Un agrónomo sanjuanino revisó 30 años de datos de El Niño y desarmó el mito que todos repiten en San Juan

Cristian Albors subió al escenario de Expo Innova Cuyo con una frase que descolocó a todos: "El superniño no existe". Detrás de esa afirmación hay 30 años de registros que contradicen lo que casi todos dan por sentado sobre las heladas y la lluvia en San Juan. El dato que más sorprendió a los productores...

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Un agrónomo sanjuanino revisó 30 años de datos de El Niño y desarmó el mito que todos repiten en San Juan
Un agrónomo sanjuanino revisó 30 años de datos de El Niño y desarmó el mito que todos repiten en San Juan

El ingeniero agrónomo Cristian Albors subió al escenario de Expo Innova Cuyo con una frase que descolocó a más de uno: "El superniño no existe". Docente e investigador de la Cátedra de Climatología Agrícola de la Facultad de Ingeniería de la UNSJ, que codirige junto a la ingeniera Adriana Caretta, presentó este jueves en Pocito un repaso de tres décadas de registros sobre El Niño y su impacto en el agro del Valle de Tulum.

La conclusión central fue incómoda para el sentido común: el fenómeno climático que este año alcanzó una anomalía de 1,9°C en el Pacífico ecuatorial, al borde del umbral "muy fuerte", explica apenas una parte menor de lo que pasa con las heladas, la lluvia o el verano sanjuaninos.

Qué es El Niño y por qué no hay "superniño"

Albors recordó que El Niño es un fenómeno natural, sin relación con el cambio climático, que se repite de forma irregular cada dos a siete años. Consiste en un calentamiento del océano Pacífico sobre la línea del Ecuador que eleva la temperatura por encima de los 23-24°C de referencia histórica. Fueron pescadores peruanos quienes lo detectaron por primera vez, al notar que solía coincidir con la Navidad.

Ante el público, el investigador fue tajante: la categoría de "superniño" no existe en la escala científica. La clasificación técnica distingue entre episodios débiles, moderados, fuertes y muy fuertes según cuántos grados supera la temperatura de referencia en la zona 3.4 del Pacífico: un grado para los débiles, 1,5°C para los moderados y 2°C o más para los muy fuertes.

Trece países —entre ellos Estados Unidos, Japón, Australia, China y Alemania— corren modelos de pronóstico a nivel mundial, detalló Albors. Argentina no tiene uno propio. Según esos modelos, hay 100% de probabilidad de que el fenómeno continúe hasta noviembre de 2026, con proyecciones de Estados Unidos y Australia que lo extienden hasta febrero de 2027.

Lo que los datos dicen sobre las heladas

El repaso de los registros desarma buena parte de lo que se da por sentado. La fecha de la primera helada no muestra ninguna correlación con El Niño: en los seis inviernos con el fenómeno de los últimos 30 años, la fecha promedio no se adelantó ni se atrasó respecto del 1° de junio tomado como referencia. La fecha de la última helada tampoco: según el estudio, El Niño explica apenas el 2% de esa variable.

Por eso, sostuvo Albors, las heladas tardías del 7 y el 14 de septiembre de 2026 no encuentran explicación en el fenómeno. Apuntó, en cambio, a una masa de humedad que completa un ciclo de aproximadamente 30 días alrededor del Ecuador y que tiene mayor incidencia sobre San Juan.

La cantidad de heladas por año tampoco resultó más benigna en los años Niño: los años neutros de los últimos 30 períodos promediaron 30 días con temperaturas bajo cero, contra 31 en los años Niño. Dentro de septiembre, el patrón es parejo más allá del fenómeno: la primera quincena tuvo helada en los 30 años de la serie, y la segunda, en 3 de cada 10.

Las mínimas de septiembre más bajas de las últimas tres décadas —4,1°C bajo cero en 1996 y 3,8°C bajo cero en 2013— se registraron en años neutros, no en años Niño. En estos últimos, el mínimo de la serie fue de 2,6°C bajo cero, en 2002. La helada del 7 de septiembre de 2026 llegó a entre 4°C y 4,1°C bajo cero según la zona, un valor que Albors comparó con los años neutros más extremos, no con los años Niño.

La paradoja de las horas frío

El único indicador en el que El Niño mostró peso real fue el de las horas frío, la acumulación de temperaturas de entre 3°C y 7°C que frutales y vid necesitan para salir del reposo invernal: el fenómeno explicaría el 25% de su variación histórica.

