Un joven peruano le enseñó un queso único y hoy produce 3000 kilos por día
Un contratista rural estaba por quedarse sin trabajo cuando un joven peruano le enseñó a hacer un queso que casi nadie producía en el país. Años después, su fábrica no para de crecer y ya negocia con el exterior.
Javier Semino trabajó durante años como contratista rural en Exaltación de la Cruz, donde hacía fardos y rollos de pasto para tambos y criaderos de caballos. Cuando esos establecimientos empezaron a cerrar, las vacas que quedaron en manos de su familia le abrieron la puerta a un negocio que, dos décadas después, procesa 30.000 litros de leche por día. "Nos quedaron unas vacas y de ahí arrancamos con el tambo", contó a TN.
En ese tambo empezó a fabricar quesos, pero el verdadero salto llegó en 2016, cuando dos encuentros casuales con inmigrantes latinoamericanos lo llevaron a descubrir un producto que casi no se conseguía en el país: el queso llanero, la variedad que los venezolanos usan para arepas y tequeños. "Había mucha inmigración de venezolanos y tuvimos ese nicho que no tenía nadie; en ese momento éramos de los pocos que lo hacíamos", recordó.
Hoy, junto a sus hijas Sol y Milagros, está al frente de Milagros del Sol, una empresa que produce más de 3000 kilos de queso llanero y 10.000 kilos de dulce de leche por día.
El queso que cambió el negocio
Desde que arrancó con el tambo, Semino tuvo claro que no quería limitarse a vender leche. Prefería agregarle valor con mozzarella, sardo y masa para mozzarella. Pero en 2016 un inmigrante peruano se acercó a comprarle materia prima y, sin proponérselo, le abrió una oportunidad inesperada.
"Le dije 'Yo leche no te vendo. Te vendo queso; vení a hacerlo acá y yo te cobro por kilo'. Me enseñó a hacer queso y, como a los dos meses, pasó un venezolano buscando un queso específico", relató a TN.
La variedad que había aprendido a elaborar tenía alto contenido de sal y no se derretía fácil al freírla, una característica muy valorada en la gastronomía peruana y boliviana. Pero también era justo el producto que buscaba aquel venezolano. "Le dije 'Probá este que tengo acá', y me dijo '¡Esto es lo que andaba buscando!'. Ahí arrancamos con el queso llanero, que tuvo mucho éxito", recordó.
La llegada de inmigrantes venezolanos impulsó la demanda de un producto que hasta entonces era casi imposible de conseguir en la Argentina y dependía totalmente de la importación. Con los años, Semino vio aparecer nuevos fabricantes y cómo el consumo de tequeños se fue extendiendo entre los argentinos.
Una fábrica y una marca familiar
Después de varios años elaborando queso llanero, Semino recibió una propuesta para alquilar una planta de una cooperativa que atravesaba dificultades. En ese establecimiento, donde antes había funcionado La Salamandra, empezó hace cuatro años a producir dulce de leche, algo que nunca había hecho.
Como el alquiler no incluía la marca anterior, tuvo que desarrollar una propia. Así nació Milagros del Sol, por sus dos hijas, que se sumaron al emprendimiento cuando tenían 23 y 25 años.
"Fuimos a muchas ferias, dimos a probar el producto y la gente quedó muy conforme", recordó. Los comienzos también incluyeron repartos personales. "Cargaba los potes de medio kilo de dulce de leche en un auto, llenaba un pallet y salía a repartir", contó.
Actualmente, una de sus hijas trabaja con él en la producción y la otra, contadora, se ocupa de la administración y participa en las ferias. "Yo me levanto a las 3 de la mañana, mi hija a las 4 y llegamos a las 5 a la fábrica hasta las 14 o 15, según la producción", explicó.
Del dulce de leche de pistacho a la exportación
La diversificación permitió equilibrar el negocio entre quesos y dulce de leche. Además del llanero, Milagros del Sol elabora mozzarella, tybo, cremoso, burrata y otras variedades. También desarrolló dulces saborizados de café, naranja, frutos rojos, coco, chocolate y pistacho, entre otros, que comercializa sobre todo en zonas turísticas como Caminito, San Telmo y la calle Florida.
La firma también produce dulce de leche para fábricas de alfajores y helados, y trabaja para otras marcas. Con el crecimiento, Semino dejó la actividad tambera y comenzó a comprar leche a terceros. "Es más fácil y no requiere tanto sacrificio", explicó.
Por la cercanía de Exaltación de la Cruz con Luján, la empresa tiene previsto lanzar una edición limitada de dulce de leche para conmemorar la visita del papa León XIV. El producto tendrá una etiqueta especial con las imágenes del pontífice, la Basílica de Luján y la Virgen.
Ahora busca dar otro salto con las exportaciones. "Estamos terminando los trámites en SENASA para enviar quesos y dulce de leche a Brasil, Estados Unidos y países árabes", contó. Desde Brasil, aseguró, ya le pidieron 20.000 kilos semanales de queso.
La posibilidad de vender al exterior representa una nueva etapa para aquel contratista rural que arrancó con unas pocas vacas y encontró, gracias a dos encuentros inesperados, un mercado que terminó transformando su negocio.