Un biólogo del Conicet sospecha que la mortandad masiva de peces en el arroyo Aguilar no es natural. Mientras el Gobierno espera los análisis del agua, la hipótesis de la contaminación puntual gana fuerza.
Miles de peces aparecieron sin vida o agonizando en el arroyo Aguilar, a la altura de Puerto Reconquista. El fenómeno, que ya acumula toneladas de ejemplares, tiene en vilo a los vecinos del norte santafesino y todavía no tiene una explicación oficial.
La escena se repite en las orillas de la ruta nacional A-009: cardúmenes enteros flotando, muchos ya sin vida y otros que boquean en la superficie en un intento desesperado por conseguir oxígeno. El valle de inundación, que forma parte del humedal Jaaukanigás, se encuentra al límite de las piletas decantadoras de la Curtiembre Reconquista. El río Paraná, con 5,92 metros de altura, todavía no desbordó esas instalaciones.
Qué dicen desde el Gobierno provincial
El ministro de Ambiente y Cambio Climático, Enrique Estévez, confirmó a Radio HOY que las muestras de agua se recolectaron el lunes 2 de noviembre. Hasta el momento, los resultados no están disponibles, por lo que las causas del episodio permanecen sin determinar.
La sospecha de un especialista
El biólogo e investigador del Conicet Norberto Oldani planteó una hipótesis que pone el foco en la actividad humana. En diálogo con Vía Libre, el científico diferenció los eventos de mortandad masiva según su distribución geográfica. Cuando los peces aparecen muertos en distintos puntos de un mismo sistema hídrico, suelen intervenir factores ambientales generales, como temperaturas extremas o condiciones que reducen el oxígeno disponible en el agua.
Sin embargo, el caso del arroyo Aguilar presenta otro patrón. "Esto, desde mi punto de vista, es lo que se llama una contaminación puntual", sostuvo Oldani. Y agregó: "Está apuntando a una contaminación producida por el hombre. Ahí pasó algo, se contaminó con alguna cosa producto de una actividad humana que desencadenó esta situación".
La hipoxia, la otra hipótesis en danza
Pese a la sospecha de contaminación, no se descarta que las muertes se deban a un proceso natural vinculado con las inundaciones abruptas. Se trata de la hipoxia, es decir, la disminución del oxígeno disuelto en el agua. Cuando la creciente cubre grandes extensiones de terreno, también inunda materia orgánica cuya descomposición consume oxígeno y altera las condiciones necesarias para la vida acuática.
Esa falta de oxígeno es la que empuja a los peces a subir a la superficie y boquear en busca de aire. Ese comportamiento revela la dificultad para respirar y puede ser el paso previo a su muerte.
Mientras los análisis de laboratorio no arrojen resultados, la incertidumbre se mantiene en Puerto Reconquista, donde la imagen de miles de peces muertos y moribundos se convirtió en una postal preocupante.