Un hallazgo inesperado en los cerros de Catamarca que sorprendió hasta al guía más experimentado
Un cactus con forma humana, petroglifos ocultos y una víbora coral en el camino: la travesía por los cerros de Catamarca escondía secretos que ni los guías conocían.
Un recorrido por los senderos ancestrales del oriente catamarqueño deparó más de una sorpresa. El cronista R. Alberto Avellaneda, junto a guías locales, documentó un cactus con forma humana, descubrió petroglifos ocultos y se topó con una víbora coral verdadera. La travesía, que mezcla arte rupestre y encuentros con la fauna, dejó imágenes que pocos han logrado capturar.
¿Qué encontró en las lomadas de Ancasti?
Mientras recorría con el guía José "Pepe" Castillo las inmediaciones del Alero de La Mesada de Arriba, en el departamento Ancasti, Avellaneda se topó con un curioso cactus con silueta humana. La formación natural, que parece esculpida, fue registrada fotográficamente y se convirtió en una de las postales más llamativas del viaje.
La similitud que cruzó kilómetros
Pero la sorpresa no terminó ahí. El investigador halló una notable coincidencia entre representaciones rupestres separadas por decenas de kilómetros. Un ave documentada en el Alero de la Mesada de Arriba guarda un parecido asombroso con otra pintura ubicada en el exterior del Alero del Arroyo, dentro del Complejo Arqueológico de la Vieja Resfalosa, en el departamento La Paz.
Ambas manifestaciones, pese a la distancia, parecen salidas de la misma mano, lo que abre interrogantes sobre las conexiones entre las antiguas culturas que habitaron la región.
El día que rompió su propia regla
Avellaneda confesó que, por única vez, salió solo a recorrer los cerros. Fue durante la documentación del Gran Señor en el Complejo Arqueológico del Vallecito. Mientras buscaba el ángulo perfecto para fotografiar un imponente felino tallado, sintió un movimiento a sus pies: una víbora coral verdadera, con sus anillos rodeando todo el cuerpo, estaba a centímetros de sus botas.
El susto fue mayúsculo, pero la escena quedó grabada. Tras el incidente, decidió revisar las tomas y fue allí cuando descubrió algo inesperado: la piedra donde se había sentado a descansar estaba cubierta de petroglifos.
La Piedra del Cebil y su secreto milenario
Al acomodar su equipo al pie de una roca partida por una planta de cebil, notó que el asiento era incómodo por las irregularidades. Al examinarla, se encontró con un sinnúmero de petroglifos que habían pasado desapercibidos para arqueólogos, investigadores y visitantes durante años.
Estas marcas, atribuidas a cazadores recolectores, demuestran que el Complejo Arqueológico del Vallecito tuvo una ocupación prolongada, con una fuerte influencia de la Cultura Aguada a partir del 500 d.C. Además, en los alrededores del Alero de Basilio se hallaron fragmentos de cerámica Ciénaga, lo que refuerza la riqueza histórica de la zona.
El encuentro con la lampalagua
En otra jornada, junto al guía Agustín López, se dirigían al Alero de Las Galerías en el Campo de Las Piedras. Venían comentando la imponente medida del Alero de la Media Naranja: 25 metros de norte a sur, otros tantos de oeste a este, y víboras de 2,5 metros pintadas en la cúpula interior, rodeando con sus fauces a un pequeño felino.
De repente, López se detuvo en seco y pidió silencio con señas enérgicas. Una robusta lampalagua yacía estirada a lo largo del sendero, con el vientre visiblemente abultado tras haber devorado a su presa. Dormía plácidamente su digestión. Sin despertarla, continuaron su ruta hacia el Aguade las Ensenadas, donde los esperaba otro alero con pinturas rupestres.
La sabiduría popular para pronosticar lluvias
En las sierras de El Alto y Ancasti, los paisanos aún tararean una copla que anticipa lluvias: "Cuando la Perdiz Canta, y el Cielo se Nubla, dicen los Huycameros ¡Lluvia Segura...!".
Los indicios son variados: la aparición de mariposas negras, el canto del cacuy y de la golondrina, o las iguanas y lagartijas cavando hoyos a la hora de la siesta. También se dice que si la vizcacha abandona su cueva en día caluroso, teme morir ahogada; y si las vacas y caballos retozan olfateando el aire, anuncian cambio de tiempo.
Según los lugareños, el lapacho blanco y el mistol "lloran" cuando se acerca la lluvia, emitiendo quejidos. Si en días de sol se quiebran gajos del cardón sin causa aparente, es señal de lluvia. Y el cazador sabe que si la chuña canta al amanecer, el viento se levantará. La naturaleza, dicen, siempre da señales; solo hay que saber leerlas.