Tucumán se blinda antes del verano: la obra clave que quieren terminar en dos meses
¿Qué obra quieren terminar en dos meses para que el agua no vuelva a entrar en las casas? La respuesta está en el plan que la Municipalidad y el Concejo discuten antes del verano.
San Miguel de Tucumán entró en la recta final antes de la temporada de tormentas 2026-2027 con obras de desagüe en marcha, un plan de contingencia municipal y un proyecto en el Concejo que busca cambiar para siempre la forma en que la ciudad maneja el agua de lluvia. La meta: frenar los anegamientos en una Capital que tiene más del 92% de su superficie urbanizada.
El antecedente inmediato explica la urgencia. Según registros de Agrometeorología de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), entre diciembre de 2025 y enero de 2026 distintas áreas agrícolas y de cuenca acumularon entre 400 y 700 milímetros de lluvia. Tras un enero con períodos secos, las precipitaciones se intensificaron en febrero y marzo: este último mes cerró con registros un 73% por encima de lo normal y anegamientos en sectores bajos. El comportamiento atípico siguió entre abril y comienzos de junio, con acumulados importantes en La Cocha y Simoca, e incluso interrupciones temporales de la zafra azucarera. El invierno seco trajo algo de alivio, pero nadie se confía.
La intendenta Rossana Chahla se reunió con los equipos de la Secretaría de Obras Públicas en la sede municipal de 9 de Julio y Lavalle para evaluar las intervenciones. La preocupación crece ante un verano con lluvias potencialmente intensas y el escenario climático asociado a El Niño. En zonas cercanas al Canal Sur, como el cruce con avenida Néstor Kirchner, hay vecinos que ya vieron entrar el agua a sus casas y reclaman que las tareas preventivas estén listas antes de las tormentas más fuertes.
Las dos obras que concentran la atención
El proyecto más avanzado se ejecuta en el barrio 360 Viviendas, con un 45% de avance. La Municipalidad prevé terminarlo en los próximos dos meses. La infraestructura no solo apunta a reducir los anegamientos en ese barrio: también beneficia a Nueva Esperanza, Independencia y Ampliación Alejandro Heredia.
La segunda intervención destacada es en el barrio Margaritas. La obra está en proceso de adjudicación, con tres empresas oferentes y un plazo estimado de seis meses. Busca mejorar el drenaje del sector noroeste de la Capital y beneficiar a Margaritas, Sitravi, Villa 9 de Julio y 11 de Febrero, zonas con antecedentes de problemas cuando las lluvias son fuertes.
Chahla explicó que la planificación se apoya en información topográfica obtenida con tecnología LiDAR, que permite identificar con mayor precisión dónde intervenir y priorizar los sectores más vulnerables. La intendenta también confirmó que se prepara un plan de contingencia para coordinar prevención y asistencia ante eventuales emergencias.
En el límite con Tafí Viejo, los trabajos se complementan con una obra provincial sobre el arroyo Nueva Esperanza. La Dirección Provincial del Agua moviliza alrededor de 3.000 metros cúbicos de suelo para construir una rampa de 80 metros que permita el ingreso de maquinaria pesada hasta el lecho. La obra debe superar un desnivel de unos 30 metros y apunta a intervenir sobre los procesos erosivos y estabilizar el cauce antes de las lluvias más intensas.
El plan que quiere cambiar las reglas del juego
En paralelo, el Concejo Deliberante empezó a discutir una propuesta para modificar la administración del agua de lluvia. Los concejales José María Canelada y Gustavo Cobos, con asesoramiento de ingenieros civiles, presentaron el proyecto para crear el Plan Maestro de Gestión Integral de Drenaje Urbano y Resiliencia Hídrica (PM-GIDU). La idea es instalar una planificación permanente por ordenanza y dejar de depender de intervenciones concentradas solo en los meses previos a cada temporada.
El punto de partida es una limitación concreta: más del 92% de la superficie urbana ya está consolidada. Por eso los autores descartan una transformación integral bajo el concepto de “ciudad esponja” y proponen intervenciones graduales y localizadas. Una de las modificaciones centrales es el criterio de Impacto Hídrico Cero: los nuevos emprendimientos de gran escala —centros comerciales, hipermercados y edificios bajo propiedad horizontal, entre otros— deberían garantizar que el volumen de agua que descargan a la vía pública no supere el que generaba el terreno antes de la construcción.
Para lograrlo, el proyecto contempla Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS): reservorios que retrasan la descarga, jardines de lluvia y superficies semipermeables. También prevé un Registro y Mapa Digital Pluvial de acceso público, donde se podrá consultar el estado de los canales, los puntos críticos de anegamiento y los cronogramas de limpieza preventiva.
Canelada y Cobos plantearon que la “ciudad esponja” debe ser una orientación parcial y localizada, no una transformación total de una estructura ya construida. El objetivo, según los fundamentos, es evitar que las nuevas edificaciones sigan aumentando la escorrentía superficial.
Así, la Capital llega a los meses previos al verano con dos frentes abiertos: terminar desagües, mantener imbornales y cauces limpios y responder rápido durante las tormentas, mientras se debate una planificación de fondo para que el crecimiento urbano no siga empeorando el problema.