Tiene 20 años, es de Caleta Olivia y va por el Nacional de Malambo: qué lleva en la valija
Alina Páez tiene 20 años, es de Caleta Olivia y en octubre competirá en el Nacional de Malambo Femenino en Córdoba. Pero lo que llevará en la valija no es solo vestuario: hay una historia patagónica que pocos conocen.
Alina Páez tiene 20 años, vive en el barrio Mirador de Caleta Olivia y en octubre representará a Santa Cruz en el Campeonato Nacional de Malambo Femenino que se hará del 7 al 12 en Tanti, Córdoba. Baila desde chica, es profesora de Danza Clásica y Danza Contemporánea, y hace unos años encontró en el malambo un lugar que hasta no hace mucho parecía reservado para los varones.
"Es verdad que el malambo siempre se vio y se trabajó sobre los varones y relativamente hace poco las mujeres también fuimos adentrándonos. La verdad que es re lindo porque podés trabajar todo dentro del malambo", cuenta Alina.
Su camino no fue de un día para el otro. En Neo Dance Estudio y El Entrevero Malambo, una compañera fue la primera en animarse a competir sola. Después vinieron las demás. Alina arrancó con trabajos grupales y combinados hasta que llegó el momento de pararse en el escenario sin nadie al lado, con zapateo, público y jurado mirándola.
Con los profesores Luciano Quipildor y Daniela García empezó un proceso distinto, enfocado no solo en la técnica sino en encontrar su propia identidad como malambista. "Cuando estás sola tenés que demostrar todo. A mí me costó porque nunca había hecho algo sola, menos en malambo. También es trabajar la confianza, la seguridad. Fue un proceso difícil, pero después te terminás acostumbrando y hasta te termina gustando", reconoce.
Tres minutos para contar una historia
Una presentación dura apenas tres o cuatro minutos. Para Alina, ahí tiene que entrar todo: la técnica, meses de entrenamiento, la música, el vestuario, la personalidad y, sobre todo, lo que quiere transmitir. "Tenés que ir creciendo desde la primera mudanza hasta la última. Todo va desde la interpretación, que es lo que siempre tratamos de trabajar con los profes", explica.
Las devoluciones del público confirman que el mensaje llega. "Después la gente te decía 'me llegó', 'me hiciste llorar', 'lo disfrutaste mucho'. Desde ese lado llega el malambo. Más allá de lo técnico, que es lo que puede ver el jurado, la interpretación es lo que más llega".
Esa búsqueda la llevó al preselectivo del Campeonato Nacional de Malambo Femenino en Cañadón Seco, dos jornadas con bailarinas de distintas edades y localidades. Para ella hubo algo especial: por primera vez competía como aspirante a campeona nacional, porque cumplir 20 años le abrió la puerta de la categoría principal. "Este año fue mi primera vez porque logré cumplir los 20 años que tenés que tener para participar de la categoría. Fuimos seis aspirantes y poder compartir con todas ellas fue una experiencia muy linda", recuerda.
Páez se clasificó y ahora le espera el desafío mayor en Tanti. No será su debut allí: el año pasado representó a Santa Cruz en la categoría Juvenil Femenino de Malambo y terminó como subcampeona nacional. "Es mucha responsabilidad y hay que seguir trabajando mucho más. Esta categoría, más allá del malambo y de la técnica, también tiene mucho de madurez y de interpretación. Es otro rol porque ya somos mujeres, somos más grandes, y eso es a lo que aspira esta categoría".
Llevar un pedazo de Santa Cruz
Alina practica malambo sureño, la variante que se ejecuta descalza y propone una construcción distinta a la potencia sonora de las botas del estilo norteño. "Yo realizo el estilo sur, que es descalzos y es mucho más tranquilo. Tiene eso de que va en crecimiento. El estilo norte también puede ir subiendo, pero es mucho más eufórico, por así decirlo, y más ruidoso por la bota fuerte".
Su propuesta tiene ADN patagónico: está inspirada en el choique y construida musicalmente a partir de la obra de Rubén Patagonia. "Queríamos que toda la propuesta estuviera ambientada y fuera acorde, que fuera muy patagónica, para llevar algo de Santa Cruz al Nacional y que sea bien propio de acá", dice.
El vestuario también nació de esa construcción colectiva. "Todo lo hicimos con los profes, desde cortar cada pluma hasta coser cada fleco. Tratamos de hacerlo nosotros. Ser parte de tu propio vestuario también es parte del proceso".
"Las mujeres van a arrasar con todo"
Alina no cree que lo suyo sea un caso aislado. Lo ve cada vez que llega a una competencia y mira la cantidad de chicas esperando su turno: niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas, y cada vez más. "Es impresionante el nivel de las malambistas. Hay un montón y de todas las edades. En algunas categorías había diez participantes, pero todas con un buen nivel. Eso demuestra que tienen ganas, quieren hacer malambo y les gusta".
Para ella hay algo más profundo que una tendencia artística: un cambio generacional y cultural que atraviesa al folclore. "Estas nuevas generaciones son las que van formando estos espacios para que también la mujer pueda realizar distintas danzas que quizás antes no hacía o no podía hacer". Y lo resume así: "Esta es una generación de mujeres que va siempre para adelante, que se anima a hacer todo. Las mujeres van a arrasar con todo y el malambo es un hecho claro de eso".
El esfuerzo detrás del escenario
Llegar a un Campeonato Nacional también tiene un costo que el público no siempre ve. Viajar, preparar el vestuario, entrenar y competir implica gastos. Alina trabaja como profesora en el estudio y tiene emprendimientos propios; su familia es uno de sus principales sostenes. Cuando falta dinero, aparece una receta conocida por muchas familias de artistas y deportistas de Santa Cruz: trabajar un poco más. "Somos personas que trabajamos para poder conseguir lo que queremos. Si necesitamos comprar una plumita para el corset o unas botas, hacemos una venta de pollos, vendemos numeritos o bandejitas materas", relata.
De cara al viaje a Córdoba volverán las ventas y las actividades para reunir fondos. Porque detrás de esos tres minutos sobre el escenario hay meses de trabajo y un proceso personal. "El malambo te trae muchas cosas y te llena de sentimientos, porque es darlo todo dentro de tres minutos, dar lo máximo estando sola y poder transmitir", define. "Trabajás personalmente, no solamente en el malambo sino como persona para toda la vida. Trabajás la confianza, la seguridad y cómo transmitir tus sentimientos. Quizás personalmente no lo hacés, pero en el malambo te podés desahogar".
Descalza y con el ritmo del malambo sureño, Alina Nair Páez buscará que esos pocos minutos alcancen para contar de dónde viene. Y también para mostrar hasta dónde quiere llegar.