Todos miran la Puna, pero los sismos que más preocupan en Jujuy están en otra zona

La Puna registra cientos de temblores, pero los ingenieros jujeños miran hacia otro lado del mapa: los sismos que más pueden complicar a la población ocurren donde casi nadie los espera.

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Todos miran la Puna, pero los sismos que más preocupan en Jujuy están en otra zona
Todos miran la Puna, pero los sismos que más preocupan en Jujuy están en otra zona

El NOA registra entre 10 y 20 sismos por día, aunque la mayoría pasa inadvertida. La razón está bajo tierra: la placa de Nazca se hunde bajo la Sudamericana y libera energía de forma constante. Pero no todos los temblores implican el mismo peligro, y los especialistas jujeños advierten que el foco de atención no está donde muchos creen.

La frecuencia de movimientos en Susques y la Puna genera la sensación de que allí se concentra el mayor riesgo. Sin embargo, el Colegio de Ingenieros de Jujuy y geólogos de la UNJu apuntan a los Valles y la zona central: allí coinciden sismos más superficiales, más población y más construcciones.

¿Por qué tiembla tanto en el NOA?

Los Andes son el producto de un proceso tectónico que sigue activo. Frente a la costa sudamericana, la placa oceánica de Nazca avanza y se hunde bajo la placa Sudamericana, un fenómeno llamado subducción. Las placas no se desplazan suavemente: la fricción acumula esfuerzos en las rocas y, cuando superan su resistencia, se fracturan y liberan ondas sísmicas. Eso es un sismo, según explica el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES).

Por eso el norte y el centro-oeste argentino concentran buena parte de la actividad sísmica del país. El propio INPRES advierte que el NOA sufrió terremotos destructivos en los últimos 400 años y mantiene un peligro sísmico potencial elevado.

El geólogo de la UNJu y CONICET Juan Pablo Villalba Ulberich precisó que en el NOA suelen registrarse entre 10 y 20 sismos diarios. Muchos ocurren en el área de Susques a más de 200 kilómetros de profundidad y con magnitudes reducidas, por lo que su energía llega muy atenuada a la superficie.

Por qué muchos temblores de la Puna no se sienten

En la Puna jujeña son frecuentes los movimientos asociados directamente a la placa de Nazca que desciende bajo Sudamérica. Los estudios sobre sismicidad provincial muestran eventos que habitualmente se producen a más de 200 kilómetros de profundidad. Un sismo puede tener una magnitud considerable y sentirse poco en superficie si ocurrió muy profundo: las ondas recorren más distancia y parte de su energía se dispersa en el camino.

Lo contrario pasa con los movimientos superficiales: aun con magnitudes menores pueden percibirse con claridad cuando el foco está cerca de una ciudad. Un ejemplo reciente fue el 24 de febrero de 2026, cuando el INPRES registró un sismo de magnitud 3,9 a solo 20 kilómetros de profundidad, con epicentro 14 kilómetros al sur de San Salvador de Jujuy. Se sintió en la capital, Palpalá, San Pedro y también en Salta.

¿Qué zonas de Jujuy tienen mayor peligrosidad sísmica?

El mapa de zonificación sísmica del INPRES-CIRSOC 103 clasifica el territorio argentino según el movimiento del suelo esperable ante un terremoto de diseño, desde peligrosidad muy reducida hasta muy elevada. En Jujuy, especialistas del Colegio de Ingenieros indicaron que la mayor peligrosidad se concentra en la zona central y los Valles, mientras que la Quebrada y la Puna presentan valores menores en comparación. Esto no significa que en la Puna no tiemble: allí se registra una enorme cantidad de sismos. La diferencia está en cómo y a qué profundidad ocurren.

También conviene separar dos conceptos. La peligrosidad sísmica es la posibilidad de que el suelo experimente movimientos de determinada intensidad. El riesgo sísmico incorpora además cuánta población, edificios y servicios están expuestos y cuál es su vulnerabilidad. Por eso, un movimiento superficial cerca de San Salvador, Palpalá u otra zona densamente poblada puede convertirse en un problema mucho mayor que un sismo profundo en un área poco habitada.

Jujuy ya tuvo terremotos que provocaron daños

La historia muestra que la prevención no es teórica. El registro oficial del INPRES documenta varios episodios. El 14 de enero de 1863, un terremoto de intensidad VIII en la escala Mercalli dañó seriamente construcciones de San Salvador de Jujuy, entre ellas la Catedral y el Cabildo. El 19 de noviembre de 1973, otro evento violento y prolongado provocó pánico, personas lesionadas y daños en la región oriental. En diciembre de 1993, una serie de movimientos afectó San Francisco, Pampichuela y otras localidades de Valle Grande, con daños en viviendas y deslizamientos. Más recientemente, el 6 de octubre de 2011, un sismo se sintió con mucha fuerza en San Salvador y produjo roturas de vidrios y mampostería; el INPRES le asignó intensidad VI en la escala Mercalli.

Qué hacer antes, durante y después de un sismo

La principal herramienta es la prevención. El INPRES recomienda preparar el hogar con antelación, conocer las zonas seguras y evitar improvisaciones cuando el suelo ya se mueve.

Antes: fijar estanterías y muebles pesados; mantener libres las vías de salida; identificar sectores seguros; saber cómo cortar gas, agua y electricidad; disponer de linterna, radio, botiquín y elementos básicos; y acordar un plan familiar.

Durante: mantener la calma, proteger cabeza y cuerpo de objetos que puedan caer y alejarse de ventanas, vidrios, estanterías y elementos colgantes. Si hay una mesa o escritorio firme, puede usarse como protección. No usar ascensores ni correr descontroladamente hacia las salidas. En la calle, alejarse de fachadas, postes, cables y carteles.

Después: comprobar si hay personas heridas, revisar posibles pérdidas de gas, agua o electricidad, evitar fósforos o llamas hasta descartar fugas, usar calzado para protegerse de vidrios y escombros y mantenerse atento porque pueden producirse réplicas.

Un punto clave: el INPRES no recomienda el llamado “triángulo de vida” que circula en redes sociales. La indicación oficial es ubicarse en zonas previamente identificadas como seguras y protegerse debajo de mobiliario firme cuando corresponda.

Las construcciones, el otro frente de la prevención

No alcanza con saber cómo reaccionar. El INPRES remarca que la prevención sísmica depende en gran medida de que las edificaciones se proyecten y ejecuten con criterios sismorresistentes, siguiendo el Reglamento INPRES-CIRSOC 103. El Colegio de Ingenieros de Jujuy volvió a plantearlo recientemente: sus autoridades pidieron reforzar los controles municipales y provinciales sobre proyectos, cálculos estructurales y obras, sobre todo porque no todos los municipios tienen la misma capacidad técnica para supervisarlas.

El concepto clave es sismorresistente, no “antisísmico”: ninguna construcción puede garantizar que un terremoto no la afecte. El objetivo del diseño es que responda adecuadamente al movimiento y, principalmente, evitar el colapso que pone en riesgo vidas.

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