Un horno industrial cambió todo en el taller de panadería del CEMI
El taller de panadería del CEMI estrenó un horno industrial que cambia por completo la producción de los jóvenes. Lo compraron entre muchos, pero el precio final no fue el que esperaban: así se gestó la movida solidaria que lo hizo posible.
El taller de panadería del Centro Educativo Municipal de Integración (CEMI) de Paraná dio un salto de calidad con la incorporación de un horno industrial rotativo de seis bandejas, un equipamiento que permitirá ampliar la producción de los jóvenes que participan del espacio.
La compra fue posible gracias al trabajo conjunto de la Asociación de Padres y Familiares de los asistentes a los programas de la Dirección de Integración al Discapacitado (Apafadid), las familias, los propios jóvenes y vecinos que colaboraron con distintas acciones solidarias.
Un objetivo que llevó tiempo
La adquisición del horno era una meta que Apafadid perseguía desde hacía tiempo. Para concretarla se sumaron recursos de un bingo solidario organizado junto al voluntariado del hospital San Roque, ahorros de la institución y fondos que los mismos jóvenes generan con las actividades de los talleres.
“Realmente es una alegría”, expresó Héctor Moretti, integrante de la asociación. Explicó que buscaban un equipo de mayor capacidad para reemplazar los que venían usando.
El nuevo horno demandó una inversión de 5 millones de pesos y tiene capacidad para seis bandejas de 45 por 70 centímetros. Al ser rotativo, permite una cocción más pareja y trabajar con más productos en cada horneada.
La búsqueda incluyó consultas de precios en Santa Fe, Rosario, Cerrito y María Grande. Fue clave la colaboración del fabricante Cristian Ulrich, de calle Newbery, que al conocer el destino del equipo aplicó una reducción en el precio. “Gracias a que nos hicieron un precio especial pudimos comprarlo”, destacó Moretti.
El primer día de trabajo
La instalación y prueba se realizó el jueves de la semana pasada. Tras algunos días sin actividad, esta semana los jóvenes pudieron estrenarlo. Las primeras elaboraciones fueron bollitos con dulce y bollos salados.
“Había que verle las caras a los chicos cuando se estaba instalando. Fue una gran alegría y una satisfacción enorme”, contó Moretti.
En el taller participan entre 10 y 12 jóvenes, acompañados por el profesor Alberto, que también colaboró en la búsqueda de alternativas y precios.
La producción no es solo formativa: los jóvenes elaboran productos y los ofrecen por grupos de WhatsApp, y en ocasiones salen a venderlos a oficinas públicas. “Gracias a Dios, se vienen con las canastas vacías”, relató Moretti. Lo recaudado se destina a las necesidades del taller y, al finalizar el año, los jóvenes reciben un pequeño aporte según lo producido.
Aprender, producir y ganar autonomía
El taller de panadería integra un conjunto de espacios que funcionan por la mañana, como sublimación, dulces y conservas, y huerta, además de un espacio terapéutico con actividades manuales y motrices que se desarrolla a la mañana y a la tarde.
La llegada del horno amplía las posibilidades de aprendizaje y producción y fortalece un proceso que busca que los jóvenes desarrollen actividades según sus posibilidades, adquieran conocimientos y participen en la generación de sus propios recursos.
“Lo único que queremos es que ellos puedan avanzar y demostrar que también pueden realizar sus actividades”, sostuvo Moretti.
Acompañamiento clave
Apafadid acompaña desde hace años los proyectos del CEMI. Los próximos desafíos incluyen el avance de la obra, la construcción de nuevos módulos y la concreción de un hogar de día, considerado necesario ante la presencia de personas mayores que concurren al espacio.
Mientras tanto, el nuevo horno ya está en marcha. Detrás de cada elaboración hay una historia que excede a la panadería: la de un objetivo que se concretó porque distintas voluntades se encontraron en un mismo propósito.
Quienes quieran colaborar pueden hacerlo a través del alias parque.cabeza.fideo, cuyos fondos se destinan a cubrir las necesidades de los jóvenes.