Tenían cuernos para pelear y no para reconocerse: el hallazgo patagónico que reescribe a los dinosaurios

Se creía que los cuernos de los abelisáuridos servían para reconocerse entre ellos. El análisis de los fósiles patagónicos mostró que evolucionaron con un patrón ordenado y que su función era otra: competir y cortejar.

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Tenían cuernos para pelear y no para reconocerse: el hallazgo patagónico que reescribe a los dinosaurios
Tenían cuernos para pelear y no para reconocerse: el hallazgo patagónico que reescribe a los dinosaurios

Los abelisáuridos, aquellos carnívoros que dominaron el hemisferio sur durante el Cretácico, entre 145 y 66 millones de años atrás, no usaban sus cuernos y rugosidades craneales para distinguirse entre sí. Un equipo patagónico acaba de demostrar que esas estructuras cumplían una función bastante más picante: atraer pareja o pelear por ella.

La investigación fue liderada por el Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet) junto al Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (Iegeba), y sus resultados cambian la forma en que se interpretaba la evolución de estos gigantes carnívoros.

Qué dicen los cuernos

El estudio puso a prueba la hipótesis más aceptada hasta ahora: que los ornamentos funcionaban como señales visuales para que los individuos de una misma especie se reconocieran. Los científicos observaron cómo aparecieron y mutaron las estructuras craneales a lo largo de la evolución del grupo y encontraron lo contrario.

«Nosotros encontramos lo contrario porque observamos que los ornamentos en este grupo evolucionan con una tendencia y de forma ordenada», señaló el biólogo Emanuel Seculi Pereyra, autor del trabajo.

Según el análisis, los cuernos siguieron patrones de evolución definidos y funcionaron como herramientas clave en la competencia por una pareja. «Los ornamentos surgen porque son seleccionados por la pareja o porque son utilizados en combates intraespecíficos», explicó el investigador.

Para llegar a esa conclusión, el equipo comparó una gran cantidad de datos fósiles. El patrón no fue igual en todas las especies: algunas halladas en India y Madagascar desarrollaron una estructura central prominente, mientras que las sudamericanas, como el Carnotaurus, presentaban estructuras pares. Lo llamativo es que, una vez que un ornamento aparecía, tendía a mantenerse en los linajes. Esa persistencia, según los autores, aporta indicios a favor de la selección sexual.

Elefantes marinos y aves: el espejo actual

Para graficar el comportamiento que habrían tenido estos dinosaurios, Seculi Pereyra recurrió a ejemplos de la fauna actual. «Por ejemplo, hay muchos comportamientos en mamíferos marinos, como los elefantes, que tienen combates intraespecíficos para acceder a las hembras, como también en las aves. Es muy común ver comportamiento tanto de los machos o de las hembras en los cuales cortejan a sus parejas», comentó.

Y remarcó: «Con la evidencia que juntamos y los análisis que hicimos sobre la ornamentación de este grupo, concluimos que muy probablemente hubieran sido utilizados por este grupo para este tipo de comportamientos más complejos».

Un año de trabajo y una advertencia sobre el financiamiento

El estudio se apoyó en información anatómica reunida y publicada por otros especialistas. «Nos llevó un año justamente por el esfuerzo de mucha otra gente en recuadrar esos datos para responder a otras preguntas», destacó el biólogo.

Los resultados abren nuevas líneas de investigación, como estudiar mediante herramientas biomecánicas cómo habrían resistido las estructuras craneales distintas fuerzas o contactos. Sin embargo, el propio Seculi Pereyra advirtió que avanzar con estudios de esta escala se vuelve cuesta arriba por la falta de financiamiento.

«Hoy no tenemos el recurso por parte del gobierno para realizar esta magnitud de estudios. Si hubiéramos querido hacer este trabajo de cero hubiera sido imposible», alertó.

De las ballenas a los dinosaurios

Seculi Pereyra es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y cursa su doctorado en esa casa de estudios. Su vínculo con los dinosaurios arrancó en la infancia. «A mí siempre de chiquito me gustaban los dinosaurios», contó.

Ya en la universidad, se sintió atraído por la fauna patagónica actual, en especial por las ballenas. Hacia el final de la carrera retomó aquella curiosidad de la infancia y la combinó con su interés por la evolución. «Me volvió de nuevo el amor por los dinosaurios, entonces mezclé lo que sería evolución orientado a este tipo de reptiles», relató.

Hoy investiga a los abelisáuridos en el ámbito del Cenpat-Conicet y sostiene que estos estudios trascienden el pasado: «Estas cosas que nosotros hacemos, inferimos y estudiamos de los organismos del pasado aplican mucho a los organismos del presente». Para el investigador, la historia evolutiva de aquellos dinosaurios también ofrece preguntas y herramientas para comprender la vida actual.

Ilustración de un dinosaurio abelisáurido con ornamentos craneales. Ilustración por José Humberto Cano.

Recreación de dinosaurios abelisáuridos.

Emanuel Seculi Pereyra, biólogo del Cenpat-Conicet.

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