¿Tu hobby de la infancia te preparó para la vida adulta? Lo que revela la ciencia sobre los videojuegos

¿Eres de los que nunca dejó el joystick? La psicología tiene una revelación sorprendente sobre cómo ese hábito de la infancia podría ser tu mayor fortaleza para enfrentar los desafíos de la vida adulta. Los detalles te van a hacer repensar todo.

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¿Tu hobby de la infancia te preparó para la vida adulta? Lo que revela la ciencia sobre los videojuegos

Jugar videojuegos después de los 30 no sería solo un pasatiempo, sino un entrenamiento oculto para la vida. Una nueva investigación desde la psicología sugiere que mantener esta actividad en la adultez podría estar vinculado con una mayor resiliencia emocional, una habilidad clave para navegar las complejidades del día a día.

El estudio, difundido por especialistas en comportamiento y analizado en investigaciones sobre hábitos digitales, se centró en cómo las experiencias lúdicas durante la niñez y su continuidad impactan en la capacidad para gestionar emociones y adaptarse a contextos adversos.

¿Qué generación se beneficia más?

Los hallazgos son particularmente relevantes para las personas nacidas en los años 80 y 90, los millennials. Los resultados mostraron que aquellos que mantuvieron el hábito de jugar videojuegos tienden a desarrollar una mayor tolerancia a la frustración en comparación con quienes no tuvieron esa exposición de forma sostenida.

La investigación analizó diversos estudios y observaciones vinculadas al desarrollo emocional y al uso de esta forma de entretenimiento a lo largo del tiempo. El objetivo era claro: evaluar si este hábito puede relacionarse con la capacidad para manejar emociones, fracasos y situaciones de incertidumbre en la vida adulta.

La conclusión fue que quienes crecieron jugando, especialmente en las décadas del 90 y 2000, desarrollaron con más frecuencia habilidades de resiliencia emocional. Esto se traduce en una mayor capacidad para enfrentar errores, adaptarse a cambios y persistir frente a objetivos difíciles.

Por qué jugar videojuegos podría favorecer la resiliencia emocional. (Foto: Adobe Stock)
Por qué jugar videojuegos podría favorecer la resiliencia emocional. (Foto: Adobe Stock)

Según los expertos, estas habilidades se forjan al enfrentar dinámicas de prueba y error, metas progresivas y desafíos constantes, elementos característicos de los videojuegos de aquella época.

El secreto está en la dificultad

Los especialistas explican que la infancia y la adolescencia son etapas cruciales para el desarrollo emocional. Para los millennials, muchos juegos no ofrecían ayudas automáticas ni recompensas inmediatas, lo que obligaba a repetir niveles, equivocarse y volver a intentar para avanzar.

Esta exposición constante a pequeños fracasos y superaciones fomentó, sin que muchos lo supieran, la tolerancia a la frustración y la perseverancia. Dos habilidades que hoy se revelan como herramientas clave en un contexto adulto marcado por la incertidumbre económica y social.

Investigaciones del prestigioso Oxford Internet Institute aportan más datos: jugar videojuegos puede satisfacer necesidades de logro y competencia que a menudo no se encuentran en la rutina laboral diaria. Por ello, los especialistas sostienen que este hábito no está necesariamente vinculado a la inmadurez, sino que puede funcionar como una sofisticada herramienta de regulación emocional.

Un rompecabezas de varios factores

El estudio también es claro al señalar que la resiliencia emocional es un constructo complejo. Depende de múltiples factores vinculados al entorno personal y social, no solo de los videojuegos.

Entre los elementos clave identificados se encuentran las experiencias de infancia y adolescencia, la exposición a desafíos y situaciones de incertidumbre, el contexto económico y laboral, los espacios de ocio y desconexión, y la posibilidad de experimentar el error sin consecuencias graves.

Los investigadores concluyeron que, si bien los videojuegos suelen encasillarse como mero entretenimiento, pueden desempeñar un rol importante en el desarrollo de habilidades emocionales. Esto es especialmente válido en contextos adultos donde las reglas no siempre son claras ni estables, y donde la capacidad de adaptación se pone a prueba constantemente.

Promover espacios de recreación que permitan desconectar de las exigencias diarias, concluyen, puede ser un pilar más sólido para el equilibrio emocional de lo que se pensaba.

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