Un informe nacional revela un dato clave sobre los jóvenes santiagueños: ¿Cuál es el secreto detrás de la cifra?
Un informe nacional ubica a los estudiantes santiagueños por debajo del promedio en consumo de alcohol y marihuana. ¿Cómo logró la provincia estos resultados que contrastan con el resto del país? La explicación oficial revela una estrategia que lleva décadas en marcha.
Un estudio federal sobre consumo de sustancias en estudiantes secundarios ubicó a Santiago del Estero por debajo del promedio nacional, un resultado que la directora de DIGAIA, Claudia Tarchini, atribuye a décadas de trabajo preventivo sostenido. Los números muestran una realidad diferenciada que llama la atención a nivel país y que tiene una explicación en políticas públicas de largo aliento.
El Observatorio Argentino de Drogas presentó un informe que incluyó a más de 2.1 millones de estudiantes de todo el país. De ese total, unos 45.000 fueron alumnos de escuelas santiagueñas, proporcionando una muestra significativa para analizar la situación provincial. Los resultados posicionaron a Santiago del Estero entre las jurisdicciones con menores niveles de consumo en varios indicadores clave.
¿Qué dicen los números en Santiago del Estero?
Los datos son elocuentes. En el consumo de alcohol, la provincia registra un 56%, una cifra considerablemente menor al promedio nacional que se ubica en el 66.4%. La diferencia también se observa en el consumo de marihuana, donde la media del país es del 12%, frente a un 10% en territorio santiagueño.
La comparación se extiende a otras prácticas, como las apuestas, donde Santiago del Estero también se mantiene por debajo de los promedios nacionales. Estos indicadores, según las autoridades, no son producto de la casualidad.
La clave: políticas sostenidas por décadas
Claudia Tarchini, directora de la Dirección General de Abordaje Integral de las Adicciones (DIGAIA), fue contundente al analizar los resultados. “Esto no es magia. Es el resultado de mucho trabajo sostenido, de políticas públicas coherentes y del compromiso de quienes diseñan, ejecutan y acompañan estas acciones en el territorio”, expresó en diálogo con Radio Panorama.
La funcionaria destacó que el trabajo preventivo se ha desarrollado durante décadas dentro del sistema educativo. Mencionó programas emblemáticos como “Busca Adelante”, una iniciativa que este año cumple tres décadas de aplicación continua, empezando desde el nivel inicial. Este programa es solo una pieza dentro de una estrategia integral.
Una provincia que marca la diferencia
Tarchini remarcó un hecho distintivo: Santiago del Estero es la única provincia del país que realiza cuatro jornadas institucionales al año dedicadas exclusivamente a la prevención de adicciones. Estas jornadas se implementan tanto en escuelas de gestión pública como privada, con material pedagógico desarrollado por equipos técnicos locales.
“Son generaciones de docentes y de alumnos que hemos acompañado. Hay una decisión política de sostener estas acciones y de incluir la prevención dentro de la currícula educativa”, explicó la titular de DIGAIA. Este enfoque curricular es considerado un pilar fundamental para los resultados obtenidos.
El desafío pendiente y el rol de la comunidad
A pesar de los números alentadores, Tarchini advirtió sobre los desafíos persistentes. Señaló que el consumo de alcohol sigue siendo uno de los más complejos de abordar, dada su alta aceptación social y disponibilidad. Las estrategias, por lo tanto, se enfocan en fortalecer la información y el pensamiento crítico de los adolescentes.
La prevención, según su visión, es una tarea colectiva. “La prevención es una construcción entre todos. Necesitamos acompañar a los jóvenes, escucharlos y generar espacios de diálogo”, afirmó. Subrayó la necesidad de un compromiso que involucre al Estado, las escuelas, las familias y a la comunidad en su conjunto para sostener y mejorar estos logros.
El informe del Observatorio Argentino de Drogas no solo ofrece una fotografía estadística, sino que pone sobre la mesa un modelo de trabajo que, según las autoridades locales, demuestra que la constancia en las políticas públicas puede generar impactos positivos y medibles en la salud de las nuevas generaciones.