Un disparo le cambió la vida: la batalla silenciosa que enfrenta tras quedar en silla de ruedas
A los 20 años, un disparo en la columna lo condenó a una silla de ruedas. Pero su batalla más dura no fue la física, sino contra los prejuicios y el redescubrimiento de su propia vida íntima. Esta es la historia de una superación que pocos se atreven a contar.
La vida de Damián Dimare dio un vuelco total a los 20 años, cuando un ataque de motochorros lo dejó con una lesión medular irreversible. “Me dijeron: ‘te vas a tener que acostumbrar a una vida en silla de ruedas’. Y a uno se le acaba el mundo”, confiesa sobre el momento en que recibió el diagnóstico que marcaría su futuro.
La bala impactó en su columna durante el asalto, un hecho violento que derivó en una consecuencia para la que nadie está preparado. La noticia médica no solo significó aprender a moverse de otra manera, sino también enfrentarse a un mundo de prejuicios y a la reconstrucción de su propia identidad.
La mirada ajena y el peso de los prejuicios
Para Damián, uno de los desafíos más constantes es lidiar con la percepción de los demás. Un hombre joven y tatuado en silla de ruedas suele generar historias en la mente de quienes lo ven. Él mismo lo reconoce: “Hay gente que piensa que estaba metido en algo raro o que me escapaba de la policía”.
Esa sospecha social se suma a una lucha interna. “Cómo me veo yo todavía es algo que sigo trabajando. Me cuesta mucho no sentirme una carga para una pareja o incluso para un amigo”, admite. Explica que su estado de ánimo fluctúa: “La cabeza juega mucho. Hay momentos en los que uno se siente fuerte y otros en los que vuelve esa idea de que podés ser una carga”.
Un tema tabú: la sexualidad después de la lesión
Uno de los cambios más profundos y menos discutidos ocurrió en un ámbito íntimo: su sexualidad. “Fue un cambio muy drástico”, afirma Damián. “Es algo que todavía sigo intentando laburar”.
La lesión medular alteró radicalmente la forma en que experimenta el deseo, el contacto físico y el placer. Durante mucho tiempo, careció por completo de información sobre discapacidad y sexualidad. “Cuando te pasa algo así pensás que todo se termina, que ya no va a ser lo mismo”, relata.
Con el tiempo y la experiencia, comenzó a comprender que la vivencia sexual se transforma, pero no se extingue. “Hay cosas que son mentalmente distintas, claro. Pero eso no quita el disfrute”, sostiene con una perspectiva que encontró tras un largo camino.
La rehabilitación: un viaje hacia la independencia
El proceso de recuperación no fue sencillo. Tras pedir el alta médica, estuvo tres meses en su casa porque su obra social no la autorizaba. Un día, su madre lo llevó “de incógnito” a una consulta, con un bolso enorme de ropa. “Yo estaba muy enojado”, recuerda.
Ese viaje terminó en una clínica donde permaneció cuatro años, primero internado y luego de manera ambulatoria. Fue el lugar donde aprendió, paso a paso, a reconstruir una vida distinta y a recuperar su independencia en actos cotidianos como ir al baño, bañarse o ponerse unas zapatillas.
“Ahí entendí cómo introducirme a la discapacidad”, reflexiona Damián. En ese mismo lugar, la directora de la clínica, Fabiana, al verlo pasar horas leyendo y dibujando, le hizo una propuesta inesperada: que se dedicara al tatuaje. “Yo le decía que estaba loca, que era mucha responsabilidad”, cuenta.
Dos semanas después, ella apareció con un kit para empezar. “El tatuaje me salvó la vida. Me dio un propósito”, afirma hoy, señalando cómo ese arte se convirtió en un pilar fundamental para reencontrarse consigo mismo y proyectar un futuro.
Producción: Anabella Romero
Realización: Juan Pablo Chaves
Edición: Daniel Gordo Díaz