Tucumán perdió 37.000 hectáreas de bosque en una década: los tres departamentos que concentran el golpe
Un investigador siguió los datos satelitales de Tucumán durante una década y encontró algo que no para de crecer: 37.000 hectáreas de bosque menos. Dónde se concentra el golpe y qué se puede hacer antes de que sea tarde.
La provincia de Tucumán perdió cerca de 37.000 hectáreas de cobertura arbórea entre 2015 y 2025, una superficie que equivale a casi cuatro veces la extensión de San Miguel de Tucumán. El dato surge de la plataforma satelital Global Forest Watch, que también estimó que esa deforestación estuvo ligada a la emisión de 9,1 megatoneladas de dióxido de carbono.
Dónde se concentró la pérdida
El este provincial fue el sector más castigado. Burruyacú lidera el ranking con unas 9.300 hectáreas perdidas. Lo siguen Graneros, con 6.900, y Leales, con 4.600. Solo esos tres departamentos explican el 56% de la reducción de cobertura arbórea registrada en Tucumán durante la última década.
Qué hay detrás del cambio de uso de suelo
De acuerdo con las mismas fuentes, la agricultura permanente aparece como el principal motor de la transformación del paisaje: desde 2001 explicaría alrededor del 94% de la pérdida de cobertura arbórea en la provincia. La expansión de cultivos y pasturas empujó la conversión de bosques nativos hacia usos productivos.
La advertencia de los especialistas
El investigador David Montenegro señaló que la expansión agropecuaria derivó en «una fuerte reducción y fragmentación del bosque chaqueño nativo», con efectos acumulativos sobre la biodiversidad, la regulación hídrica y la erosión del suelo. La pérdida de continuidad del bosque vuelve más vulnerables a las especies locales y altera procesos ecosistémicos que sostienen la provisión de agua y la fertilidad de la tierra.
Qué se puede hacer
El volumen de la pérdida abre preguntas sobre la sostenibilidad de los modelos productivos actuales y sobre la eficacia de las medidas de protección del bosque nativo. Entre las acciones que suelen figurar en la literatura y en las políticas públicas aparecen fortalecer la fiscalización y el cumplimiento de la legislación ambiental, impulsar prácticas agrícolas de menor impacto —corredores biológicos, agricultura de conservación y límites claros a la expansión—, incentivar la restauración de áreas degradadas y consolidar sistemas de monitoreo permanente con imágenes satelitales.
Qué combinación de medidas aplicar dependerá de equilibrios sociales, económicos y ambientales que autoridades, productores y organizaciones civiles deberán discutir con información transparente. Los datos de Global Forest Watch y las advertencias de Montenegro dejan una conclusión clara: la pérdida de cobertura arbórea en Tucumán no es un dato aislado, sino un diagnóstico que exige definiciones estratégicas para evitar impactos ambientales y socioeconómicos mayores en el futuro.