Un ingeniero desarmó la palabra "antisísmico": ¿qué tendríamos que decir?

¿Por qué hablar de obras "anti-algo" nos da una falsa sensación de seguridad?

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Un ingeniero desarmó la palabra "antisísmico": ¿qué tendríamos que decir?
Un ingeniero desarmó la palabra "antisísmico": ¿qué tendríamos que decir?

El ingeniero civil Marcelo Helou (MP 876-CI) advirtió que términos como "antisísmico" o "anti-inundación" generan una percepción errónea de protección absoluta. En una nota de opinión difundida por el Colegio de Ingenieros de Jujuy, el especialista sostuvo que el lenguaje condiciona la forma en que la sociedad concibe su relación con los fenómenos naturales y planteó la necesidad de revisar el vocabulario usado en la prevención de riesgos.

Para Helou, hablar de una obra "anti-algo" supone una concepción equivocada: la idea de que la ingeniería puede enfrentar a la naturaleza y derrotarla. Algo que, además de ser técnicamente inviable, sería antinatural. "Las lluvias no ocurren para inundar una ciudad ni la tierra tiembla para derribar una construcción", explicó.

El profesional remarcó que los fenómenos naturales responden a leyes físicas que no dependen de la voluntad humana. Por eso, consideró más apropiado referirse a obras de prevención y reducción del riesgo, diseñadas a partir del conocimiento de los fenómenos y sus posibles consecuencias sobre la sociedad.

El prefijo "anti" no implica seguridad

Helou señaló que no existen edificios antisísmicos en un sentido absoluto. Dijo que esa expresión brinda una "cuestionable sensación de seguridad" y que lo correcto es hablar de estructuras sismorresistentes, capaces de comportarse de determinada manera ante movimientos del terreno considerados en las normas de diseño.

El objetivo de la ingeniería estructural, explicó, es lograr que la estructura tenga un comportamiento acorde a los niveles de seguridad establecidos, estudiando mecanismos de falla y reduciendo la probabilidad de colapso y de pérdidas humanas. "Implica el entendimiento de que en el diseño estructural se juega el patrimonio y la seguridad de las personas", afirmó.

En ese marco, advirtió que la mejor normativa pierde eficacia cuando una construcción se ejecuta sin proyecto, se modifican elementos estructurales sin intervención profesional o se utilizan materiales inadecuados. "En ese punto aparece una cuestión fundamental: la vulnerabilidad", subrayó.

Fenómeno natural no es sinónimo de desastre

El ingeniero diferenció dos términos que suelen usarse como sinónimos: un fenómeno natural (como una inundación o un sismo) no es en sí mismo un desastre. El desastre aparece cuando ese fenómeno entra en contacto con una sociedad expuesta y vulnerable, que supera su preparación y capacidad de respuesta.

Como ejemplo, mencionó el crecimiento del Río Grande en Jujuy: la gente se detiene en los puentes para contemplar la crecida, un espectáculo impactante. Pero la misma crecida, atravesando un barrio construido sobre una zona inundable, puede provocar pérdidas de viviendas, infraestructura y vidas humanas. "El fenómeno es exactamente el mismo. Lo que cambia es nuestra relación con él", explicó.

Helou sostuvo que la verdadera discusión no debería ser solo si una obra resiste o protege, sino qué riesgo estamos dispuestos a aceptar, dónde y cómo construimos, y qué consecuencias asumimos ante un evento extremo. "La conciencia ciudadana sobre los fenómenos es determinante", enfatizó.

En ese sentido, puso como ejemplo a Mendoza y San Juan, provincias con una cultura sísmica instalada, donde cada miembro de la comunidad sabe cómo actuar ante un evento. "La prevención comienza mucho antes de colocar hormigón, acero o cualquier otro material", afirmó.

Comprender es sinónimo de prevenir

El profesional llamó a revisar las palabras con las que se habla de prevención. "No existen obras capaces de vencer a la naturaleza ni construcciones absolutamente anti-fenómeno", sentenció. Lo que existe, dijo, es conocimiento, planificación, ingeniería, mantenimiento y controles capaces de reducir el riesgo.

Helou asignó responsabilidades: la ciencia permite entender cómo funciona la naturaleza; la ingeniería transforma ese conocimiento en soluciones; el Estado debe planificar y controlar; los profesionales deben asumir su responsabilidad técnica; y la sociedad debe comprender que sus decisiones (dónde construye, cómo construye y cómo mantiene lo construido) también determinan el nivel de riesgo.

"Un fenómeno natural es un desastre solo cuando encuentra una sociedad vulnerable", insistió. Y concluyó: "Los ingenieros nunca luchamos contra la naturaleza. Buscamos comprender sus reglas, respetar sus límites y construir dentro de ellos una sociedad más segura. La naturaleza seguirá haciendo lo que siempre hizo. La verdadera cuestión es qué tan preparada estará nuestra sociedad cuando ocurra un fenómeno natural".

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