Tiene 62 años, 40 vacas y un campo en Aluminé: por qué su hija volvió para cambiarle el negocio

Hace dos años que padre e hija insisten con una solución para los pequeños crianceros de Aluminé, pero el problema de fondo sigue sin resolverse. ¿Qué encontraron para que los compradores vuelvan a la zona?

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Tiene 62 años, 40 vacas y un campo en Aluminé: por qué su hija volvió para cambiarle el negocio
Tiene 62 años, 40 vacas y un campo en Aluminé: por qué su hija volvió para cambiarle el negocio

En un campo de 46 hectáreas sobre el camino a Ruca Choroy, a pocos kilómetros de Aluminé, Raúl Benigar y su hija Taiara sostienen un sistema ganadero familiar que lleva más de dos décadas en marcha. Él es jubilado y trabajó 30 años en Pulmarí; hoy explota el campo bajo concesión. La actividad principal son las vacas: alrededor de 40, más dos toros y los terneros que se van sumando al ciclo.

No es una explotación de gran escala. La lógica es producir, seleccionar, vender y reponer, con cada animal ubicado dentro de un esquema que se adapte a las condiciones de la cordillera. “Los criamos hasta los seis o siete meses y ahí se venden”, explica Raúl a Río Negro Rural. La decisión de no avanzar con la recría posterior responde a los costos y a la disponibilidad de forraje: “Sale más a cuenta venderlos que hacer el resto del trabajo”.

Angus, una apuesta que se impone en la zona

La elección de la raza no fue casual. Raúl empezó con Hereford y estuvo unos 15 años con esa genética. Hace aproximadamente 14 años cambió a Angus. “Elegí Angus porque se adapta mejor a la cordillera”, asegura. En un ambiente donde los animales deben caminar, buscar alimento y soportar un clima cambiante, la rusticidad es clave: “Es un animal muy curtido, recorre todo el campo y, después, está el tema de la carne”.

A eso se suma la facilidad de parto: “En el tema parto no hay problema”. Y una ventaja de mercado: “El Angus es una carne más codiciada”. Taiara coincide y observa que el cambio se replica entre otros productores de la zona: “Lo que yo veo es que se están tirando mucho más a Angus. Está dando más resultados”.

El clima, un factor que condiciona todo

Como en buena parte de la Patagonia, el agua y el forraje marcan cada decisión productiva. Los últimos años fueron duros. La sequía redujo la producción de pasto y obligó a comprar más forraje. “Hemos estado estos dos años medio complicados, pero este año fue peor”, cuenta Raúl. A la falta de agua se sumó la presencia de conejos silvestres, que compiten por el recurso forrajero. Según explica, hubo un plan para abordar el problema, pero hoy no se está implementando.

El establecimiento tiene un pequeño arroyo y un canal que nace en el río, aprovechado por la cercanía con la comunidad de Ruca Choroy. Eso permite producir algo de pastura, condicionado por el desnivel del terreno. Entre las especies que mejor funcionan aparecen el trébol, el trigo, el timote y la festuca. “La alfalfa necesita más agua y nosotros tenemos desnivel ahí, se nos complica”, detalla Raúl. La producción propia no alcanza para todo el ciclo, por lo que compran fardos y suplementan al rodeo cuando es necesario.

El regreso de Taiara y una salida comercial para pequeños productores

La historia productiva de los Benigar no viene de generaciones anteriores: la inició Raúl. Ahora tiene continuidad en Taiara, de 25 años, que nació en el campo. Tras un período en Necochea, donde estudió y tomó contacto con productores de una región de fuerte tradición agroganadera, decidió volver a Aluminé. Hoy estudia Administración y Producción Rural a distancia, con prácticas presenciales en Buenos Aires.

Su incorporación suma una mirada distinta: Raúl aporta la experiencia de más de dos décadas; Taiara, capacitación, organización y una perspectiva comercial. “Nos enfocamos también en asesorar a los productores”, explica. Esa tarea se convirtió en uno de los proyectos más interesantes que desarrollan.

En Aluminé hay muchos pequeños productores ganaderos. La mayoría tiene uno, dos o tres terneros, y históricamente les costó encontrar compradores dispuestos a trasladarse hasta la zona por volúmenes tan chicos. “Era una zona muy excluida y no venían a comprar”, recuerda Taiara. En 2016, Raúl participó de una mesa de negocios local para intentar resolverlo. Con los años, la dinámica volvió a complicarse y la llegada de compradores se redujo.

Hace aproximadamente dos años, padre e hija retomaron el problema con un mecanismo simple pero decisivo: juntar animales de distintos establecimientos hasta conformar un volumen atractivo para los compradores. “En torno a que se empezó a buscar más animales, la demanda empezó a crecer”, relata Taiara. A veces se completa una jaula; otras veces el volumen es menor, pero el principio es el mismo: generar escala entre varios.

La familia se completa con Graciela, madre de Taiara y compañera de Raúl, reconocida como una pieza fundamental en el crecimiento del proyecto. No hay una gran estructura detrás, pero sí una idea que atraviesa todo: producir mejor y encontrar nuevas oportunidades. En el rodeo, menos animales y más genética. En la comercialización, reunir volumen para que los pequeños productores tengan una puerta de salida. Y en la familia, una actividad que empezó con Raúl y que ahora encuentra en Taiara una continuidad con formación y nuevas propuestas.

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