Tocaron donde nacieron Los Beatles y algo inesperado pasó en la vereda del Cavern
¿Qué hizo un grupo de catamarqueños apenas se cerraron las puertas del Cavern Club, ya de madrugada? La respuesta está en una noche que se negaban a terminar.
Los Hijos de Harri, la banda catamarqueña que versiona a The Beatles, cumplió el sueño de tocar en el mítico Cavern Club de Liverpool y volvió con una historia que no estaba en ningún plan. Cinco músicos viajaron desde Catamarca hasta la ciudad que vio nacer a John, Paul, George y Ringo para presentarse en la Beatleweek, el festival que cada año reúne a fanáticos de todo el mundo.
La experiencia no se limitó a los escenarios. La propia Liverpool los sorprendió: el puerto, la arquitectura y una ciudad que supo recuperarse y reinventarse. Pero para quienes crecieron escuchando a los Beatles, cada rincón se volvía una escena conocida. Los Hijos de Harri buscaron los lugares exactos donde la banda había sido fotografiada y recrearon imágenes, tapas de discos y momentos de películas, tratando de encontrar la misma plaza, el mismo monumento y hasta la misma perspectiva.
“Fue una manera muy linda de jugar con esa historia y sentirnos, por un ratito, parte de ella”, contó Juan Martín.
El Cavern, ese lugar sagrado
El Cavern Club no era una parada más. Era el punto al que querían llegar. Lisandro Juárez Aliaga, guitarrista de la banda, recuerda especialmente el momento de ingresar: no se trataba solo de conocerlo, iban a tocar sobre los escenarios donde los Beatles habían tocado. En el Front Stage, donde la banda de Liverpool dio 292 shows, hicieron sonar canciones que durante años habían interpretado a miles de kilómetros de allí. También conocieron el Live Lounge, el escenario anexo donde Paul McCartney presentó su disco Run Devil Run.
“Estar tocando allí y ver fotos de John, Paul, George y Ringo haciendo lo mismo en los mismos lugares fue realmente muy fuerte”, dice Lisandro.
Durante el show tocaron I Saw Her Standing There y Roll Over Beethoven. Para Lisandro, esas canciones dejaron de ser las mismas después de haberlas interpretado en el Cavern. “No volveré a escucharlas de la misma manera sin que me invada la emoción y el recuerdo de haberlas hecho sonar donde prácticamente nacieron”, afirma.
La diferencia con tocar en Catamarca fue enorme. No porque las canciones cambiaran, sino porque cambió el contexto: en casa tocan frente a su gente, con el afecto de un público conocido; en Liverpool estaban frente a personas llegadas de distintos lugares del mundo, muchas profundamente familiarizadas con la historia de la banda. Había emoción, pero también respeto y responsabilidad.
“Fue increíble comprobar que una banda de Catamarca podía llegar hasta Liverpool y conectar con el público a través de esas mismas canciones”, dice Juan Martín. “Creo que eso fue lo más lindo: sentir que llevamos un pedacito de Catamarca hasta la casa de los Beatles”.
Una banda de Catamarca en Liverpool
Decir de dónde venían también generaba curiosidad. Catamarca no es una ciudad que cualquiera en Liverpool ubique de inmediato, por eso el bajista Christian Ruartes apeló a una analogía simple: así como Liverpool está en relación con Londres, Catamarca lo está con Buenos Aires.
Después de los shows llegaron las devoluciones: palabras de aliento, respeto y conversaciones con músicos y espectadores que, más allá del idioma o la bandera, compartían una misma motivación. Para Abel Fernández, el baterista, una de las experiencias más valiosas estuvo en los vínculos que pudieron construir. A un músico de Kirguistán le hizo escuchar a Luis Alberto Spinetta y quedó fascinado. Otro, de Indonesia, le mostró música tradicional de su país y Abel respondió con Mercedes Sosa. También conectaron con una banda peruana cuyos integrantes tenían menos de 25 años: la edad marcaba otra generación, pero la música volvía a funcionar como territorio común.
Cuando el sueño termina
Hay momentos de un viaje que sobreviven solo en la memoria. Alejandro guarda uno de esos. Fue durante el séptimo y último día de la Beatleweek. Los Hijos de Harri habían tenido dos shows, uno a las 21 y otro a las 23. Cerca de la una de la mañana llegó el último acorde, se apagaron las luces y las puertas del Cavern se cerraron.
La noche parecía haber terminado, pero afuera quedaron algunos músicos y espectadores que no querían irse. Entonces apareció una guitarra criolla. Pasó de mano en mano. Llegaron las canciones, los brindis y las voces mezcladas. Durante aproximadamente una hora, músicos y público permanecieron en la vereda frente al mítico bar, prolongando una noche que ya debería haber terminado.
“Nos negábamos a despertar de ese hermoso sueño que habíamos vivido”, recuerda Alejandro.
Lo que no podían imaginar
En enero, antes de viajar, Alejandro había dicho que no tenía dudas de que lo que iban a vivir sería mucho más grande de lo que podía imaginar. Después de volver, la frase adquirió otra dimensión: no había sido una sola cosa, habían sido miles. Personas que los escucharon en el primer show y volvieron a seguirlos. Cantar en Abbey Road junto a quienes llegan hasta allí para fotografiarse cruzando la famosa senda peatonal. Compartir con músicos de otros países. Y hasta ingresar a la casa en la que George Harrison vivió durante su infancia, una vivienda que actualmente no está abierta al público y a la que pudieron acceder gracias a la cortesía de quien la habitaba.
Alejandro lo describe como sentirse niños en Disneylandia. Pero por encima de todo hubo algo más difícil de explicar: la emoción de tocar en el mismo lugar donde los Beatles habían tocado tantas veces antes de cambiar para siempre la historia de la música.
“Esa indescriptible emoción interna que te desborda, y la brutal energía que te entra por todos los poros mientras tocás en el mismo lugar donde tantas veces lo hicieron Los Beatles”, dice.
Quizás por eso, cuando llegó el momento de subir al escenario, la única reacción posible fue aquella pregunta que Alejandro todavía recuerda: “¿Qué estamos haciendo aquí?”. Y después, como si todavía existiera la posibilidad de que alguien los despertara: “¡Ni se les ocurra despertarnos!”.
Para Alejandro, no existe una sola explicación sobre qué tiene The Beatles para seguir provocando todo esto más de 50 años después de su separación. Fueron una combinación excepcional de factores artísticos, culturales y sociológicos, con un catálogo que atravesó generaciones sin volverse obsoleto y cuatro personalidades irrepetibles. Encuentra una comparación bien argentina: es como si Maradona y Messi hubieran coincidido en el mismo equipo durante el mejor momento de sus carreras. La palabra que elige es una sola: magia.
Hay Harris para rato
Volver de Liverpool podría haber significado cerrar un círculo, pero Los Hijos de Harri no lo ven así. Para Abel, todavía queda mucho camino por recorrer. La banda nació como un espacio de disfrute, una forma de compartir una música que los apasiona y que sigue teniendo sentido para ellos.
“Hay Harris para rato”, dice Abel, y la frase funciona como declaración de principios.
Después de haber llegado hasta Liverpool, regresaron a Catamarca con algo más que fotografías y anécdotas: la confirmación de que una banda nacida lejos de los grandes circuitos puede viajar miles de kilómetros, pararse en la casa de los Beatles y encontrar un público dispuesto a escucharla.
Texto: Pablo Vera. Fotos: Gentileza Los Hijos de Harri.