Un diagnóstico que lo paralizó a los 19 años: la increíble historia del atleta que desafía a la esclerosis múltiple
Un diagnóstico devastador a los 19 años pudo haberlo detenido, pero eligió un camino distinto. Descubrí cómo Fernando Champomier transformó el límite en su mayor motivación para competir en las pruebas más extremas del planeta.
Fernando Champomier perdió la sensibilidad en sus piernas mientras lideraba una carrera de ciclismo. Ese episodio, a los 19 años, derivó en un diagnóstico de esclerosis múltiple que pudo haberlo alejado del deporte para siempre. Sin embargo, hoy, con 41 años, compite en triatlones e Ironman alrededor del mundo, transformando su condición en un motor de superación.
La historia de Champomier es un testimonio de resiliencia. Durante aquella competencia ciclística, no solo terminó la prueba con gran dificultad, sino que al intentar subir al podio no podía coordinar sus pasos. Horas después, los médicos le dieron la noticia que cambiaría su vida.
Las primeras señales y las preguntas sin respuesta
Los síntomas habían comenzado antes. A los 15 años, Fernando experimentó un episodio de diplopía, un trastorno que provoca visión doble, que en ese momento nadie supo explicar. Con el tiempo, las señales se repitieron hasta que los especialistas pudieron ponerle un nombre a lo que le ocurría.
El diagnóstico abrió una etapa de incertidumbre. En diálogo con TN, Champomier reveló que sus tres grandes preocupaciones al hablar con el médico fueron si podría ser padre, si perdería el cabello y, crucialmente, si podría seguir practicando deporte.
Hoy, con un hijo y tras comprobar que podía seguir entrenando con cuidados, tomó una decisión firme: el deporte no iba a desaparecer de su vida. Nacido en Tierra del Fuego, siempre tuvo una fuerte conexión con la actividad física, descubriendo que su ventaja era la capacidad para sostener esfuerzos prolongados.
Así se acercó a los deportes de resistencia, comenzando con remo y mountain bike, hasta que el triatlón, que combina natación, ciclismo y running, capturó su atención y se transformó en un objetivo claro.
El entrenamiento como terapia y el camino al Ironman
“Cuando logré ordenar mi vida luego de recibir el diagnóstico, quise saber cuál era la carrera más dura que existía en ese momento. Me dijeron que era el Hombre de Piedra. Y hacia ahí fui. La terminé”, relató Fernando a TN. Tras esa experiencia, inició su camino en duatlones y, poco después, en triatlones.
El entrenamiento se convirtió en su forma de convivir con la enfermedad. Champomier explica que alterna disciplinas para equilibrar el esfuerzo: si corre muchos kilómetros y siente los pies cansados, se mete al agua a nadar. “No todas las jornadas son iguales. Hay días buenos y otros más difíciles”, admitió. Cuando el cuerpo no responde, baja el ritmo, pero nunca deja de moverse.
Su primer triatlón fue en Mar del Plata, una experiencia lejos de ser perfecta donde, sin experiencia en natación, tragó mucha agua pero logró terminarla. Eso le confirmó que ese era su camino. Con los años llegó el desafío mayor: el Ironman, una de las competencias más exigentes del mundo. Tras consultar a su neurólogo y organizar el viaje, decidió hacerlo, invitando a su padre para que lo acompañara.
Hoy, Fernando es profesor de Educación Física, trabaja con chicos con discapacidad y utiliza las redes sociales para compartir su historia, siempre aclarando que no brinda consejos médicos. Asegura que el deporte no cambió la enfermedad, pero sí su forma de enfrentarla, dándole herramientas para vivir más en el presente.
Su calendario sigue lleno: planea un Full Ironman en Chile, un Half Ironman en Paraguay y la Copa Argentina de triatlón en Mar del Plata. Al cruzar la meta, siente una mezcla de satisfacción y una pequeña tristeza porque el juego termina. “Para mí es llegar a un acuerdo con mi cuerpo para que me deje hacer lo que me gusta”, resumió.
Si tuviera que resumir su filosofía, Fernando no duda: “Me adapto y sigo. Porque la vida no te espera”. *Redacción: Lola Blasco.