Tiene 31 años de trayectoria, pero cuando le preguntan cuándo se jubila, su respuesta deja a todos mudos
Zulma Mendoza lleva 31 años frente a un aula rural. Cuando le preguntan cuándo se jubila, ella mira a sus alumnos y responde con una pregunta que lo cambia todo.
Zulma Mendoza es directora y personal único de la Escuela N° 130 Juan Francisco Seguí, en Colonia Nueva, un paraje rural cercano a La Picada y Colonia Celina. Hace 31 años que ejerce la docencia y nueve que está al frente de ese establecimiento, donde también es la única maestra de primaria. Su historia se conoció en el marco del Día del Maestro, que se celebra este 11 de septiembre.
Conocida cariñosamente como “Chumi”, Mendoza se recibió en la Escuela Almafuerte. En diálogo con UNO, contó que cuando era chica soñaba con ser contadora y que empezó a estudiar magisterio casi por casualidad, por la cercanía de la institución con su casa. “Pero de pronto descubrí que era mi verdadera vocación, una parte indivisible de mi identidad. Si tuviera que elegir nuevamente, volvería a elegir la docencia; soy docente de corazón y de alma”, relató.
Un aula con seis grados al mismo tiempo
La Escuela N° 130 tiene 18 alumnos en total. Cuatro pertenecen al nivel inicial y son atendidos por una docente específica. Los otros 14 cursan el primario en una misma aula pluridocente, bajo la enseñanza directa de Zulma. La distribución es la siguiente: un alumno en 1°, dos en 2°, tres en 3°, dos en 4°, uno en 5° y cinco en 6°.
“Es un circuito continuo en el aula”, explicó la docente sobre su dinámica diaria. Para que cada chico aprenda, dedica horas en su casa a preparar material personalizado: combina libros, fotocopias y secuencias de trabajo para ir rotando la atención entre los más pequeños y los más grandes.
Zulma se emociona cuando habla de sus alumnos. “Estar en el aula con los chicos es lo mejor que te puede pasar en la vida”, dijo. Y agregó: “Yo disfruto mucho de estar en el aula más allá de lo administrativo. Estos chicos del campo son un placer, son respetuosos y cariñosos, y el disfrute del aula es increíble... que te respondan y ver cómo aprenden es maravilloso. Por eso, cuando me preguntan cuándo me voy a jubilar, yo veo los chicos y digo: ¿Para qué me voy a jubilar?”.
Una escuela con naturaleza y comunidad
El entorno rural le da a la escuela un carácter particular. Camino al establecimiento es habitual cruzarse con guazunchos, zorros y nutrias. Los alumnos disfrutan de árboles prestados por vecinos, de una casita del árbol y de espacios abiertos para explorar y jugar.
La relación con las familias es de una cercanía poco común. Como la escuela está sobre caminos alternativos que se vuelven inaccesibles los días de lluvia, las actividades se trasladan transitoriamente a la Escuela N° 40 cuando el clima no acompaña. La comunidad se organiza para sostener la vida escolar: los padres participan en las salidas de campo, como en un reciente viaje a la ciudad de Victoria, donde colaboraron preparando choripanes mientras los chicos disfrutaban de la travesía.
A las tareas pedagógicas se suman la gestión del comedor escolar y múltiples labores administrativas. La Municipalidad de Villa Urquiza financia al personal de cocina y limpieza, pero el compromiso de Zulma abarca desde la logística de los insumos hasta el mantenimiento edilicio durante los recesos.
“Los chicos del campo tienen vivencias que en las escuelas de la ciudad son impensables. Tienen todo el campo para recorrer, la naturaleza viva ahí nomás y los animales cerca. Tienen vecinos generosos que nos prestan sus árboles para que los chicos se puedan subir a jugar, tenemos nuestra propia casita del árbol y hasta un árbol con una cueva en el campo de enfrente donde el vecino nos permite ir a pasar un rato, algo que jamás verías en un colegio urbano. Los gurises del campo son profundamente respetuosos, cariñosos y viven con un entusiasmo enorme, que no les importa si hay barro o frío a la hora de salir a explorar o ir de viaje, porque disfrutan con una libertad y una felicidad únicas. Y a todo eso se suma una cercanía humana hermosa, porque acá no existen las distancias de la ciudad; conocemos la historia de cada familia, sabemos exactamente qué necesita cada niño y los papás son parte activa de la escuela, acompañándonos codo a codo en cada travesía y preparando juntos desde la logística hasta los choripanes”, narró la docente.
Más que cuatro horas de clase
En el marco del Día del Maestro, la experiencia de Zulma invita a revalorizar la docencia y a desmontar prejuicios. Frente a la idea errónea de que la jornada se limita a cuatro o cinco horas, la realidad exige horas de planificación en el hogar, el desarrollo de proyectos de agrupamiento entre escuelas cercanas para acceder a disciplinas como educación física o artes, e incluso tareas de mantenimiento como cortar el césped o controlar plagas durante las vacaciones.
A pesar de haber cumplido con los requisitos para jubilarse dos años atrás, Zulma se resiste a dejar las aulas. Su familia comprende que es una educadora de alma. “Yo disfruto mucho de estar en el aula; estar con los chicos es lo mejor que te puede pasar en la vida”, insistió. Su anhelo en esta fecha es que se reconozca el esfuerzo cotidiano de los maestros y se continúen equiparando las oportunidades educativas para los niños del campo.
