Un estudio en Posadas reveló las barreras ocultas que enfrentan los niños con discapacidad a diario

¿Sabías que en Posadas hay leyes de accesibilidad que no se cumplen? Un estudio con 384 chicos revela las barreras diarias que enfrentan. Conocé los detalles que nadie te contó.

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Un estudio en Posadas reveló las barreras ocultas que enfrentan los niños con discapacidad a diario
Un estudio en Posadas reveló las barreras ocultas que enfrentan los niños con discapacidad a diario

Un estudio de cuatro años sobre 384 niños y adolescentes con discapacidad motora en Posadas destapó una realidad incómoda: las leyes de accesibilidad existen, pero no se cumplen, y eso condiciona la vida de miles de familias.

La investigación, liderada por la kinesióloga y doctora en Salud Pública Trixia Aresti, no se limitó a enumerar obstáculos arquitectónicos. Buscó entender cómo el entorno, las veredas, los estacionamientos y hasta la conducta ciudadana se convierten en muros invisibles para quienes tienen movilidad reducida.

¿Qué reveló el estudio?

El trabajo, que demandó cuatro años, analizó las necesidades de 384 niños y adolescentes con trastornos motores. La muestra, lejos de ser casual, se construyó con datos poblacionales de Misiones y Posadas, y con información sobre personas con discapacidad motora registradas en la provincia.

“Este número no es un número al azar”, explicó Aresti en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones. La cantidad responde a criterios científicos de confiabilidad que permiten que los resultados sean representativos.

El estudio incluyó a personas con distintos niveles de movilidad: desde quienes se desplazan solos hasta quienes necesitan barandas, andadores o sillas de ruedas. Pero el foco no estuvo solo en las dificultades individuales, sino en las condiciones de accesibilidad de los espacios donde estos chicos desarrollan su vida cotidiana.

La ley que no se cumple

Uno de los puntos de partida fue el marco legal argentino, especialmente las leyes 24.314 y 24.315, que detallan cómo debería ser la accesibilidad en edificios públicos y privados. Sin embargo, Aresti fue contundente: “Hay leyes de mucho tiempo atrás, que describen a la perfección cómo tiene que ser la accesibilidad (…). Se cumplen. Sin embargo, eso no se cumple”.

La contradicción entre lo que dicta la norma y lo que ocurre en la realidad fue el motor de la investigación. “Más allá de que se cumplan o no, la investigación lo que trata es de demostrar las posibilidades que tiene una persona con discapacidad cumpliéndose o no la accesibilidad, o sea, teniendo o no barreras”, explicó.

Escuelas y centros de rehabilitación: los puntos críticos

La accesibilidad es especialmente crucial en los lugares que los chicos frecuentan a diario. Aresti mencionó las escuelas, por las leyes de inclusión escolar, y los centros de rehabilitación, donde muchos asisten casi todos los días.

“Escuelas, porque hay leyes de inclusión escolar, y centros de rehabilitación, o sea que son espacios donde la persona prácticamente va diariamente”, señaló. La accesibilidad, entonces, no puede limitarse a una rampa en la entrada, sino que debe contemplar todo el recorrido: desde la casa hasta el aula o la consulta.

“Si se cumplen determinados elementos, las personas con discapacidad pueden moverse de un punto a otro sin ninguna restricción”, sostuvo. Y agregó: “Si se cumple todo, nosotros logramos que la persona llegue en tiempo y en forma, que pueda acceder a los espacios que necesita ser atendida, ya sean de salud o espacios de educación, y que sea completamente incluida dentro de la comunidad”.

El problema va más allá de las rampas

Para Aresti, la accesibilidad no termina en las paredes de un edificio. La conducta cotidiana también genera barreras. Un ejemplo que citó: en una institución privada sobre calle Tucumán, donde hay espacios reservados para discapacidad, los padres de una escuela y una academia de taekwondo estacionan ahí mientras llevan a sus hijos.

“Los papás de ambos lugares estacionan y bajan a sus hijos, y enseñan a sus hijos chiquitos a que sí se puede estacionar en un espacio de discapacidad”, relató. Para ella, esto tiene una dimensión educativa: “Los niños aprenden más allá de lo que uno le dice, de los actos que tienen”.

“Cinco minutos” pueden ser una barrera. “Cinco minutos, tres minutos, un segundo de una persona que tiene las posibilidades motrices adecuadas o típicas, restringen”, explicó. Y puso ejemplos cotidianos: “Tirar un chicle en la calle significa que una persona que está en silla de ruedas va a ensuciarse sus manos con ese chicle”. Lo mismo con los desechos de las mascotas.

Una sociedad heterogénea

Aresti insistió en que la discapacidad es parte de la diversidad humana. “Quiero contarles que formamos parte de una comunidad, y esa comunidad tiene diversidad funcional”, dijo. Y comparó: “Así como hay personas altas y personas bajas, así como hay personas rubias y personas morochas, y así como hay personas que caminan con dos piernas, hay otros que tienen que llegar a otro lugar mediados por un elemento de accesibilidad o un elemento de movilidad”.

“Somos una sociedad heterogénea, no somos una sociedad de una sola calidad de persona y que solamente esa es la que vale”, afirmó. “Todas las personas que cubrimos nuestro suelo posadeño, nuestro suelo misionero y nuestro suelo argentino, todas tenemos valor”, agregó.

¿Qué sigue?

El estudio ya fue publicado en la revista científica indexada Salud y Ciencia. “Esto es una manera de hacer ciencia también, divulgar lo que un estudio científico ha demostrado”, explicó Aresti.

Ahora, un nuevo proyecto a través del Instituto de Investigación Transfronterizo (IRTI) permitirá comparar la situación de Posadas con Encarnación, Paraguay. “Va a ser un comparativo no solamente en accesibilidad arquitectónica, sino en políticas públicas, equipamiento y demás”, adelantó.

La especialista también se refirió al sistema de atención de personas con discapacidad, regulado por la Ley 24.901, y lo calificó de “crítico”. Tras la pandemia, los valores de los nomencladores no fueron reevaluados, y los profesionales trabajan con sesiones de 45 minutos a una hora, con valores que considera inadecuados.

“Todos los que formamos parte de los que hacemos terapias para personas con discapacidad trabajamos de a uno en uno, más o menos una relación de entre 45 minutos y una hora”, explicó.

En el tramo final, Aresti cuestionó el discurso de la meritocracia cuando no contempla las desigualdades de partida. “La meritocracia parte desde el momento que todos estamos en la misma línea largada. Si no estamos en la misma línea largada, ¿cómo vamos a llegar al primer lugar?”, planteó.

Para ella, el cambio debe empezar por cada uno. “Uno siempre dice, ¿qué hago yo respecto a lo que hace el Estado? No, empecemos por nosotros”, sostuvo. Y concluyó: “La empatía por las distintas funcionalidades es el primer eslabón para poder cambiar”.

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