Un chico de 13 años, una playa y el destino de la Segunda Guerra: la historia jamás contada
¿Sabías que un adolescente anónimo en una playa fue clave para que Einstein alertara a Roosevelt sobre la bomba atómica? La historia detrás del Proyecto Manhattan te va a sorprender.
Un adolescente que jugaba en la arena, una secretaria decidida y un puñado de científicos exiliados. Esa combinación inesperada fue la que, según revelan archivos históricos, llevó al mundo a la era atómica. Sin ellos, quizás hoy la historia sería otra.
Corría el año 1939. Europa se encaminaba a la guerra y Alemania ya había acumulado todo el uranio disponible de las minas checas. Los científicos en Estados Unidos comprendieron que los nazis investigaban la fisión nuclear y que había que ganarles de mano.
¿Quiénes eran los científicos que sonaron la alarma?
Enrico Fermi, el físico italiano que había huido del fascismo, lideraba las investigaciones sobre la reacción en cadena. Lo acompañaban tres húngaros: Leo Szilard, Edward Teller y Eugene Wigner. Todos refugiados. Todos sabían que necesitaban convencer al presidente Roosevelt de que financiara el proyecto atómico.
La clave era Albert Einstein, el científico más famoso del mundo, que vivía en Princeton. Una carta suya al presidente podía cambiar el rumbo de la historia.
El encuentro fortuito en la playa de Peconic
A finales de julio de 1939, Szilard y Wigner viajaron a Long Island para encontrar a Einstein, que estaba de vacaciones en un pueblo llamado Peconic. Sin dirección exacta, deambularon bajo el sol abrasador hasta que un chico de 13 o 14 años, que tonteaba en la playa, se ofreció a ayudarlos.
“¿Un viejo medio pelado, con cara de loco y el pelo revuelto?”, preguntó el muchacho. “Sí, vive a trescientos metros de aquí”. Minutos después, los científicos estaban frente a Einstein, que vestía pantalones cortos y sostenía un violín. Del chico nunca se supo más nada.
La carta que alertó a Roosevelt
El 2 de agosto de 1939, Einstein dictó una carta en alemán que Teller tradujo al inglés. En ella mencionaba los trabajos de Fermi, alertaba sobre el peligro de que Alemania desarrollara una bomba atómica y sugería una intervención rápida del gobierno. “Una sola bomba podría destruir un puerto entero”, escribió.
Pero la carta no llegó de inmediato a Roosevelt. El financista Alexander Sachs, encargado de entregarla, cometió el error de leerla palabra por palabra en el Salón Oval. El presidente, abrumado por el lenguaje técnico, dijo: “Tal vez sea prematuro. Nombraremos una comisión investigadora”.
El papel decisivo de la secretaria
Sachs, desesperado, recurrió a Marguerite LeHand, la secretaria personal de Roosevelt. Tras rogarle, logró que lo incluyera en el desayuno presidencial del día siguiente. Allí, en cinco minutos, Sachs contó la historia de Robert Fulton y Napoleón, y Roosevelt entendió la urgencia: “¿Querés decir que hay que evitar que los alemanes nos hagan saltar por el aire?”.
El 19 de octubre de 1939, Roosevelt respondió a Einstein y puso en marcha el Proyecto Manhattan, que seis años después daría origen a la bomba atómica.