Trapitos en San Juan: la mayoría de los lectores pide mano dura y el dato que nadie esperaba
¿Sabías que 2 de cada 3 lectores quieren que el Estado intervenga? El caso Kalejman destapó la grieta y la encuesta de Diario de Cuyo dejó números contundentes.
La polémica por los trapitos y limpiavidrios en San Juan volvió a encenderse y una encuesta de Diario de Cuyo reveló que el 67% de los votantes exige más controles estatales. Pero el debate no termina ahí: el 33,1% restante los defiende como una salida laboral.
La consulta, que reunió 15.941 votos, mostró una brecha clara: 10.672 personas pidieron que el Estado intervenga y saque a estas personas de la calle, mientras que 5.269 consideraron que es una forma válida de ganarse la vida.
El episodio que reavivó la discusión
El detonante fue la denuncia del ciclista sanjuanino Mateo Kalejman, integrante de la Selección Argentina, quien contó en sus redes sociales la insistencia de un limpiavidrios en plena vía pública.
Según su relato, el hecho ocurrió en la esquina de Ignacio de la Roza y Urquiza, cuando un hombre se acercó a su camioneta para ofrecerle limpiar los vidrios. Kalejman rechazó el ofrecimiento porque acababa de salir del lavadero, pero el trabajador no se detuvo.
“Te limpio, te limpio”, habría repetido el hombre, según el deportista. Ante la negativa, el limpiavidrios pasó rozando el vehículo con las manos, lo que generó la furia del ciclista.
“¿Qué hizo el estúpido? Pasó rozando la camioneta con las manos. ¿Con qué necesidad? Te digo bien que no la limpies. Ya me lo han hecho muchas veces”, expresó en un video que se viralizó.
¿Qué debería hacer el Estado?
El episodio destapó un interrogante que cruza a toda la provincia: ¿cómo frenar la insistencia de los limpiavidrios sin dejar de lado la realidad social que los empuja a esa actividad?
La encuesta de Diario de Cuyo mostró que la mayoría opta por una intervención más firme, pero también dejó en evidencia que un sector importante considera que sacarlos de las calles no resuelve el problema de fondo.
Para el 33,1% de los votantes, los trapitos y limpiavidrios son personas que buscan subsistir y necesitan alternativas reales, no una simple prohibición.
La discusión no es solo laboral: también toca la convivencia urbana, la seguridad vial y el derecho de los conductores a decidir si aceptan o no un servicio. Muchos automovilistas denuncian que la oferta se vuelve una presión incómoda, incluso intimidante, en los semáforos.
El caso de Kalejman es solo la punta del iceberg. La pregunta que queda flotando es cómo equilibrar el derecho a trabajar con el derecho a transitar tranquilo.
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