Un colegio de Santa Fe propone un pacto entre familias para postergar el primer celular: así funciona
600 familias, un pacto por curso y una sola meta: que los chicos no tengan celular propio tan temprano. El colegio de Santa Fe ya puso fecha al primer acuerdo y así lo explicó su rector.
El Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe lanzó una propuesta voluntaria para que las familias de un mismo curso o sala acuerden pautas comunes sobre el acceso de los chicos a celulares, redes sociales y pantallas. La iniciativa está pensada para jardín y primer ciclo de primaria, y según estimaciones de la institución podría involucrar a unas 600 familias.
La idea central es que los adultos de un mismo grupo escolar se pongan de acuerdo para postergar la entrega del primer teléfono personal, retrasar la apertura de perfiles individuales en redes sociales y, en el caso de los más chicos, fijar tiempos de exposición a las pantallas.
Un acuerdo colectivo, no una prohibición
El rector de la institución, Emanuel Sicre, explicó que la propuesta no busca prohibir la tecnología, sino generar un marco compartido entre las familias. "El objetivo es ofrecer una plataforma de acuerdos para que las familias puedan regular de manera conjunta el acceso al mundo digital, donde no haya un abandono en las pantallas ni tampoco una prohibición que después no se pueda cumplir", sostuvo en diálogo con Veo Noticias.
Para que el pacto se active en una sala o grado, debe contar con la adhesión de más del 50% de las familias de ese grupo. La intención es que las decisiones sobre el uso de dispositivos no queden aisladas en cada hogar, sino que se construyan criterios comunes.
Postergar el celular y las redes
La propuesta apunta especialmente a los más pequeños, incluidos nenes de tres y cuatro años que todavía no tienen teléfono propio. Sicre aclaró que no se aplica de manera retroactiva sobre quienes ya cuentan con un celular o perfiles en redes, sino que establece pautas para quienes aún no accedieron a esas herramientas.
"Hay un espacio en donde los chicos no pueden decir que no y los adultos sí tenemos que aprender a decir que no y ayudarlos en eso", expresó el rector. Y agregó: "Queremos ofrecerles a los chicos una garantía para que puedan vivir el acceso al mundo digital de una manera autónoma, pero mediada por el adulto".
El tiempo frente a las pantallas
Para los alumnos más chicos, el acuerdo también contempla fijar tiempos de exposición a las pantallas adecuados para cada edad. La idea es que la tecnología no desplace otras actividades propias de la infancia.
Sicre consideró que el problema no es solo de los chicos, sino también de los hábitos adultos. "La dependencia es de todos. Los niños son espejo de lo que los adultos hemos creado", afirmó. Y sumó: "La dependencia repercute en el juego, en el aprendizaje, en los vínculos y en las formas en las que se concibe el mundo y nos relacionamos entre nosotros".
Ni prohibición total ni acceso sin límites
Desde el colegio remarcaron que la propuesta busca un punto intermedio entre el acceso irrestricto a la tecnología y una prohibición absoluta difícil de sostener. El objetivo es que los chicos incorporen herramientas digitales de manera progresiva, con acompañamiento adulto y pautas acordadas de antemano.
Para Sicre, se trata de construir una "palabra adulta que cuida" en un contexto donde el acceso a celulares y redes comienza a edades cada vez más tempranas.
Un acuerdo que involucra a toda la familia
La propuesta no se limita a padres y madres. Quienes adhieran deben comunicar las pautas al entorno cercano del chico: abuelos, tíos, hermanos mayores y otras personas que participen de la crianza. Así se evita que los criterios acordados en el hogar sean contradichos por otros adultos.
"La familia se compromete a informar al entorno del menor, porque toda esa gran familia también hace a la atmósfera de crianza de un chico o una chica", explicó Sicre.
La institución estima que la iniciativa podría alcanzar a unas 600 familias y apunta a que la construcción de acuerdos entre adultos permita establecer pautas comunes sin convertirlas en una prohibición general. El objetivo, según el rector, es acompañar a los chicos en su incorporación al mundo digital con límites sostenibles y participación activa de los adultos.