Un habitante del océano que nació cuando Tucumán era apenas una idea: el increíble secreto que guarda en sus ojos
¿Qué secretos sobre la eterna juventud guarda un animal que nació en el siglo XVII? La impactante verdad detrás del vertebrado más viejo del planeta, descubierto en las profundidades del océano.
La ciencia volvió a sorprenderse con un habitante de las profundidades cuyo reloj biológico parece detenido. Investigadores internacionales confirmaron la existencia de un tiburón de Groenlandia cuya edad estimada ronda los 399 años, un hallazgo que lo posiciona como uno de los vertebrados más longevos jamás documentados. Este dato, que conecta su nacimiento con la época colonial, abre nuevas puertas para entender los misterios del envejecimiento.
El descubrimiento se basa en un estudio científico publicado en 2016 en la prestigiosa revista Science. Los investigadores analizaron a 28 ejemplares de esta especie, capturados de manera incidental en las gélidas aguas del Ártico, para desentrañar el secreto de su tiempo de vida.
¿Cómo se calcula la edad de un animal que vivió siglos?
Para un desafío de esta magnitud, los científicos recurrieron a una técnica poco convencional. En lugar de buscar métodos tradicionales, realizaron una datación por radiocarbono en las lentes oculares de los tiburones. Este tejido del ojo tiene una particularidad clave: no se regenera después del nacimiento, funcionando como una cápsula del tiempo biológica.
Al comparar los niveles de carbono encontrados con los registros históricos conocidos, lograron estimar el momento en que se formó ese tejido. Los resultados dejaron atónita a la comunidad científica.

Las cifras que reescriben la biología
El análisis arrojó datos extraordinarios. La edad promedio de los tiburones estudiados fue de al menos 272 años. Pero el ejemplar más grande, que superaba los 5 metros de longitud, se llevó todos los titulares. Las estimaciones sugieren que podría tener unos 399 años, con un amplio margen de error, lo que situaría su nacimiento alrededor del año 1627.
Esa fecha es un poderoso recordatorio histórico: mientras este tiburón comenzaba su vida en las profundidades del océano, en América se consolidaban los primeros asentamientos coloniales. Con este récord, el tiburón de Groenlandia destronó a otras especies y se coronó como el vertebrado de mayor esperanza de vida conocido.
La receta para una vida milenaria
¿Cuál es el secreto de esta longevidad descomunal? Los científicos apuntan a una combinación única de factores biológicos y ambientales. Su crecimiento es extremadamente lento, apenas cerca de 1 centímetro por año, y alcanzan la madurez sexual recién alrededor de los 150 años.
Viven en un hábitat estable y profundo, a más de 2.000 metros bajo la superficie, con un metabolismo muy bajo adaptado a temperaturas cercanas al congelamiento. Investigaciones recientes también exploran la posibilidad de que posean mecanismos genéticos especializados para reparar el ADN, lo que los haría excepcionalmente resistentes al deterioro celular.
Un gigante lento y vulnerable
Este tiburón no solo es un anciano del mar. Es un verdadero gigante que puede alcanzar los 7 metros de largo y pesar más de una tonelada. Sin embargo, su vida transcurre a un ritmo pausado: nada a menos de 2 km/h y se alimenta de lo que encuentra, desde peces y focas hasta restos orgánicos.
A pesar de su increíble capacidad para sobrevivir siglos, la especie enfrenta amenazas modernas. La pesca incidental, la contaminación y los efectos del cambio climático en el Ártico ponen en riesgo a estos testigos vivientes de la historia.
¿Qué puede enseñarnos un tiburón sobre nuestra propia vejez?
El verdadero valor de este hallazgo trasciende el récord. Para la ciencia, el tiburón de Groenlandia se ha convertido en un modelo natural invaluable. Estudiar su biología, su lento metabolismo y sus posibles mecanismos de reparación celular podría ofrecer pistas fundamentales para entender el proceso de envejecimiento en todos los vertebrados, incluidos los humanos.
Comprender cómo este animal logra mantener sus funciones vitales durante siglos con un deterioro mínimo abre un horizonte de posibilidades para la investigación médica. En el futuro, los secretos guardados en las profundidades del Ártico podrían inspirar nuevas estrategias para combatir enfermedades asociadas a la edad y mejorar la calidad de vida en la vejez.
Fuente: TN