Un abogado laboral que llegó a Harvard lanzó una advertencia sobre la industria en la región: "Escenario terminal"
Dice que no hay política de Estado que empuje a las industrias a ser competitivas y que el trabajo en plataformas no es "precarización absoluta". Su diagnóstico sobre lo que viene en el empleo, en sus palabras.
El abogado laboralista y docente universitario Pablo Cerra fue contundente al describir el presente productivo del sur santafesino: "La actividad industrial en la región está en un escenario terminal". En una entrevista con La Capital, el profesional advirtió que la ausencia de políticas de Estado de largo plazo condena a las empresas locales a competir en desventaja.
Según su análisis, el problema de fondo no es la falta de capacidad de las fábricas, talleres y pymes que conviven en la zona —metalúrgicas, siderúrgicas, maquinaria agrícola y línea blanca—, sino la inexistencia de una estrategia sostenida que mejore las condiciones de competitividad. "No hay una política de Estado que empuje a las industrias a ser competitivas", afirmó.
Cerra agregó un dato que considera determinante: los tiempos de la política industrial exceden largamente los períodos de una administración. "No hay país desarrollado que haya podido desarrollar su industria sin políticas de Estado a largo plazo, de 20 o 30 años", remarcó.
En ese marco ubicó también la competencia desigual frente a potencias como China e India, con estructuras económicas y laborales muy diferentes a las argentinas. Para el abogado, el desafío pasa por alcanzar mayores niveles de competitividad sin reducir la discusión al costo del trabajo ni desconocer los derechos laborales construidos durante décadas.
El trabajo ya no es el mismo
El diagnóstico industrial derivó inevitablemente hacia el empleo. Cerra reconoció que el escenario cambió en profundidad: "El mundo laboral mutó. La representatividad sindical no es la misma de hace 50 años".
Uno de los desafíos más urgentes, sostuvo, son las nuevas modalidades de empleo que generan la inteligencia artificial, la automatización y, fundamentalmente, las plataformas digitales. Esas relaciones laborales muchas veces no encuentran respuesta en las normas tradicionales. "No podemos decir que el trabajo en plataformas es precarización absoluta", planteó, y propuso construir una legislación capaz de acompañarlas para "darle un marco legal para que sea trabajo digno".
En ese punto fue crítico de algunos conceptos usados para presentar las modificaciones de la legislación laboral. "El ser humano debe ir diez pasos adelante", expresó, y cuestionó lo que llamó el "engaño burdo de la modernización laboral". Su premisa es clara: modernizar no debería significar eliminar protecciones existentes, sino pensar instrumentos nuevos para realidades que hace algunas décadas no existían.
"Una tolerancia inédita"
Otro de los aspectos que destacó fue el cambio en el comportamiento de los propios trabajadores frente a situaciones adversas. "Notamos una pasividad social nunca vista", afirmó.
Cerra lleva alrededor de dos décadas participando de negociaciones colectivas y asegura que hoy percibe niveles de tolerancia que no había observado antes. "Hace 20 años que hago negociación colectiva y hoy hay una tolerancia inédita", sostuvo. Vinculó esa transformación con cambios profundos en la representatividad gremial y con la modificación de un modelo sindical que, a su entender, fue ejemplo en el mundo por su búsqueda de mecanismos de negociación entre capital y trabajo. Ese proceso lo observa "con mucho dolor".
La educación pública como bandera
En un tramo más personal, Cerra se definió como "hijo de la educación pública" y vinculó su trayectoria a las posibilidades que le dio el sistema educativo argentino. Recordó sus especializaciones en Harvard y en la Universidad de Castilla-La Mancha, pero puso el acento en el camino recorrido: "Llegué a Harvard gracias a la educación pública, desde el jardín hasta mi maestría".
Contó que sus padres no fueron profesionales —su padre terminó la secundaria a los 70 años y su madre alcanzó sexto grado— y que hoy tiene una hija médica y un hijo abogado. "Eso es fruto de la educación pública", afirmó. Sobre el presente de la universidad pública, lo calificó como "durísimo" y la definió como "nuestra última barricada de defensa de soberanía".
Newell's, la otra pasión
La entrevista también recorrió su faceta como dirigente de Newell's Old Boys. "Fue la decisión más difícil de mi vida", reconoció sobre su ingreso a la vida dirigencial rojinegra. Explicó que su vínculo con el club tiene raíces familiares y describió las exigencias de conducir una institución deportiva en Rosario: "Ser dirigente en Rosario es tremendo porque podés hacer todo bien, pero si el domingo la pelota pega en el palo y sale, no sirvió de nada".
Destacó el trabajo con dirigentes jóvenes y la tarea de scouting en la región. "Tenemos una comisión con chicos de 30 años que son los dirigentes del futuro y del presente", señaló, y consideró que la institución trasciende pertenencias políticas: "Newell's trasciende colores partidarios".
Rosario como motor
Pese al duro diagnóstico, Cerra cerró con una mirada hacia adelante basada en las capacidades productivas y humanas de la zona. "Rosario siempre demostró ser el motor de la región y del país", afirmó. Y eligió terminar con una expectativa: "Aspiro a tener esperanza en esas oportunidades a pesar del momento que estamos viviendo".
La discusión que propone va más allá de la coyuntura: qué modelo productivo tendrá la Argentina y qué lugar ocupará la industria dentro de él.