Tres veces por semana, sin excusas: el consejo del especialista que sacude a los gimnasios
Un licenciado en Educación Física pasó por Radio Panorama en pleno Octubre Rosa y dejó una frase que incomoda: el músculo, dijo, es el escudo más grande que tenemos. Qué recomendó para los pacientes oncológicos y por qué apuntó contra los entrenadores que trabajan "a ojo".
En pleno Octubre Rosa, el mes que pone el foco en la prevención del cáncer de mama, el licenciado en Educación Física Álvaro Miana pasó por Radio Panorama para hablar de algo que, según él, todavía no se toma con la seriedad que merece: el entrenamiento en pacientes oncológicos.
Lejos de las recetas mágicas, el especialista planteó una mirada integral en la que el ejercicio, la alimentación, el descanso y los vínculos sociales juegan un papel central en la calidad de vida de quienes atraviesan un tratamiento.
Entrenar no es lo mismo que moverse
Miana fue claro desde el arranque: no alcanza con "hacer algo de actividad". Para él, el ejercicio debe adaptarse a las condiciones de cada persona y su abordaje exige planificación, evaluación y seguimiento.
“El ejercicio mejora muchísimo la vida de las personas, pero es contexto-dependiente. Hay que diferenciar entrenamiento de actividad física. Hay que evaluar y diseñar un protocolo para cada persona”, explicó.
El licenciado señaló que muchos médicos ya recomiendan incorporar el movimiento y el entrenamiento durante los procesos de tratamiento, aunque advirtió que todavía hay profesionales que no le dan la importancia que corresponde. Por eso insistió en la necesidad de que los equipos médicos y los especialistas en Educación Física trabajen de manera articulada.
La fuerza, tres veces por semana
Uno de los ejes de la charla fue el papel de la masa muscular y el entrenamiento de fuerza para conservar las capacidades físicas. Miana sostuvo que las rutinas deben responder a protocolos específicos y cuestionó a los entrenadores que trabajan sin consultar la evidencia científica disponible.
“Todas las personas tienen que hacer fuerza al menos tres veces por semana. Son protocolos y los profesores no los leen, trabajan a ojo, preguntando percepción del esfuerzo. Hay mucha información, pero se tiene que leer”, afirmó.
Al referirse al impacto del ejercicio en pacientes oncológicos, el especialista valoró la importancia de llegar al diagnóstico con una buena condición física, aunque aclaró que eso no constituye una garantía frente a la enfermedad.
“El músculo es el escudo más grande que tenemos. A nivel químico y físico. Si alguien está entrenando y recibe el diagnóstico de cáncer, su sobrevida es mucho mejor que quien no tiene actividad física, nutrición, ejercicio, duerme bien y le presta atención a su aspecto social. Todo eso influye muchísimo en la sobrevida”, expresó.
Miana remarcó que el tratamiento médico debe cumplirse de manera estricta, pero subrayó que la alimentación, el ejercicio, el descanso y el entorno social también forman parte de un abordaje integral. En pacientes con cáncer, la actividad física debe ajustarse al diagnóstico, al tratamiento y a la situación clínica de cada persona, siempre con la orientación del equipo de salud.
Músculo, autonomía y salud mental
El especialista también se refirió a la capacidad del entrenamiento para conservar la fuerza y la autonomía frente a distintas enfermedades y procesos que afectan al organismo.
“Mientras más empujemos nuestras capacidades, más difícil es perderlas, aun frente a enfermedades y procesos químicos”, sostuvo. En esa línea, planteó que mantener una buena condición física ayuda a afrontar mejor las exigencias cotidianas y a reducir el deterioro asociado al sedentarismo.
Pero no todo pasa por el músculo. Miana destacó la dimensión social del gimnasio y su impacto en el bienestar emocional: un espacio para desconectarse de las pantallas, prestar atención al propio cuerpo y construir vínculos con otras personas.
“Estamos en tiempos donde todo es rapidísimo, el gimnasio es un espacio social donde durante una hora no se puede estar pendiente del teléfono, te desconectas de ese sistema, comienzas a escucharte”, señaló.
Según explicó, la actividad física puede contribuir a mejorar el ánimo y la calidad de vida de personas que atraviesan situaciones de depresión. El movimiento, la pertenencia a un grupo y la construcción de vínculos pueden ser componentes valiosos del bienestar, aunque aclaró que no reemplazan la atención profesional en salud mental.
Alerta a los influencers
En el tramo final de la entrevista, Miana puso el foco en la circulación de consejos sin respaldo científico en las plataformas digitales y pidió consultar fuentes confiables antes de adoptar rutinas o recomendaciones vinculadas con la salud.
“Hay que tener mucho cuidado con la información de los influencers, hay gente que usa las redes para desinformar, hay que escuchar a los médicos, magisters y a quienes tienen información certera. Podemos usar incluso hasta la inteligencia artificial, buscar y seleccionar la información”, afirmó.
En el marco de Octubre Rosa, sus declaraciones apuntaron a abordar la salud desde una perspectiva integral, con información confiable y acompañamiento profesional. La actividad física puede ser una herramienta relevante para mejorar la calidad de vida, pero en pacientes oncológicos su aplicación requiere una planificación individualizada y coordinación con el equipo médico.