Un cóndor apareció herido en la Patagonia: la reacción de casi mil personas cuando lo vieron volver
Un poblador lo encontró quieto, sin poder volar y con una herida. Dos meses después, casi mil personas se reunieron en Sierra Grande para ver qué pasaba cuando le abrieran la jaula. Kurruf no las defraudó.
Casi mil personas se congregaron este jueves alrededor de las 10 en Sierra Grande para presenciar un hecho inédito en la zona: la liberación de Kurruf, un cóndor andino macho de cinco años que había sido rescatado dos meses antes con una herida que le impedía volar.
El ejemplar, que ya luce el plumaje blanco y negro de los adultos, fue hallado a mediados de julio por un poblador de la región. El ave estaba quieta, sin poder alzar vuelo y con una lesión en la cloaca, probablemente causada por una pelea con otro animal.
«Inmediatamente aplicamos el protocolo que tenemos de rescate y en tres días lo teníamos ya en un centro de rescate de alta complejidad y aislamiento humano», explicó Daniela Reygert, bióloga de la Base de campo del Programa de Conservación Cóndor Andino del Ecoparque de Buenos Aires, quien trabaja junto a los guardaparques Camila Benítez y Gonzalo Cóceres.
De Salta a Sierra Grande: la historia de un sobreviviente
La vida de Kurruf no fue sencilla. Años atrás había sido rescatado en Salta sin poder volar y, tras rehabilitarse en el Centro de Rescate y Cría de la Fundación Temaikèn, en Buenos Aires, formó parte de la histórica liberación masiva del 17 de septiembre de 2021 en la misma región patagónica.
Desde entonces aprendió a vivir en libertad, a buscar su propio alimento y a cumplir el rol de carroñero que limpia el ambiente y favorece a otras especies. Pero la rutina se quebró a mediados de julio pasado.
Kurruf volvió a viajar a Buenos Aires, recibió tratamiento veterinario y mostró una recuperación veloz. Con el apoyo logístico de Aerolíneas Argentinas, el ave emprendió el regreso a casa.
Una liberación distinta
La elección del lugar no fue casual: se trató de la primera liberación realizada directamente en Sierra Grande. A diferencia de los operativos que se llevan a cabo en Sierra Pailemán, pensados para pichones sin experiencia de vuelo que requieren monitoreos especiales, en este caso se aprovechó que Kurruf ya sabe volar y conoce el territorio.
La liberación, realizada en vísperas de cumplirse cinco años de la primera, movilizó a toda la comunidad. «Me sorprendió mucho la cantidad, la convocatoria que hubo de gente, muchos niños de diferentes escuelas vinieron a participar, respetaron mucho el silencio que solicitamos para que pueda volar», relató Reygert.
Estaba soleado y, aunque aparecían algunas ráfagas de viento, nada impidió la convocatoria. De hecho, el viento fue una ventaja para el cóndor. Se tomó su tiempo, estiró las alas, dio un par de aleteos, aprovechó una corriente y se largó directo al cerro de enfrente.
Un programa con números gigantes
Detrás de este rescate, recuperación y movilización hay cifras que dimensionan el trabajo del Programa de Conservación Cóndor Andino, nacido en agosto de 1991. Según detalló Luis Jacome, referente del programa, ya se lograron rescatar 587 ejemplares en Argentina, un número enorme si se compara con la población total de países vecinos como Colombia o Ecuador.
El trabajo en la costa atlántica de la Patagonia tiene además un valor histórico incalculable. Tal como contó Jacome, los cronistas de antaño veían cóndores volando cerca del mar en 1830, pero la especie se había extinguido allí hacía más de un siglo. Con las liberaciones sostenidas desde 2003, que ya suman más de 70 ejemplares en la zona, los cóndores volvieron a unir el corredor biológico entre la cordillera y el mar.
Esta liberación resulta un hito no solo para los equipos de conservación, sino también para las comunidades originarias de la región, ya que la presencia del cóndor va mucho más allá de lo ecológico: es un animal sagrado.
Acerca de Kurruf, Jacome expuso: «Cada cóndor tiene su personalidad como la gente, son animales muy inteligentes. Kurruf siempre fue un animal curioso, sumamente inquieto e interesado en su alrededor».
Hoy, con su plumaje de adulto y una madurez sexual que está a punto de alcanzar, Kurruf pisa firme otra vez en su territorio. El sueño de los especialistas es que logre formar pareja con alguna de las hembras ya avistadas en la zona, como dos ejemplares liberados en 2019 y 2021, y que la población silvestre siga sumando nuevos nacimientos. Mientras tanto, en los cerros patagónicos, el viento sigue soplando y el gran carroñero recuperó su lugar en el cielo.

Foto: gentileza Matías Maldonado.