Pero el dato de 2026 contradijo la expectativa. En el Niño muy fuerte de 1997 —el año en que, según recordó Albors, el río San Juan bajó "de orilla a orilla"— se acumularon 783 horas frío; en el de 2015, tras una seguidilla de años secos, 714. En el actual, también clasificado como muy fuerte, el acumulado ya llegaba a 890 horas al momento de la charla: más que en los dos antecedentes de intensidad comparable, pese a que el promedio histórico de los años Niño (850 horas) es más bajo que el de los años neutros (930) y, sobre todo, que el de los años Niña (1.100).

Mes por mes, agosto resultó el que más explica esa variación: la temperatura de la zona 3.4 influiría en un 34% sobre las mínimas de agosto, muy por encima de septiembre (5%), julio (13%), octubre (0%) y junio y mayo (1% cada uno). En los años Niño, la mínima promedio de agosto es de 4,4°C, contra una media general de 2°C y un promedio de 2°C en los años Niña.

Sobre los grados día de verano —calculados de agosto a abril—, la influencia de El Niño cae al 4%, equivalente a apenas 115 grados día adicionales por año: un efecto que Albors calificó de prácticamente nulo.

Más Niño, menos lluvia en San Juan

En precipitaciones, el patrón también se apartó de lo esperable. A nivel nacional, los años Niño suelen traer más lluvia al norte argentino, el Litoral, el sur de Brasil y, en menor medida, parte de la región pampeana. En San Juan ocurre lo contrario: el promedio de los 33 años sin El Niño de la serie fue de 84 milímetros anuales, mientras que en los años Niño débiles bajó a 71 milímetros, y siguió cayendo a medida que aumentaba la intensidad del fenómeno.

El mayor evento de lluvia de toda la serie —152 milímetros en tres días consecutivos, en febrero de 2014— ocurrió, de hecho, en un año neutro, sin relación con El Niño.

La cordillera, el límite que cambia las reglas

Albors explicó la aparente contradicción de las horas frío de 2026 por la posición de San Juan al pie de la Cordillera de los Andes, de casi 5.000 metros de altura, que generaría lo que llamó una "desconexión territorial": los valles sanjuaninos, en una zona de transición entre el océano Pacífico y la alta montaña, responderían de manera más errática a la señal de El Niño que otras regiones del país.

La propia Secretaría de Recursos Hídricos de la provincia confirmó en los últimos días ese escenario atípico: los primeros relevamientos visuales ubicaron la nieve acumulada en hasta tres metros en algunos sectores de la cordillera sanjuanina, muy por encima de los registros de las temporadas recientes, con antecedentes comparables en 1987 y 1997. El pronóstico de escurrimiento del río San Juan para el ciclo 2026-2027, que determinará cuánta de esa nieve se traducirá finalmente en agua disponible, está previsto para la segunda quincena de octubre.

Por qué la helada de septiembre dolió más

Consultado por el público sobre la magnitud de los daños de la helada del 7 de septiembre de 2026, Albors explicó que se combinaron dos factores. Las horas frío necesarias para salir del reposo invernal se cumplieron plenamente durante el invierno de 2026 en la mayoría de las variedades de vid y de frutales: una vez satisfecha esa exigencia, la planta queda apta para brotar o florecer, pero necesita además un estímulo de temperatura, en este caso, una temperatura diurna sostenida por encima de los 20°C.

Los eventos de viento Zonda registrados durante agosto de 2026 aportaron exactamente ese estímulo y adelantaron la brotación: en promedio 11 días en toda la provincia, y hasta 15 días en vid de pie franco y en almendro. Esa combinación —horas frío ya cumplidas y brotación adelantada por el Zonda— dejó a las plantas más expuestas al momento de la helada, lo que explica, según Albors, un daño equivalente a la pérdida de varias cosechas.

Entre el miedo y la información

Albors cerró la charla retomando una encuesta reciente en medios de comunicación, según la cual ocho de cada diez sanjuaninos manifiestan algún temor ante la llegada de El Niño, principalmente por las tormentas intensas y las inundaciones urbanas. Frente a ese dato, planteó al público una disyuntiva: informarse para prevenir, o dejarse ganar por el miedo.

"El miedo nos paraliza", dijo, y llamó a productores y técnicos a reaccionar frente a la situación climática en lugar de resignarse a ella.

La agenda del viernes 2 de octubre, último día de Expo Innova Cuyo, debió reorganizarse y acortar su horario por una alerta de viento Zonda: el mismo fenómeno que adelantó la brotación de buena parte de la vid y los frutales sanjuaninos y los dejó más expuestos a la helada de septiembre. La actividad se desarrollará de 9 a 14 hs.

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