Un giro inesperado en la carrera por la ONU: el movimiento de Chile que ilusiona a la Argentina
Un movimiento clave en el ajedrez diplomático internacional podría cambiar las reglas del juego. ¿Qué significa para la Argentina la sorpresiva decisión que acaba de tomar un país vecino?
La carrera por el máximo cargo de las Naciones Unidas registró un giro estratégico que podría beneficiar al candidato argentino. El gobierno de Chile, liderado por José Antonio Kast, retiró su apoyo a la expresidenta Michelle Bachelet, considerando “inviable” su postulación. Este movimiento altera el tablero regional y es visto con optimismo para las aspiraciones de Rafael Grossi.
En un comunicado escueto, la administración trasandina fundamentó su decisión. Señaló que el contexto de la elección, la dispersión de candidaturas latinoamericanas y las diferencias con actores clave hacían imposible el éxito de la postulación de Bachelet.
Sin embargo, la candidatura de la exmandataria chilena no desaparece. Al momento de su lanzamiento, contaba también con el respaldo de Brasil y México. Esta fue una jugada política del entonces presidente Gabriel Boric, quien anticipó la posibilidad de que su sucesor retirara el apoyo.
¿Cómo responde la diplomacia argentina?
Pese a las críticas públicas del presidente Javier Milei al sistema multilateral, el gobierno argentino se comprometió a apoyar y trabajar para impulsar la candidatura de Rafael Grossi. El renombrado diplomático actualmente dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Durante el lanzamiento formal de su candidatura en Buenos Aires en diciembre del año pasado, la Cancillería a cargo de Pablo Quirno designó un equipo especial. Este grupo de diplomáticos, con base en Buenos Aires, monitorea el proceso en coordinación con la representación permanente argentina en la sede de la ONU en Nueva York.
La retirada del apoyo chileno envía un mensaje contundente: Bachelet no logra un consenso interno ni siquiera en esta postulación crucial, lo que podría debilitar su carrera. No obstante, Brasil, un país de peso que busca un lugar en una hipotética reforma del Consejo de Seguridad, mantiene su respaldo.
El panorama de candidatos y la regla no escrita
La contienda por suceder a António Guterres es diversa. Además de Grossi y Bachelet, los otros postulantes son la argentina Virginia Gamba, impulsada por Maldivas; la costarricense Rebeca Grynspan Mayufis, apoyada por su país; y el senegalés Macky Sall, que cuenta con el respaldo de Burundi.
Existe una regla no escrita en la diplomacia internacional que señala que el próximo secretario general debe ser latinoamericano. En la historia de la ONU, sólo hubo uno: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, quien ocupó el cargo durante dos períodos entre 1982 y 1991.
Analistas consideran que, si la candidatura de Bachelet pierde peso, la costarricense Rebeca Grynspan Mayufis podría emerger como una competidora fuerte frente a Rafael Grossi.
La clave final: el poder de veto
La decisión final recaerá en los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Ellos deben seleccionar a un único candidato para postularlo frente a la Asamblea General.
El mecanismo es implacable: con que uno solo de estos países decida vetar un nombre, esa persona queda fuera de la carrera. Por ello, el perfil dialoguista pero firme de Grossi, forjado en complejas negociaciones con líderes como Vladimir Putin y Volodímir Zelenski, es visto como una ventaja.
En los próximos meses, las audiencias y exposiciones públicas de los candidatos empezarán a delinear con mayor claridad las posibilidades reales de cada uno. Puertas adentro de la Casa Rosada, la decisión de Kast fue recibida como una noticia alentadora para la histórica aspiración argentina.