Tras 492 días de silencio, el acusado habló por primera vez en el juicio por un crimen que conmocionó a Necochea
En la audiencia de alegatos, el acusado rompió su silencio después de casi 500 días. ¿Qué dijo ante el pedido de cadena perpetua por un crimen que incluyó 30 golpes y un viaje final hacia el río?
Un hombre enfrenta la posibilidad de cadena perpetua por un crimen que quedó registrado en cámaras de seguridad y que incluyó una golpiza brutal y un viaje final hacia la muerte. La audiencia de alegatos reveló detalles escalofriantes y la primera declaración pública del imputado.
Este lunes, en la cuarta y última audiencia del juicio, Javier Cerfoglio (40) se conectó desde el penal de Batán, en las afueras de Mar del Plata, donde está alojado desde principios de diciembre de 2024. Su rostro, inicialmente oscuro, se pudo ver con nitidez en la transmisión por YouTube de la Suprema Corte bonaerense.
El fiscal Marcos Bendersky y el abogado querellante Juan Manuel Iovine requirieron una pena de reclusión perpetua por homicidio cuádruplemente calificado: por haber sido cometido por el cónyuge (vínculo), con ensañamiento, alevosía y por mediar violencia de género (femicidio).
En contraste, su defensor, Javier Mengoechea, solicitó una pena más leve –20 años– por considerar que cometió “una tentativa de homicidio agravado con homicidio culposo en concurso real”.
¿Qué dijo el acusado en sus últimas palabras?
Sobre el final de la audiencia, Cerfoglio tuvo la posibilidad de decir sus últimas palabras. Habló un minuto y 45 segundos. “No declaré antes porque no me lo permitían… Quiero pedir disculpas, primero y principal a mi hijo Benjamín, por esa madrugada de dolor inmenso que le produje a muchas personas”, sostuvo.
“Quiero dejar en claro que yo la amé, la amaba y la amaré toda mi vida a Magalí, fue la mujer de mi vida, la madre de mi hijo”, agregó. En el perdón incluyó a su familia, pero no a los padres ni hermanos de la víctima.
“Yo la amaba con toda mi alma”, afirmó, y se puso en un papel de víctima: “Nunca quise que terminaran así, de esta forma triste, nuestras vidas. Nada más, nada más señora jueza”.

¿Cuáles fueron las pruebas presentadas?
El juicio se desarrolló en una pequeña sala del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Necochea, presidido por la jueza Luciana Irigoyen Testa (secundada por sus pares Ernesto Juliano y Diego Mónaco), en el edificio donde funcionó el Hotel Argentino, en la zona de la playa. El próximo lunes 13 se conocerá el veredicto.
Las pruebas contra el imputado fueron demoledoras. El comisario Juan Manuel Ibarra, de la Policía Científica de Necochea, confirmó que Magalí Vera (34) fue atacada ferozmente a trompadas y patadas en las calles 50 y 53 de Necochea.
Luego Cerfoglio la subió inconsciente al baúl de su Honda Fit rojo y se dirigió a la zona de la terminal de ómnibus. Bajó la ventanilla del conductor y arrojó el auto al Río Quequén. El vehículo quedó tumbado sobre el agua, con las ruedas para arriba.

Eran pasadas las 4 de la madrugada y llovía torrencialmente. Según la acusación, el femicida se tomó 28 minutos para sacar a la mujer del baúl y ahogarla (la causa de muerte fue asfixia por sumersión). Su cuerpo recién aparecería a las 7.16, debajo de un muelle, a unos 15 metros del Fit.
El cuerpo de Magalí tenía fractura expuesta del tabique nasal, la cabeza como “un globo”, los ojos completamente cerrados por la hinchazón y múltiples lesiones producto de la andanada de trompadas y patadas.
¿Qué revelaron los videos y testimonios?
En las cámaras de seguridad se ve a Cerfoglio propinarle 30 patadas a su mujer mientras ella estaba tendida en el suelo. “En las últimas 11 patadas, Magalí no se movía”, reforzó el fiscal Bendersky.
Un testigo escuchó el grito desesperado de la víctima (“¡Auxilio, socorro, ayúdenme!”) pero se paralizó por el miedo y no se animó a intervenir, aunque avisó al 911.
“En el caso Fernando Báez Sosa, los rugbiers asestaron diez golpes en grupo. Este sujeto, este monstruo, le asestó 30 golpes. Al octavo ella había perdido la conciencia, él la golpeaba, la insultaba y la arrastraba. Era un ser desechable, porque ya no le servía más”, aseguró en su alegato el abogado querellante.

La víctima fue atacada a traición cuando se bajó del auto. Estaba de espaldas cuando empezaron los golpes. “Pará boludo que me vas a matar”, le rogó.
El fiscal remarcó que el hombre pudo haberla llevado a un hospital pero prefirió asegurarse “el resultado muerte ahogando a Magalí, porque ella llegó inconsciente pero respirando (al río), estaba viva”.
¿Qué pasó después del crimen?
Al lugar del hallazgo del cadáver fueron llegando muchos de los invitados a la boda en la que la pareja había estado esa noche. Magalí, ex empleada municipal devenida en repostera, había hecho –y regalado– la torta de casamiento para la flamante pareja.
Los trajes y vestidos lucían empapados por la lluvia. Apenas encontraron el cadáver, los gritos de Melina, su hermana, la única que enseguida se dio cuenta de que su cuñado la había asesinado (“¡Mamá, mirá las ruedas, están derecho. La mató, mamá!”), estremecieron a todos.

Él, a esa altura, había invitado a pelear a un buzo de Prefectura porque insistía en meterse al agua para buscar su celular y las llaves de su casa. Había insultado a un familiar de sus suegros.
Mientras estaba arrodillado y embarrado, con los policías encima suyo, su suegra Stella Maris Castro intercedió: “Hijo, ¿qué te están haciendo?”. Él, envalentonado, acotó: “¿Ves? Hasta mi suegra me defiende”.
Los padres de Magalí, Felipe “Tito” Vera (75) y Stella Maris Castro (66), todavía se reprochan cómo no se dieron cuenta de que tuvieron 14 años al “monstruo” frente a sus ojos.

Ya habían estado unos días separados, pero ella decidió darle otra oportunidad pese a que les avisaba a sus íntimos que “el Javier que ustedes conocen no es el verdadero Javier”.
“Magalí era un estorbo, era de él, era su posesión, si no era de él no iba a ser de nadie. La puso como un perro en el baúl, así la llevó hasta orillas del río, se garantizó salir por la ventanilla y después descartó al perro, a Magalí”, detalló Iovine con crudeza.
El débil argumento del imputado era que ella le había agarrado el volante del auto en plena discusión y que por eso se habían caído al agua, una posibilidad remota porque para llegar a la orilla había que recorrer más de 50 metros desde la ruta provincial 86.
Una de las chanclas de goma que ella llevó para la hora del baile en el casamiento había quedado dentro del baúl del auto, un indicio de que Magalí había sido trasladada en ese lugar, inerte, indefensa, pero respirando. La otra apareció en la calle adonde sufrió la brutal paliza.
“La asesinó de forma cruel, cobarde y miserable”, completó Bendersky, quien actuó rápidamente junto con su colega Walter Pierrestegui para esclarecer uno de los crímenes más impactantes en la historia de Necochea.