varias personas me dijeron que no lo hiciera y que invirtiera el dinero en otras cosas, pero personalmente creo que no hay mejor inversión que una misma”, sostuvo.
Finalmente, al sintetizar la transformación vivida, completó: “Hoy cuando me veo en el espejo veo lo que siempre quise ser, una mujer hermosa, segura y empoderada. Soy esa persona que siempre quise ser cuando era chica y estoy muy orgullosa de la persona en la que me convertí”.