Un crimen que duró dos décadas: la verdad detrás del canasto de cemento que estremeció a Japón

Un canasto de cemento, una desaparición de casi 20 años y un juicio que reveló una historia familiar desgarradora. ¿Cómo logró un hombre ocultar un crimen tan brutal durante dos décadas? Los detalles del caso que conmovió a Japón.

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Un crimen que duró dos décadas: la verdad detrás del canasto de cemento que estremeció a Japón

Un hombre fue condenado por un crimen que mantuvo oculto durante casi veinte años, tras un hallazgo macabro que destapó una historia de abandono y violencia. La justicia japonesa sentenció a Noriyuki Iimori a ocho años de prisión por la muerte de su sobrina de seis años, Reina Iwamoto, cuyo cuerpo fue encontrado oculto en cemento. El caso, que data de finales de 2006, recién se resolvió tras un descubrimiento policial en 2025.

¿Cómo se descubrió el crimen oculto?

El cuerpo de la pequeña Reina Iwamoto fue hallado en febrero de 2025 dentro de un canasto lleno de cemento. La policía lo encontró en una vivienda de la ciudad de Yao, en la prefectura de Osaka. Este macabro descubrimiento puso fin a una desaparición que se remontaba a entre fines de diciembre de 2006 y principios de enero de 2007.

Según la acusación, Iimori, de 42 años, estaba a cargo del cuidado de la niña debido a problemas familiares. En un episodio de violencia, la golpeó brutalmente: le dio un puñetazo en el rostro y la pateó en la espalda y la cintura. Las lesiones le provocaron un shock traumático que terminó con su vida.

La desesperada maniobra para ocultar la verdad

Después de causar la muerte de la niña, Iimori colocó su cuerpo en un canasto y lo llenó de cemento. Casi 18 años después, en noviembre de 2024, el hombre trasladó el canasto en un carrito desde una casa de Yao a otra en la misma ciudad, en un intento desesperado por seguir ocultando el cuerpo.

Durante el juicio en el Tribunal del Distrito de Osaka, los fiscales remarcaron que Iimori había asumido el rol de padre de Reina debido a la situación de abandono y maltrato que sufría la niña en su familia. “Estaba en una posición en la que debía criarla responsablemente”, señalaron, pidiendo una condena de 12 años de prisión.

Noriyuki Iimori fue condenado a ocho años de cárcel por el crimen. (Foto: gentileza ANN).

Noriyuki Iimori fue condenado a ocho años de cárcel por el crimen.

Una infancia marcada por el dolor

La historia de Reina Iwamoto es profundamente trágica. Nacida en el año 2000, desde muy pequeña vivió situaciones de abandono. Su madre, media hermana de Iimori, tenía graves problemas económicos y deudas, lo que la llevó a trabajar y vivir en un local de entretenimiento para adultos, dejando a Reina al cuidado de otros familiares.

El abuelo de la niña no quería hacerse cargo y fue acusado de maltratarla. La abuela, que finalmente la cuidó, desarrolló demencia y no pudo continuar. Fue así como Noriyuki Iimori terminó asumiendo el rol de tutor de la pequeña.

En el juicio, el hombre recordó que al principio Reina era “tímida y se escondía detrás de su mamá”, pero con el tiempo se encariñó con él y llegó a llamarlo “papá”. Compartían salidas de pesca y juegos, pero esos momentos felices tuvieron un final abrupto.

El juicio y las lágrimas tardías

Para la fiscalía, el crimen fue “una feroz agresión motivada por la ira”, ya que Iimori se enfureció porque la niña no le hacía caso. “La dignidad de Reina fue violada incluso después de su muerte”, subrayaron los fiscales durante el proceso.

La defensa, en cambio, argumentó que Iimori no tenía experiencia como padre y que se vio obligado a criar a la niña porque no tenía a nadie más. Sostuvieron que actuó bajo un estrés extremo y que mostró arrepentimiento, por lo que pidieron una condena menor, de hasta 4 años de prisión.

Durante el proceso judicial, Iimori rompió en llanto varias veces al hablar de Reina. Sin embargo, la Justicia fue contundente: lo encontró culpable de causar la muerte por lesiones y de abandonar el cuerpo, imponiéndole una sentencia de ocho años de prisión este miércoles.

El caso permaneció oculto a la vista de todos durante casi dos décadas, hasta que el hallazgo del cesto con los restos de Reina permitió reconstruir la historia y llevar a juicio al hombre que una vez ella llamó papá.

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