Un golpe en el pecho que parecía un choque más terminó en una tragedia. Una cardióloga sanjuanina explicó el fenómeno que pudo haber matado a Jesús de Miguel y por qué el momento exacto del impacto lo cambia todo.
La muerte del futbolista Jesús de Miguel tras un choque con el arquero Owono reabrió el debate sobre la muerte súbita en el deporte. Una cardióloga sanjuanina explicó cómo un impacto en el pecho puede desencadenar una arritmia fatal incluso en jóvenes sin antecedentes cardíacos.
El fallecimiento de Jesús de Miguel, ocurrido después de recibir un fuerte golpe en el pecho durante un partido, conmocionó al ambiente deportivo y puso sobre la mesa un fenómeno poco conocido: la commotio cordis. Se trata de una afección rara pero potencialmente letal que puede aparecer en personas jóvenes, deportistas y sin ningún problema cardíaco previo.
En diálogo con Tiempo de San Juan, la doctora Virginia Sofía Nievas Romano, cardióloga especializada en Prevención Cardiovascular y Cardiología del Deporte, explicó que una de las hipótesis que se manejan ante un episodio así es que el impacto en la zona del tórax haya provocado una alteración eléctrica en el corazón. Lo clave, según detalló, no es la violencia del golpe sino el momento exacto en que se produce: tiene que coincidir con una fase muy precisa del ciclo cardíaco, cuando el corazón está especialmente vulnerable.
Qué pasa dentro del corazón
Durante ese breve lapso, un traumatismo puede desencadenar una fibrilación ventricular, una arritmia grave en la que los ventrículos dejan de contraerse de forma coordinada y el corazón pierde la capacidad de bombear sangre con eficacia. Así, un choque que desde afuera parece un roce deportivo más puede derivar en un paro cardíaco en cuestión de segundos.
Nievas Romano aclaró que el fenómeno no implica una descarga eléctrica externa, sino una alteración de la actividad eléctrica del propio corazón. Es decir, el golpe no electrocuta: desordena el ritmo natural del músculo cardíaco.
Los síntomas y la urgencia de actuar
La especialista remarcó que, cuando ocurre una commotio cordis, el jugador puede perder el conocimiento rápidamente, sentir debilidad o mareos y desplomarse. Por eso, cualquier deportista que cae repentinamente después de recibir un golpe en el pecho debe ser tratado como una emergencia hasta que se demuestre lo contrario. La velocidad de la respuesta puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Ante una persona inconsciente que no respira con normalidad, los pasos son claros: activar el servicio de emergencias, iniciar de inmediato las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y usar un desfibrilador externo automático (DEA) lo antes posible. Este dispositivo analiza el ritmo cardíaco y, si detecta una arritmia que lo requiere, indica aplicar una descarga para intentar restablecer el funcionamiento normal del corazón. Cada minuto sin asistencia adecuada reduce las chances de supervivencia.
Recuperar el pulso no es el final
La médica también advirtió sobre una situación que suele generar dudas: un deportista puede recuperar el pulso después de una reanimación y, aun así, sufrir complicaciones posteriores. Esto se debe a que la interrupción de la circulación sanguínea puede provocar lesiones en el cerebro y otros órganos por falta de oxígeno. Por lo tanto, recuperar el ritmo cardíaco no significa que la persona esté fuera de peligro; puede necesitar cuidados intensivos.
Revisar la seguridad en los espacios deportivos
Nievas Romano planteó que lo sucedido debe servir para revisar las condiciones de seguridad en los lugares donde se practica deporte, especialmente en clubes de barrio, canchas de fútbol infantil y torneos amateurs. Tener desfibriladores accesibles, personal capacitado en RCP y protocolos de emergencia es fundamental.
Además, aclaró que los controles cardiológicos predeportivos son importantes para detectar enfermedades cardiovasculares, aunque no permiten anticipar todos los casos de commotio cordis, ya que puede presentarse incluso en un corazón sano.
"En el deporte nos preparamos para ganar partidos. También debemos prepararnos para salvar vidas", fue la reflexión de la especialista.