Tiene 48 años, una X en el DNI y un cargo que nadie esperaba: la historia de Julieth
Sociedad · Buenos Aires

Tiene 48 años, una X en el DNI y un cargo que nadie esperaba: la historia de Julieth

Dirige el gremio docente de La Plata, tiene 48 años y su DNI cambió este año. ¿Qué tuvo que rehacer, además del documento, para que su identidad quedara reconocida en todos lados?

Julieth Fernández es docente y dirige SUTEBA La Plata. Su cargo es "secretarie" general, con "e", porque su identidad de género no encaja en las dos categorías de siempre. Esa identidad está reconocida en su documento desde el 23 de mayo de este año.

“Ser no binario o no binarie tiene que ver con una cuestión de lo que uno, una, une siente, de lo que piensa, de lo que te identifica. Algunos dicen no sentirse cómodos ni con lo que es de varón ni con lo que es de mujer, ni con lo binario, sino que tiene que ver con poder sentirte y hacer lo que uno quiere, lo que una quiere, siente y desea. Me parece que el deseo es fundamental”, explica.

La sociedad se organizó durante siglos alrededor del binarismo, y todo lo que queda fuera de esas casillas suele generar preguntas. Incluso otras identidades de la diversidad, como las personas trans, encuentran un lugar en esas categorías: mujer trans, hombre trans. ¿Qué pasa con quienes no se reconocen en ninguna?

“Somos y punto”

“Tenemos la costumbre de encasillar: lo azul de nene, lo rosa de nena. ¿Qué hacían cuando no sabían el sexo? Porque se hablaba de sexualidad, era amarillo, neutro. Pero nada de eso dejaba de estar en la binaridad. Venimos a romper con eso, no somos acá, no somos allá y tampoco somos una tercera posición. Somos y punto”, define.

Nació en América, un pueblo del oeste bonaerense, y como tantos jóvenes llegó a La Plata para estudiar. Se afilió a SUTEBA desde que empezó a trabajar en la docencia. El 23 de mayo asumió la secretaría general del gremio, el mismo día en que recibió su nuevo documento.

“Mi documento dice Julieth Fernández y en la parte del género tiene una X. No binario”, detalla.

Volver a nacer en los papeles

El cambio no se limitó a una letra en el DNI. La partida de nacimiento, las tarjetas, el título universitario, las escrituras y hasta la titularidad del auto tuvieron que adecuarse a la nueva documentación. Para Julieth el proceso tuvo un sentido más profundo: “Es un nacimiento, porque volvés a hacer tu partida de nacimiento, después de ahí volvés a tener tu DNI y la verdad que es impresionante, es volver a nacer, te despojás de un montón de cuestiones”.

“Es un proceso, porque en el medio juegan muchas cosas personales. Porque, bueno, te cambiás el nombre, cambiás, y es como que pareciera que cambiás tu identidad, pero en realidad no, estás revalidando tu identidad”, reflexiona.

Hasta entonces, ir al médico, tomar un cargo en una escuela o hacer cualquier trámite implicaba toparse con una documentación y un trato que incomodaban. En esos ámbitos aparecía su “deadname” —el nombre asignado al nacer que una persona dejó de usar— y, con él, situaciones incómodas, como cuando le decían “señor”.

Porque Julieth ya era Julieth mucho antes del reconocimiento en el DNI.

“Tengo 48 años. De esos años, hace 30 que para mi gente siempre fui Julieth. En las escuelas no podía ser Julieth ni en ningún otro lugar. No me sentía cómoda cuando me nombraban así. Ahí también había un proceso de sentir y reafirmar que estás en el camino correcto, buscando tu propia identidad”, recuerda.

Los 90, el clóset y las denuncias

Su trayectoria docente arrancó en la década del 90, cuando mostrarse abiertamente con una identidad o una orientación sexual fuera de la norma podía tener consecuencias. “Ahí sí tenías que seguir estando en el clóset en términos profesionales, en términos educativos, porque hasta te denunciaban los padres, algunos docentes también”, rememora.

Las sospechas y los prejuicios podían llegar hasta la Dirección General de Cultura y Educación o instalarse en las propias comunidades escolares. Según explica, detrás de esas denuncias aparecían los mismos fantasmas de siempre: asociar a las diversidades con el abuso o cuestionar su capacidad para estar frente a un aula.

Hoy el panorama es otro, aunque considera que, pese a los avances de los últimos años, hubo un retroceso. Señala que muchos de sus compañeros volvieron a enfrentar situaciones discriminatorias.

“Hace cinco años esto no pasaba, porque había otro contrato social en relación a las diversidades y disidencias. Hoy, con el ataque a compañeras trans en Palermo, con los femicidios que crecen cada vez más, donde el odio y el discurso del odio y el mandato del odio son comunes desde un presidente de la Nación, por supuesto que hoy sí nos persiguen”, reflexiona.

Y describe escenas que reaparecen en las escuelas: “Por ejemplo, ‘compañeres’ que están en las escuelas, los padres se enteran, van a la escuela a intentar hacer denuncias o a cuestionar por qué una persona así está frente a mis alumnos. Algo que es de principios de los 90, por no decir mucho más atrás. Es tremendo”.

El sindicato y la pedagogía del debate

El sindicalismo, otro espacio que Julieth habita con la misma pasión que la educación, tampoco queda afuera de esas prácticas. “Si bien hay micromachismos instalados, como los hay en toda la sociedad, en SUTEBA desde su génesis los derechos humanos han sido bandera de lucha. Entonces, hay un camino allanado, aunque igualmente te encontrás con algunas cositas que te invitan a reflexionar”, admite.

En ese ámbito muchas situaciones se abordan desde una lógica que conoce bien: la pedagógica. “Lo bueno que tenemos, además, como somos docentes, es que decimos: ‘Che, ¿te estás dando cuenta de que...?’. Marcamos la situación y la verdad es que reflexionan”, cuenta.

Aclara, sin embargo, que ese escenario no se repite en todos los espacios sindicales. “En el sindicalismo hay mucho machismo y las mujeres, las feminidades, las diversidades irrumpimos, dependiendo de dónde. Y también qué debates des, porque a veces no implica gritar mucho, sino saber qué debate dar y qué preguntarle al otro, qué repreguntarle”, sostiene.

Para Julieth, esa forma de intervenir también tiene algo de la tarea docente: “Esta cuestión medio pedagógica, esta dialéctica, depende de qué te repregunto en base a tu discriminación o a tu pregunta discriminadora. Es cómo vas a empezar a poder elaborar un proceso de decir: ‘Ah, está bien, estoy equivocado’”.

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