Tres veteranos argentinos y tres británicos en escena: el estudio que destapa qué hay detrás de "Campo Minado"

Un grupo de investigadores de la UNLa se metió con la obra de Lola Arias y encontró algo que incomoda: detrás del discurso de "sanación y diálogo" entre veteranos argentinos y británicos, dicen, hay una mirada que termina convalidando la ocupación de las islas. El detalle del elenco que usan como prueba.

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Tres veteranos argentinos y tres británicos en escena: el estudio que destapa qué hay detrás de "Campo Minado"
Tres veteranos argentinos y tres británicos en escena: el estudio que destapa qué hay detrás de "Campo Minado"

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) puso bajo la lupa la obra teatral de Lola Arias, Campo Minado, y llegó a una conclusión incómoda: su relato de reconciliación entre excombatientes argentinos y británicos terminaría relativizando la ocupación colonial de las islas.

El trabajo fue elaborado por Ernesto Dufour, César Trejo y María Sofía Vassallo, todos vinculados al Observatorio Malvinas de esa casa de estudios. El texto analiza la pieza estrenada en Londres y Buenos Aires en 2016 y cuestiona los efectos políticos de su propuesta escénica.

La advertencia central: cuando la paz tapa el conflicto

Los autores sostienen que la reconciliación puede transformarse en un mecanismo para ocultar el conflicto de fondo. En su resumen ejecutivo, plantean que la obra se muestra como un espacio de “sanación y diálogo”, pero que por detrás despliega una mirada que alimenta la “aceptación tácita de la dominación colonial británica”.

La objeción no pasa por hablar del sufrimiento de los combatientes ni por promover el encuentro entre quienes se enfrentaron en la guerra. El punto es qué queda afuera de la escena cuando la paz se presenta desligada de la historia, del conflicto político y del reclamo argentino. En ese marco, los investigadores califican la propuesta como una estética “desterritorializada, a-histórica y pre-política”, con el riesgo de relegar la soberanía a un plano secundario.

La “falsa simetría” del elenco

Uno de los ejes del informe es la composición del reparto: tres veteranos británicos y tres argentinos. A simple vista, el equilibrio parece justo. Pero los investigadores advierten que esa paridad numérica esconde diferencias de fondo: los británicos eran militares profesionales, mientras que dos de los argentinos habían sido conscriptos y el tercero se había presentado como voluntario.

Esa asimetría, según el estudio, condiciona cómo el público interpreta las experiencias que se narran. La puesta terminaría ubicando a los argentinos sobre todo en el lugar de las víctimas y dejando de lado los actos de heroísmo individual y colectivo que se protagonizaron durante la guerra.

“Aunque se explicita verbalmente la voluntad de no representar el rol de víctimas, en la obra todos lo son y, muy especialmente, los soldados argentinos”, señalan los autores. Y cierran con una frase que condensa su objeción: “Todos son víctimas; pero algunos son más víctimas que otros”.

La crítica también alcanza la construcción del adversario británico, que según el análisis aparece con rasgos humanitarios y personales que desplazan a un segundo plano su condición de integrante de las fuerzas de una potencia ocupante. En paralelo, el relato de los argentinos se concentra en el padecimiento, los abusos y las marcas traumáticas del conflicto. Para los autores, esa elección deja afuera una dimensión decisiva de la memoria de Malvinas: la defensa de la soberanía y el reconocimiento de quienes combatieron por ella.

Una guerra contada solo como tragedia individual

El informe también cuestiona que la obra presente el conflicto principalmente como una consecuencia de la dictadura militar, sin darle el mismo peso a la causa histórica de la recuperación de las islas. Según los investigadores, esa mirada reduce la guerra a una tragedia individual y corre del centro el reclamo territorial que sigue vigente.

Otro punto que analizan es cómo la pieza aborda el respaldo popular a la recuperación de Malvinas. De acuerdo con el trabajo, la puesta sugiere que ese apoyo estuvo condicionado por la manipulación mediática, una interpretación que los autores emparentan con los argumentos que usó el discurso oficial británico durante la guerra.

La diferencia entre ambas memorias es clave para el estudio. Mientras en el Reino Unido Malvinas puede aparecer como un episodio más de su historia militar, en la Argentina se trata de una causa nacional atada a la soberanía, a la identidad colectiva y a una disputa que no terminó en 1982. Por eso, los autores afirman que el efecto político de la obra no se mide solo por sus intenciones declaradas, sino también por la interpretación del conflicto que termina instalando y por los aspectos de la historia que deja relegados.

Quién financió la obra y en qué contexto se estrenó

Otro apartado del trabajo examina el financiamiento y el marco institucional de Campo Minado. El informe identifica aportes del British Council, Arts Council England, Sackler Trust y la Embajada argentina en Londres, y los vincula con la diplomacia cultural y el llamado soft power: la capacidad de proyectar influencia a través de la cultura, los valores y las representaciones.

Para los investigadores, esos vínculos no son un dato menor. Forman parte del contexto en el que la obra circuló internacionalmente y deben tenerse en cuenta al analizar el relato que propone sobre Malvinas. El estudio señala además que el estreno en Buenos Aires se produjo en 2016, en el marco del acercamiento impulsado por el gobierno de Mauricio Macri y del entendimiento conocido como Pacto Foradori-Duncan, que incluyó compromisos de cooperación en pesca, hidrocarburos, comunicaciones y cultura.

De ahí surge una pregunta incómoda que plantea la investigación: qué efectos puede tener una narrativa cultural que promueve el entendimiento entre antiguos adversarios cuando deja en segundo plano la persistencia de una ocupación colonial.

Los autores aclaran que no se trata de suponer que toda iniciativa artística financiada desde el exterior responda automáticamente a una operación política. La tesis es más precisa: los recursos, las instituciones que acompañan una producción y el contexto diplomático también cuentan a la hora de analizar cómo se construye un relato sobre un conflicto de soberanía.

El número musical que iguala lo que no es igual

En el tramo final, el estudio apunta contra el número musical de la obra, donde los veteranos se preguntan: “¿Por qué peleaste? ¿Por la Reina, la Patria, el petróleo?”. Para los investigadores, esa formulación pone en un mismo plano motivaciones y posiciones históricas que no son equivalentes: la actuación de una potencia que mantiene una ocupación colonial y la defensa argentina de su soberanía.

El informe resume su objeción al advertir que la obra propone un “relativismo que supone la convalidación del estado actual de la situación, esto es la ocupación colonial británica de las islas y el control de gran parte de nuestro mar”.

La crítica apunta al límite de un pacifismo que busca superar las diferencias sin abordar las condiciones materiales y políticas que las originaron. En el caso de Malvinas, sostienen los autores, la convivencia no puede analizarse al margen de la disputa territorial ni de la presencia militar británica en el Atlántico Sur.

La investigación del Observatorio Malvinas, que dirige el excombatiente César Trejo, propone así leer Campo Minado más allá de su formato teatral y de su discurso de reconciliación. En esa mirada, la disputa por Malvinas también se libra en el terreno de la memoria, la cultura y las representaciones: no solo importa cómo se cuenta la guerra, sino qué historia se construye cuando la soberanía deja de ocupar el centro del relato.

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